Los venezolanos padecen en una rebelión a cámara lenta
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Los venezolanos padecen en una rebelión a cámara lenta

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Los venezolanos padecen en una rebelión a cámara lenta

Guaidó y Maduro están atrincherados. Mientras más tarde ese impasse, peores serán las condiciones para los ciudadanos.

Bloomberg / Daniel Cancel
04/04/2019
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En situaciones de enfrentamiento, los venezolanos usan el dicho “El que se cansa pierde”.

Venezuela dio un fatal giro el fin de semana del 23 de febrero, cuando el presidente Nicolás Maduro envió al ejército a enfrentar a los partidarios del líder opositor Juan Guaidó en las fronteras de Colombia y Brasil. En el caos, camiones llenos de alimentos y medicamentos esenciales fueron destruidos y aproximadamente 280 personas resultaron lesionadas, más de 60 con heridas de bala. Guaidó pudo culpar a la violencia de un régimen opresivo, mientras que Maduro definió el esfuerzo de ayuda como un intento de invasión respaldado por Estados Unidos.

Y así la parálisis política continuó en su segundo mes. Guaidó, líder de la Asamblea Nacional de Venezuela, dio esperanza a algunos cuando se declaró presidente interino legítimo el 23 de enero.

Sin embargo, los 30 millones de ciudadanos del país aún batallan por encontrar alimento y tratar enfermedades curables.

Venezuela está entrando en su sexto año consecutivo de recesión económica, con una hiperinflación de 360 mil por ciento anual. El salario mínimo mensual es apenas suficiente para comprar una comida en McDonald’s o tres litros de Pepsi.

Dada la insuficiente claridad en las cuentas del régimen de Maduro, es imposible saber cuánto dinero le queda. Las reservas del banco central se sitúan en 8 mil 300 millones de dólares, gran parte en lingotes de oro, pero Estados Unidos amenaza con sancionar a cualquiera que comercie metales preciosos con Venezuela. Washington ya ha prohibido la compra de crudo venezolano y sus exportaciones de productos refinados en un intento por ahogar financieramente a Maduro, lo que a su vez presionaría a sus partidarios y a la milicia para pasarse al lado de Guaidó.

Pero los efectos de las sanciones pueden no ser tangibles durante meses.

Aunque Guaidó ha obtenido el apoyo diplomático de más de cincuenta países, incluida la mayoría de los vecinos regionales de Venezuela, Maduro todavía tiene a miles de generales y combatientes armados progubernamentales que prometen defender el régimen. Rusia y China, sus aliados más poderosos, llevan años sin otorgarle préstamos significativos, al menos públicamente, y otros gobiernos amigos, como Turquía, parecen incapaces de apuntalar el régimen.

En ese sentido, el tiempo no está del lado de Maduro. Con la ayuda de las sanciones estadounidenses, el joven líder de la oposición logró arrebatarle a Petróleos de Venezuela SA el control de la refinería estadounidense Citgo, desviando una fuente crucial de ingresos.

Después del fracaso de su misión de ayuda, Guaidó dijo vía Twitter que está dispuesto a considerar todas las opciones, que presumiblemente incluyen la intervención militar. Algunos venezolanos ya comienzan a preguntar cuándo intervendrá la marina estadounidense. Después de veinte años de chavismo, muchos creen que la única forma de deponer a Maduro y sus facilitadores es por la fuerza.

Hasta el momento, Trump no ha descartado un despliegue militar, pero cualquier acción de Estados Unidos revestirá un gran desafío. “Estados Unidos tiene dos alternativas: redoblar o retroceder”, escribió Francisco Rodríguez, economista jefe de Torino Capital, en un informe. “Si la estrategia actual no consigue generar un cambio de régimen, entonces la oposición podría terminar en el peor de los dos mundos: con sus seguidores desmovilizados y desilusionados, y con sus líderes potencialmente culpados de haber provocado sanciones económicas paralizantes”.

Antes de que el Grupo de Lima, una organización de gobiernos latinoamericanos formada en 2017 específicamente para responder a la crisis de Venezuela, se reuniera el 25 de febrero en Bogotá, muchos de sus miembros ya habían dejado claro que descartaban el uso de la fuerza para remover a Maduro.

El vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, también asistió al encuentro, prometiendo sanciones más fuertes y más ayuda.

Estados Unidos y sus aliados podrían adoptar otras medidas, incluida la incautación de más activos venezolanos. Pero el gobierno de Maduro también tiene cartas bajo la manga que pueden agravar la crisis. Maduro podría arrestar a Guaidó, quien violó una prohibición de viajar al cruzar la frontera hacia Colombia. Maduro también podría intentar sortear la sanción petrolera y conseguir nuevos fondos, ya sea por medios legales o mediante actividades ilícitas como el tráfico de cocaína y la extracción ilegal de metales, o incluso el comercio de armas.

Los llamamientos de la Unión Europea para buscar una solución negociada se han quedado en papel mojado. Greg Weeks, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, dice que la oposición podría pedir la renuncia de Maduro como condición previa para cualquier diálogo. Incluso si el presidente estuviera de acuerdo, las elecciones tardarían meses en organizarse. De acuerdo con una encuesta realizada por Datanalisis, la popularidad de Maduro ha caído a alrededor del 14 por ciento, en comparación con el 61 por ciento de Guaidó. Para Maduro, al menos públicamente, la parálisis política es un juego de todo o nada. Dijo que defenderá la revolución chavista con su vida si fuera necesario.

“No hay razón para pensar que Maduro está a punto de caer. Uno puede renguear con un gobierno muy corrupto y ávido de dinero”, dice Weeks. La oposición de Guaidó está unificada por ahora, pero si sus partidarios comienzan a dudar de su capacidad de romper este punto muerto, ese bloque podría fragmentarse. “Está en un periodo de luna de miel, y no durará para siempre”, indica Weeks.