La lucha por ‘el oído’ de López Obrador
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La lucha por ‘el oído’ de López Obrador

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La lucha por ‘el oído’ de López Obrador

Convencer directamente al presidente de realizar cambios en sus posturas de política económica será una batalla clave que durará todo el sexenio.

Bloomberg Por Enrique Quintana
03/10/2019
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Bloomberg Businessweek

Hay una versión popular que dice que el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, tiene perfectamente claras sus preferencias políticas, sociales y económicas, y que sus colaboradores deben limitarse únicamente a ser operadores de los deseos e inclinaciones de un mandatario que no cambia sus visiones e ideas.

De acuerdo con quienes conocen a López Obrador desde hace mucho tiempo, se trata de una verdad a medias. Es cierto que en algunos casos tiene ideas bien definidas y que difícilmente van a cambiar ahora. Pero quizás se trate de la menor proporción de los temas que tienen que ver con las políticas públicas y, en particular, con la política económica del país.

Hay otros ámbitos en los que el presidente de la República puede ser completamente pragmático y escuchar argumentos de quienes incluso parecían muy distantes de él.

Con un personaje así en la presidencia, se puede anticipar que habrá una lucha permanente por tener el ‘oído’ del presidente. Es decir, por la posibilidad de conseguir que el mandatario escuche y tome en cuenta los puntos de vista de quienes tiene acceso hasta él.

Un ejemplo claro de esta contienda, que puede definir el curso de las políticas del actual gobierno, es el asunto de los ductos que diversas empresas privadas construyeron bajo contratos con la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

Manuel Bartlett, director de la CFE, denunció desde febrero lo que él consideraba que dichos contratos, suscritos en la administración anterior, implicaban condiciones desventajosas para la empresa productiva del Estado.

Sin embargo, el propio López Obrador, pese a respaldar los dichos de Barttlet, señaló en una de sus conferencias matutinas que no entraría en conflicto legal con las empresas constructoras de los ductos, “porque tenían buenos abogados” y le ganarían el pleito al gobierno.

Durante el primer semestre del año, hubo diversas aproximaciones de las empresas con CFE, pero no se llegó a algo.

En junio, la CFE presentó una demanda de arbitraje internacional en siete contratos, para buscar modificar los términos acordados con cuatro empresas.

Hay versiones internas de que esta decisión de Bartlett se tomó sin el conocimiento del presidente.

Lo dudo. Creo que el director de la CFE no pudo lanzarse a un conflicto de esta dimensión sin tener el respaldo de AMLO.

Sin embargo, sí es perfectamente creíble que el gabinete no estuviera en conocimiento de esa decisión.

Desde que detonó el conflicto, dos personajes del mundo empresarial, Carlos Salazar, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, y Antonio del Valle, presidente del Consejo Mexicano de Negocios, empezaron a operar para tratar de que cosas se llevaran a la senda de la negociación y no del litigio internacional.

Empresarios vinculados al caso me dijeron que el asunto, de convertirse en un pleito de muchos meses, podía tener efectos más críticos que los que propició la cancelación del Aeropuerto en Texcoco, pues implicaba el repudio a los contratos suscritos por el gobierno mexicano.

Se establecieron por ello mesas de negociación, pero no fue fácil llegar a acuerdos.

Fue hasta agosto cuando hubo negociaciones directas entre Manuel Bartlett y Carlos Slim, en las cuáles se diseñó un esquema para el caso de Grupo Carso, que luego se extendió a las otras empresas involucradas: la estadounidense Ienova, la canadiense TSEnergy y la mexicana Fermaca.

CFE y las empresas privadas desistieron de las demandas de arbitraje internacional y suscribieron acuerdos que dejaron a todos satisfechos.

Quienes participaron cercanamente en este proceso me comentaron que el tema fue convencer a Bartlett y, con ello, a López Obrador.

Pero claramente el director de la CFE tuvo que abandonar una posición rígida a partir de la petición del presidente, quien detectó que los impactos de no llegar a un acuerdo podrían ser muy graves.

Fue gracias a la intervención de los representantes empresariales y de algunos integrantes del equipo de gobierno que se logró hacer cambiar de opinión a AMLO.

Esa capacidad de persuasión también fue ejercida por los integrantes de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), quienes obtuvieron una legislación que les dio nuevamente enormes ventajas, mismas que les habían sido retiradas con la reforma educativa procesada en los tiempos de Peña Nieto.

Hace algunos meses, Morena impulsó una reforma constitucional que tuvo el respaldo de partidos opositores, pero que fue calificada por la CNTE como una nueva versión de la reforma de Peña.

López Obrador hizo eco de las demandas de la CNTE, un importante aliado político en diversas entidades del país y que condujo a través de presión pública a una modificación legislativa que les resultó totalmente conveniente al aprobarse las leyes secundarias.

Nuevamente, fue la persuasión directa sobre López Obrador lo que cambió las reglas en materia de educación.

No podría haber grupos más contrapuestos que la CNTE y los líderes empresariales. Pero ambos lograron convencer a AMLO de cambiar lo que su equipo o los legisladores de Morena habían establecido.

No es fácil identificar las líneas infranqueables de López Obrador. Pero, por ejemplo, la idea de un Estado que ejerza rectoría en el desarrollo es una de ellas. Otra es la disciplina de las finanzas públicas, que él considera fundamental. Otra más son los ingredientes que, a su juicio, representan el combate a la corrupción, como la centralización de las compras que realiza el gobierno federal.

Pero si quita usted unas cuantas visiones, en todo lo demás el presidente puede cambiar si hay personas de su confianza que le demuestran que, para sus propósitos políticos, se pueden realizar modificaciones convenientes en las políticas públicas.

Quienes están cerca de él lo saben y por esa razón, ‘disputan su oído’.

Lo más probable es que en los próximos años veamos contiendas cada vez más intensas entre diversos grupos que hoy forman la administración pública, así como actores sociales que han conseguido interlocución con el presidente.

No hay dos bandos sino diversos intereses y visiones que van a incidir, dependiendo de las circunstancias y los momentos.

Por ejemplo, el criterio del Canciller Marcelo Ebrard ha sido determinante para desactivar crisis que quizás hubieran llevado a problemas muy serios en el gobierno de López Obrador y que implicaron una revisión de las premisas iniciales de la política migratoria del país.

De acuerdo con versiones de empresarios extranjeros que han hablado con López Obrador, como lo hacen frecuentemente con dirigentes políticos de muy diversas latitudes, el presidente tiene una posibilidad de interlocución que encuentran entre las más notorias.

Va a ser determinante quiénes sean los que pueden acceder al presidente y qué capacidad de persuasión exista.

Pero se puede anticipar que a lo largo de los siguientes meses podremos ver cambios diversos en las políticas económicas que habrán de emprenderse.