La guerra ‘Donald Trump vs. Jay Powell’ se libra en nuevos frentes
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La guerra ‘Donald Trump vs. Jay Powell’ se libra en nuevos frentes

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La guerra ‘Donald Trump vs. Jay Powell’ se libra en nuevos frentes

Los tuits del presidente son apenas un acorde de una orquesta deliberada para cooptar la Fed.

Bloomberg por Christopher Condon
12/08/2019
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El estoicismo, la filosofía clásica de la resiliencia, la lógica y la virtud emocional, ha sido durante mucho tiempo una guía práctica para cualquiera que trate con un jefe orate. Séneca el Joven, el estadista romano del siglo I, la encontró útil para lidiar con el volátil emperador Nerón. El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Jerome Powell, también parece aplicarla. Tiene un mantra, una frase que usa a menudo en privado y ocasionalmente en público, que suena extraída de un manual estoico para una vida feliz: “Controla lo controlable”.

Durante un año, Powell ha sido el destinatario de abusos por parte del presidente Donald Trump, quien ha tachado a la Fed de “loca” y “la mayor amenaza” para la economía del país. Palabras del mismo hombre que lo puso en el puesto. Powell disfrutó de cinco meses al timón del banco central tras reemplazar a Janet Yellen en febrero de 2018. Pero a medida que él y sus colegas aumentaron los costos de los préstamos, la ira del presidente escaló. Trump lanzó su primer ataque en julio de 2018 y la embestida empeoró cuando la Fed siguió con cuatro alzas en las tasas a lo largo del año, la última en diciembre. Eso, junto con una tensa economía global, causó una caída temporal en los mercados financieros, inflamando más al presidente.

Fue entonces que Trump comenzó a indagar sobre su potestad para destituir al jefe de la Fed en discusiones reportadas por Bloomberg News el 21 de diciembre. Cuando los asesores le informaron que no tenía la autoridad para despedir a Powell, en febrero el presidente pidió a los abogados de la Casa Blanca explorar la posibilidad de removerlo, una jugada cuestionable que podría llevar a una problemática batalla judicial. Así, Trump afirmó el 23 de junio que tiene el poder de degradar a Powell.

Antes, Trump había llenado tres vacantes de la Junta de Gobernadores de la Fed, compuesta por siete miembros, y elevó a Powell al cargo máximo, nombramientos que fueron bien recibidos. Sin embargo, claramente decepcionado con su desempeño, emprendió un esfuerzo concertado para llenar dos vacantes adicionales con personas que seguirían su línea en el tema de las tasas de interés. De acuerdo con dos personas enteradas, a los candidatos entrevistados este año para el puesto de gobernador se les pregunta si apoyarían un recorte de tasas si hoy fueran parte de la Junta.

Según una fuente interna, el esfuerzo de Trump por controlar a la Fed ha asustado al personal más que sus despotriques públicos. Como mínimo, significaría la politización de reuniones a puerta cerrada del banco central sobre política monetaria. Y en el peor de los casos, podría significar una amenaza más fundamental para la institución.

Judy Shelton, exasesora económica de Trump y candidata a ocupar una de las dos vacantes de la Fed, representa esos temores. De la misma manera que las elecciones de Trump para dirigir la Agencia de Protección Ambiental y la Agencia de Protección Financiera del Consumidor han tratado de socavar la labor de esas agencias, Shelton podría traer un nivel de ruptura iconoclasta rara en la Reserva Federal.

Mientras tanto, ni el fin del incremento de las tasas le ha dado un respiro a Powell. En enero decidió no endurecer la política monetaria. Luego, en marzo, la Fed suspendió sus planes para elevar las tasas en 2019 ante los riesgos de una desaceleración mundial, derivados por la guerra comercial de Trump. Fue entonces cuando el presidente emprendió una cruzada por los recortes de las tasas de interés. La economía despegaría “como un cohete” si solo Powell lo escuchara y comenzara a relajar la política monetaria, dijo Trump en julio.

Trump no es el primer presidente de EU en presionar al titular de la Fed. En 1965 Lyndon Johnson increpó a William McChesney Martin en un encontronazo durante el cual, según un relato, lo empujó mientras gritaba: “Los chicos mueren en Vietnam y a Bill Martin no le importa”. Otro director de la Fed, Paul Volcker, reveló que en 1984 Ronald Reagan le ordenó, a través de su jefe de personal James Baker, no aumentar las tasas. Sin embargo, desde Bill Clinton, los presidentes de EU han dejado en paz a la Reserva Federal. Trump, desesperado por mantener el rugido de la economía y el alza del mercado de valores, ha destruido esa tradición.

Irónicamente, las intromisiones de Trump solo han hecho que sea más difícil para la Reserva Federal darle lo que quiere, pues Powell y el resto del Comité Federal de Mercado Abierto, que fija las tasas, no quieren ser vistos como mandaderos de Trump. Ese es el razonamiento que el equipo económico del presidente Clinton usó en la década de 1990 para convencerlo de que presionar al entonces gobernador del banco central Alan Greenspan sería contraproducente. “Si es evidente que deben bajar las tasas, lo harán”, menciona David Wilcox, quien fue hasta el año pasado director de la división de investigación y estadísticas de la Reserva. Pero en esta atmósfera, agrega, “cuando la Fed relaje su política, la evidencia debería ser un poco más sólida”.

La semana pasada, parecía que Trump había conseguido su objetivo cuando la Fed decidió bajar, por primera vez desde la Gran Recesión, 25 puntos base su tasa de referencia. Sin embargo, Powell negó que el movimiento deba ser interpretado como el inicio de un ciclo prolongado de bajas en las tasas. Trump mostró de inmediato su molestia en Twitter. “Como siempre, Powell nos decepcionó”, escribió el mandatario.

Algunos se preguntan si Powell podría ceder ante la presión de la crítica diaria y tal vez renunciar. “Inconcebible”, dice David Rubenstein, cofundador de Carlyle Group, donde Powell fue socio desde 1997 hasta 2005. “No es una persona que simplemente le dé la espalda a las cosas, es muy resistente, y creo que tiene la personalidad adecuada para esto”.

Rubenstein no es el único que opina así, en entrevistas con Bloomberg Businessweek varios colegas dijeron estar seguros de que Powell continuaría haciendo caso omiso de los ataques de Trump.

De hecho, durante su comparecencia ante el Congreso le preguntaron si dejaría la Fed si Trump le pide su renuncia, Powell respondió que no.

El abogado de 66 años ha pasado más de dos décadas trabajando en Washington. También amasó una fortuna multimillonaria en el negocio del capital privado antes de trabajar para el gobierno en 1990, cuando su mentor Nicholas Brady fuera nombrado secretario del Tesoro. Tras otro periodo en el sector privado, Powell se unió a un laboratorio de expertos, el Bipartisan Policy Center, antes de que el presidente Barack Obama lo designara miembro de la Junta de Gobernadores de la Fed 2012.

Powell fue gobernador por seis años, y se ganó el respeto de sus colegas y de economistas del banco. En el camino, su templanza también ganó reputación. “En algunas personas está en su naturaleza ser directo y no alterarse”, dice G. William Hoagland, vicepresidente del Bipartisan Policy Center.

En 2011, Hoagland y Powell ayudaron a persuadir al Congreso de aumentar el techo de la deuda para evitar un impago que hubiera sido desastroso para los mercados financieros, el dólar y la economía.

Hoagland recuerda haber acompañado a Powell a ver a un legislador que afirmaba que un impago podría manejarse priorizando qué deudas se pagarían en tal escenario. “Jay lo escuchó, y luego de una manera tranquila le dijo que su posición sería una pesadilla. Nunca lo he visto molesto, ni siquiera cuando tiene una buena razón”, dice.

Eso no significa que Powell haya sido pasivo frente a su verdugo. Aunque evitó un choque directo con Trump, dejó en claro que la Fed no cederá a la presión política a la hora de fijar las tasas, algo que iría en contra de su manual estoico.

Powell también ha cultivado aliados en el Congreso, el verdadero jefe de la Fed. Cumplió su promesa de 2018 de “desgastar las alfombras del Congreso” en una relación cercana, con casi 150 reuniones o llamadas telefónicas con legisladores desde que asumió la presidencia del banco central. Sus peregrinaciones al órgano legislativo parecen estar dando frutos: varios republicanos lo apoyan.

Aunque las críticas de Trump al banco central generan nota, no hay indicios de que haya alterado la forma en que Powell y el resto de la Fed trazan la política monetaria. Se trata de una entidad sumamente enfocada cuyo reloj circadiano está ajustado al calendario de reuniones del Comité Federal de Mercado Abierto, ocho al año. Cada ciclo conlleva un proceso preparatorio para desarrollar propuestas de política monetaria que puedan defenderse. Las opiniones políticas son tabú. No valen las intuiciones ni corazonadas. “Si uno de ellos tiene una opinión sólida y no puede estructurarla, no logrará que nadie más se le una”, dice Nellie Liang, quien es exdirectora de la división de estabilidad financiera de la Reserva Federal.

El banco tiene una cultura que valora la capacidad profesional y genera lealtad. No es que la Reserva Federal nunca haya metido la pata: Ben Bernanke puede ser visto como el salvador del mundo, pero también fue ciego a la burbuja de las hipotecas de alto riesgo que emproblemó al mundo.

Después de más de siete años en la Reserva Federal, se cree que Powell es leal a esos ideales. La decisión de levantarse y renunciar constituiría una traición gigantesca. “Lo que causaría un daño profundo y duradero es si Powell renunciara y se nominara a una persona cuyas únicas credenciales fueran su partidismo político”, advierte Wilcox.

En 2016, con dos vacantes en la Junta de Gobernadores y el mandato de Janet Yellen por expirar, ese temor surgió cuando Trump ganó la Casa Blanca. Por un tiempo sus nominaciones fueron una grata sorpresa. A pesar de que prescindió de Yellen, ascendió a Powell y elegió a Richard Clarida como vicepresidente y a Randal Quarles como vicepresidente de supervisión bancaria.

Pero el perfil de las nominaciones de Trump ha cambiado ahora que Lawrence Kudlow, director del Consejo Económico Nacional, ha asumido el control total del proceso de selección de posibles candidatos. Kudlow, un analista de Wall Street convertido en personalidad de la televisión, fracasó con sus dos primeros fichajes este año. Uno de ellos fue su amigo Stephen Moore, integrante de instituciones conservadoras y defensor de la economía de la oferta. El otro era Herman Cain, un empresario que buscó la nominación presidencial del Partido Republicano en 2018. Ninguno tuvo empacho en abogar repentinamente por tasas más bajas bajo Trump. Sin embargo, su lealtad al presidente no pudo compensar una variedad de deficiencias personales y profesionales que presagiaron un proceso de confirmación senatorial difícil. Ambos se retiraron de la lista de candidatos para la Fed antes de ser nominados.

Las recientes elecciones de Kudlow son apuestas seguras. Christopher Waller, director de investigación de la Reserva Federal de St. Luis, tiene una postura expansiva o dovish sobre la política monetaria que está en línea con Trump. No obstante, su pertenencia a la Fed y su historial de trabajo que explica sus puntos de vista garantizan el respeto de sus colegas en el Comité de Mercado Abierto.

Judy Shelton, propuesta por Trump en un tuit el 2 de julio, es una figura por diferente y potencialmente preocupante para cualquiera que crea en las convenciones establecidas del banco central. Escritora e intelectual libertaria, ha estado adscrita a varios think tanks de libre mercado, incluida la Hoover Institution y la Atlas Network. Se unió a la campaña de Trump en agosto de 2016. Más tarde, el presidente la nombró directora para EU en el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo.

Shelton es un “halcón” de la inflación que en los últimos años ha defendido una vuelta al patrón oro. A falta de un patrón oro, mantener baja la inflación significa tasas de interés más altas. Pero desde que se supo que era considerada para un asiento en la Fed, sus puntos de vista sobre las tasas han cambiado. En mayo le dijo a Bloomberg News que no haría nada que amenazara la agenda procrecimiento del presidente. Y en junio declaró en el Washington Post que, como gobernadora de la Fed, procuraría bajar las tasas de interés “lo más rápido posible”.

Cuestionada sobre el cambio de opinión, Shelton refirió que sus comentarios sobre recortar las tasas estaban dirigidos “específicamente al mecanismo a través del cual la Fed lleva a cabo sus decisiones de fijación de tasas de interés”. En alusión a la práctica de la Fed de pagar intereses por las reservas bancarias. Shelton dice que esa política incentiva a los bancos a depositar su dinero en el banco central en lugar de canalizarlo a nuevos préstamos.

En su carrera, Shelton ha defendido el concepto de “dinero sólido”. En esa visión, el valor estable de la moneda es imperativo moral y debe fijarse a una unidad de medida, como el peso de un metal precioso. Esto sugiere que rechaza la noción misma de que un banco central deba modular la oferta de crédito en un esfuerzo por amortiguar los auges y las caídas que pueden causar estragos en la economía.

En ese sentido, Shelton se declara culpable e inocente. Ella admite que cuestiona las suposiciones sobre la conexión entre la política monetaria y el crecimiento económico. “Me gustaría tener la oportunidad de desafiar el statu quo en la Fed”, dijo en un correo. Y aunque niega que su objetivo sea frenar el papel de la Reserva Federal de controlar los altibajos de la economía, se pregunta si los bancos centrales han logrado este objetivo mediante el establecimiento de tasas de interés de referencia.

El exvicepresidente de la Fed Alan Blinder cree que el banco central puede lidiar con una apóstata en la Junta de Gobernadores sin mucho problema. “Es posible que un miembro muy excéntrico sea parte de la Junta, ¿y qué?” dice Blinder. “Ella estaría aislada intelectualmente”. Pero dado el desprecio de Trump hacia Powell, Shelton, de ser ratificada, representaría una posible presidenta en espera. Un funcionario de la administración le dijo a Bloomberg en julio que esa es una opción una vez que termine el mandato de Powell, o incluso antes.

Si Shelton llega al puesto más alto, podría trastocar la institución. “Me gustaría pensar que es un resultado impensable”, dice Blinder. “Nunca hemos tenido una rebelión abierta contra un presidente de la Fed. Y si eso ocurre, existe la posibilidad de que haya una rebelión abierta”.

Hay dos caminos hacia ese escenario todavía remoto. En uno, Trump gana la reelección y espera a que Powell concluya su mandato de cuatro años antes de nominar a Shelton, para ese entonces gobernadora, como el timón del banco central. En el segundo, Trump degrada a Powell una vez que Shelton es confirmada como gobernadora.

Previsiblemente, el demócrata Sherrod Brown miembro del Comité Bancario del Senado, criticó la candidatura de Shelton y dijo que es poco probable que obtenga apoyo de su bancada. “Ella está particularmente descalificada. Es demasiado política. Amenaza la independencia de la Reserva Federal”, dice. Los demócratas necesitarían al menos cuatro senadores republicanos de su lado para rechazarla.

El segundo escenario podría conducir a un territorio completamente desconocido. Si Trump degradara al actual jefe de la Fed, Powell podría impugnar la acción en los tribunales. La Ley de la Reserva Federal, que creó al banco central en 1913 y estableció las reglas que lo rigen, no protege explícitamente al presidente de una degradación, pero Powell podría presentar un caso sólido contra su destitución unilateral por parte del presidente Trump. “Hay un argumento allí, pero es rebuscado y no ha sido probado. Nadie sabe cómo terminaría eso si hay una impugnación judicial”, dice Deepak Gupta, socio del bufete Gupta Wessler PLLC especializado en apelaciones.

Las probabilidades de una crisis como esa parecen bajas por ahora. El Congreso seguramente estará en receso durante el verano sin celebrar audiencias sobre las nominaciones de Shelton y Waller, y un recorte a las tasas a fines de julio podría calmar a Trump, al menos temporalmente. Pero cuando llegue el otoño, la Reserva Federal podría enfrentar peligros que nunca imaginó. ¿Qué consejo podría darle Séneca a Powell? Esta frase del filósofo romano parece apropiada: “Cuando te pruebas teniendo la mente tranquila, eres capaz de robar a la desgracia su fuerza y su carga”.

Con la colaboración de Saleha Mohsin y Laura Litvan*