La economía de EU cumple 10 años de crecimiento… pero nadie celebra
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La economía de EU cumple 10 años de crecimiento… pero nadie celebra

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La economía de EU cumple 10 años de crecimiento… pero nadie celebra

bulletEsta década de crecimiento será recordada como una expansión larga, pero tibia.

Bloomberg / Peter Coy
03/07/2019
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Dejemos de lado las guerras comerciales, ignoremos la señal de una recesión inminente que se asoma desde el mercado de bonos. ¡Es hora de festejar!

Este mes marca el décimo aniversario de la expansión económica de EU que inició en junio de 2009. Si la racha sigue en julio, hará historia, superando el crecimiento 1991-2001 para ser el más largo desde 1854.

El logro es impresionante, pero el momento no se presta para celebrar. El riesgo de una desaceleración crece, amplificado por el aumento de las tensiones con China y ahora con México. El índice de gerentes de compras del sector manufacturero de EU de IHS Markit cayó en mayo a su nivel más bajo desde 2009. El 3 de junio, el rendimiento de los bonos del Tesoro a tres meses superó al de los bonos a diez años por el mayor margen desde 2007, indicador de que una recesión acecha. JPMorgan dice que la probabilidad de que una recesión comience en la segunda mitad de 2019 ha aumentado a un 40 por ciento desde un 25 por ciento a principios de mayo.

La falta el ánimo para celebrar también se debe a que la expansión no ha sido impresionante. Al igual que el Solitario George, la tortuga gigante en las Islas Galápagos que vivió más de cien años, es tan lenta que nunca se sobrecalienta. El país ha tenido ciclos de crecimiento con más garra. En los primeros 39 trimestres de la expansión récord de 1991-2001, el producto interno bruto aumentó 43 por ciento. En contraste, en los 39 trimestres hasta este marzo, el PIB de EU creció 22 por ciento.

Y la lenta expansión ha beneficiado al capital más que a la mano de obra: la participación de los salarios de los trabajadores en el ingreso nacional bajó de 68.9 por ciento al 66.4 por ciento.

De continuar este ritmo, la expansión tendría que durar seis años más para igualar el crecimiento agregado de 1991-2001, y nueve años más para replicar el crecimiento de 1961-69, cuando el PIB se expandió 54 por ciento, según cálculos de Nir Kaissar, fundador de la administradora de activos Unison Advisors. “Para mí es una recuperación a trompicones”, dice Michelle Meyer, directora de economía de Estados Unidos en Bank of America/Merrill Lynch.

El sello distintivo de esta expansión ha sido la tibieza. La Fed pronosticó que tendría que elevar las tasas para moderar un crecimiento rápido, luego aplazó el alza porque el crecimiento fue inferior a las expectativas y la inflación estaba por debajo de la meta del 2 por ciento. El banco central aumentó las tasas a fines de 2016, para un total de 2 puntos porcentuales en dos años. Pero detuvo su campaña de ajuste tras la reunión de diciembre, cuando la caída de las acciones, las tensiones comerciales y el cierre parcial del gobierno reavivaron posible una crisis. Al 5 de junio, el mercado de futuros de los fondos federales registró una probabilidad del 95 por ciento de que la Fed recortará las tasas antes de septiembre.

El crecimiento es tibio a pesar de la política fiscal de estímulo del Congreso y la Casa Blanca. El déficit del presupuesto federal se había reducido a poco más de 2 por ciento del PIB en 2015, pero desde entonces ha aumentado 4.5 por ciento, gracias al recorte de impuestos a fines de 2017 y al incremento del gasto.

El mejor indicador de la debilidad de esta expansión es el costo del dinero, medido por la tasa de interés real, que descuenta la inflación. El rendimiento de los títulos del Tesoro a diez años protegidos contra la inflación bajó del 4 por ciento registrado en el boom de 1999 a menos de cero en 2012 y 2013. Remontó a poco más del 1 por ciento a fines de 2018, pero retrocedió a 0.4 por ciento. Cuando el dinero es barato, indica débil demanda de crédito, exceso de ahorros o ambos. Para el economista de Harvard Lawrence Summers, la expansión tiene un “estancamiento secular”.

Es decir, una situación de demanda crónicamente débil, en la que un crecimiento satisfactorio solo se logra con estímulos fiscales y monetarios extremos. Un Congreso controlado por los republicanos rechazó las solicitudes de Obama de un estímulo fiscal continuo, pero a Trump sí se lo aprobaron. Sin embargo, los recortes de impuestos de 2017 favorecieron a los ricos y a las empresas. La National Association for Business Economics reveló en enero que entre sus miembros, el 84 por ciento dijo que sus empresas no aumentaron la inversión ni la contratación por los recortes impositivos.

Kevin Hassett, líder del Consejo de Asesores Económicos de Trump, dice que los recortes fiscales a las empresas incentivaron el gasto en instalaciones, maquinaria y software.

Eso impactará positivamente a la economía incluso si la tasa de crecimiento de las nuevas inversiones vuelve al nivel previo a los recortes fiscales, dice. Hassett atribuye a las políticas gubernamentales la elevada tasa del crecimiento del empleo. El logro de la actual expansión es la disminución del desempleo: la tasa de desocupación en mayo, de 3.6 por ciento, fue la más baja en medio siglo.

Los salarios suben. El índice semanal de confianza del consumidor de Bloomberg ha oscilado este año en torno a su nivel más alto desde 2000. Sin embargo, en cuanto a desempleo hay asegunes. Las personas que han dejado de buscar trabajo o que trabajan tiempo parcial no se contabilizan en la principal medición oficial de desempleo. “EU aún está muy lejos del pleno empleo”, advierte el economista del Dartmouth College David Blanchflower, autor de Not Working: Where Have All the Good Jobs Gone?

Esa reserva invisible de mano de obra es la que frena los salarios. Summers sostiene que a pesar de la actual baja tasa de desempleo, algunos trabajadores temen perder su trabajo si piden un aumento.

La tarea de fechar el comienzo y el final de una expansión económica recae en el Comité de Datación de Ciclos Económicos de la Oficina Nacional de Investigación Económica. A diferencia de otros países, en EU no hay una regla general para definir una recesión, como sería acumular dos descensos trimestrales consecutivos en el PIB. El comité toma en cuenta varios datos, incluidos los empleos y los ingresos. Juzga que una expansión comienza en el mes en que las cosas siguen mal, pero han dejado de empeorar. Del mismo modo, si las cosas van muy bien pero no tan bien, es posible que haya una recesión.

Las expansiones terminan cuando el banco central eleva excesivamente las tasas de interés en un esfuerzo por evitar la inflación causada por la fuerte demanda. Es poco frecuente que las expansiones se vean interrumpidas por una crisis financiera, como pasó en 2007-2009, cuando la exuberancia irracional llevó a un endeudamiento enorme y luego a una ola de impagos y liquidaciones. Debido al ritmo lento de esta expansión, no hay presión inflacionaria. Sin embargo, estos buenos tiempos no pueden durar para siempre.

Meyer de Merrill Lynch cree “que estamos en las últimas etapas del ciclo”. Ese parece ser el consenso entre los inversores en bonos, que han bajado el rendimiento de los bonos del Tesoro a diez años a solo 2.1 por ciento, el nivel más bajo en dos años. En 1931 el economista John Maynard Keynes escribió sobre el riesgo de un periodo prolongado de crecimiento mediocre tras una recesión: “una situación larga y persistente de semicrisis o al menos de prosperidad subnormal”. Por suerte, Keynes dijo que los responsables políticos tenían los medios para tratar tal condición, pero solo si decidían ejercer su poder. Blanchflower, que cita a Keynes en su libro Not Working, escribe: “Esa cita me da escalofríos cada vez que la leo”.