Guillermo Quirino: de pescador en el Lago de Pátzcuaro a medallista en Lima 2019
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Guillermo Quirino: de pescador en el Lago de Pátzcuaro a medallista en Lima 2019

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Guillermo Quirino: de pescador en el Lago de Pátzcuaro a medallista en Lima 2019

Este atleta pasó de la pesca en el Lago de Pátzcuaro a ganar el bronce panamericano, con el escaso apoyo que ha podido recibir.

Eduardo Bautista
22/08/2019
Guillermo Quirino, una de las grandes promesas del canotaje.
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Las noches en el Lago de Pátzcuaro son frías. Pescar allí requiere de una pericia especial, no solo hay que adaptarse a las condiciones del clima, también hay que saber leer el agua. Una habilidad que solo desarrollan los pobladores locales que encuentran en esta actividad una forma de subsistencia y una manera de entender el mundo.

Pescar significa desarrollar una gran virtud: la paciencia. Cuando Guillermo Quirino Medrano se trepaba en su chinchorro —una balsa de madera para cuatro personas— todos los días a las tres de la mañana, sabía que la espera sería larga. Para cualquier niño de nueve años esto sería un martirio. Pero como la necesidad no conoce de caprichos infantiles, Guillermo no tuvo opción, había que pescar.

Las madrugadas arriba de la balsa no siempre eran divertidas. Había que estar atento a todo. Justo antes del alba es cuando el pescado duerme y es más fácil de atrapar. Un movimiento en falso o una muestra de desesperación podían ser fatales. Y Guillermo no podía regresar a casa con las manos completamente vacías.

Ese joven pescador de Michoacán ya no pesca, ahora es el tercer mejor canoísta deportivo de América. En los pasados Juegos Panamericanos de Lima 2019 se colgó la medalla de bronce en la categoría C2 mil metros y, con ello, queda en posición clara de buscar su pase a Tokio 2020.

Quizás 17 kilómetros por hora no parezca una velocidad muy grande, pero recuerda que este hombre lo hace sobre el agua y en una canoa que pesa más de 20 kg y un remo que pesa otros 10. Nada para lo que Guillermo no estuviera preparado.

“Me aventaba entre cinco y siete horas pescando y luego le daba al remo, eso me sirvió bastante, más de lo que imaginé cuando comencé en este deporte”, dice al terminar uno de sus entrenamientos en la Ciudad de México.

A pesar de ser una de las grandes promesas del canotaje, su vida no es sencilla. Recibe apenas una beca de 2 mil pesos al mes de parte de la Conade y desde enero está adscrito a la Secretaría de Marina, donde recibe un apoyo extra.

El organismo que dirige Ana Guevara le prometió que, si regresaba de Lima en cuarto lugar, le daría una beca de 8 mil 500 pesos. Y como consiguió el tercer puesto, mantiene la esperanza de que el monto sea mayor. “¿Y es que qué hace uno con dos mil pesos?”, se pregunta a pocos días de enterarse que su desempeño en Panamericanos será recompensado por el gobierno federal, luego de que AMLO prometiera una beca mensual de 18 mil 900 pesos a los atletas que ganaron bronce.

Sin embargo, hasta ahora solo hay promesas. Y de promesas no se vive en un deporte como el canotaje de velocidad. Un bote ronda los 80 mil pesos y un remo, 10 mil.

Él es uno de los 295 habitantes que tiene la Isla de Urandén, en el municipio michoacano de Pátzcuaro, donde el grado de marginación es alto, según el Inegi. La mayoría de las familias depende de la pesca y del turismo, principalmente en noviembre, durante las festividades del Día de Muertos, cuando el lago y el panteón de Janitzio se convierten en centros de atracción para turistas nacionales y extranjeros.

Por eso, el bronce panamericano le supo a oro a este atleta de la vida.