Esta isla paradisiaca sacrificó su economía para acabar con el coronavirus
menu-trigger
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Esta isla paradisiaca sacrificó su economía para acabar con el coronavirus

COMPARTIR

···
menu-trigger

Esta isla paradisiaca sacrificó su economía para acabar con el coronavirus

bulletEl PIB de las Islas Cook depende casi en su totalidad del turismo. A pesar del peso económico que representa, el Gobierno decidió cortar las llegadas desde otros países (excepto de Nueva Zelanda) para no dejar entrar el COVID-19.

bulletEsta nación de 15 islas aplicó estímulos para pagar salarios en empresas, dar apoyos a grupos desfavorecidos y brindar electricidad gratis, lo que logró paliar consecuencias a corto plazo. Sin embargo, aún faltan los efectos a largo plazo.

Bloomberg / Emmanuel Samoglou
26/05/2020
Vista aérea de Rarontonga, una de las 15 Islas Cook
Al registrarte estás aceptando el aviso de privacidad y protección de datos. Puedes desuscribirte en cualquier momento.

El 2020 tuvo un comienzo prometedor para Pa Napa, gerente de Kiikii Inn & Suites, lugar de alojamiento ubicado en Rarotonga, la más grande de las 15 Islas Cook, que conforman una nación en el Pacífico Sur.

Las reservas para los primeros tres meses de 2020 fueron sólidas para el negocio familiar, a pesar de ser temporada baja. A pocos metros de las orillas de la laguna turquesa de la isla, los jardines de Kiikii están plantados con fragantes flores tropicales, plátanos y plantas de maracuyá. Los huéspedes que se relajan en la piscina disfrutan de impresionantes vistas de los exuberantes picos de las montañas de color verde esmeralda en el interior de la isla.

Sin embargo, en unos pocos días calurosos y húmedos a mediados de marzo, las 16 habitaciones de Pa Napa estaban vacías y se borró todo su calendario de reserva anticipada.

La pandemia de COVID-19 se estaba extendiendo rápidamente, y en el transcurso de un fin de semana se cancelarían docenas de vuelos destinados a Rarotonga, se prohibirían los cruceros y se impondrían restricciones fronterizas que hacen prácticamente imposible la entrada a todos, excepto a los residentes de Nueva Zelanda, que tiene estrechos vínculos con las Islas Cook.

"La gente no es dinero", dijo el primer ministro de Islas Cook, Henry Puna, a principios de ese mes, haciendo un voto para proteger a los residentes del virus, mientras aceptaba el costo de ese compromiso: la destrucción de una economía que depende del turismo, valuada en alrededor de 300 millones de dólares.

"Pensé lo mismo que todos los demás: ¿qué vamos a hacer?", dice Napa, de 59 años, recordando el momento en que descubrió que no llegarían más huéspedes al motel. "Me estaba preparando para la temporada alta".

La nación de 17 mil 500 personas aún no ha registrado un solo caso de COVID-19. Pero una racha de varios años de crecimiento económico se ha detenido abruptamente.

ANZ Bank advierte que el país no verá a un solo turista por lo menos durante los tres meses hasta junio, lo que causará una caída del 60 por ciento en el Producto Interno Bruto (PIB). Cualquier regreso a la normalidad será lento. "2020 será un año muy difícil para las Islas Cook dado el cierre del turismo mundial debido al COVID-19", comenta Kishti Sen, economista del banco.

El turismo aporta más de dos tercios del PIB nominal de las Islas Cook. El número de llegadas internacionales aumentó a 171 mil 550 en 2019, un aumento del 37 por ciento desde hace media década, impulsado por un frenesí en la construcción de casas de vacaciones y el crecimiento de agencias de reservas en línea como Airbnb. Las ganancias continuas del sector son la razón principal por la que el PIB per cápita se duplicó en el transcurso de una década para alcanzar los 30 mil 840 dólares neozelandeses el año pasado, a pesar del estancamiento en otras áreas de la economía.

A finales de febrero, a medida que el virus se propagaba por todo el mundo, todavía llegaban visitantes. Los residentes de Rarotonga quedaron desconcertados después de ver a los turistas desembarcar del MS Amsterdam, un crucero de mil 300 pasajeros operado por Holland America. Avarua, la capital de la nación y el centro comercial de la isla, estaba desierta, ya que los lugareños se quedaron en casa por temor a ser infectados.

Cuando las infecciones comenzaron a aumentar en Nueva Zelanda, los funcionarios de las Islas Cook se pusieron en alerta máxima. Los países están cerca, con vuelos diarios y un alto grado de cooperación intergubernamental. Las Islas Cook utilizan el dólar neozelandés como moneda.

Las autoridades temían que las consecuencias serían catastróficas si el virus llegara a sus costas. Con 22 médicos, 110 enfermeras y solo dos ventiladores, los recursos eran inadecuados para enfrentar una pandemia. Debían tomarse decisiones difíciles.

"Hubo empresas cuyos ingresos básicamente se redujeron a cero una vez que el último vuelo salió del país", dice Mark Brown, ministro de Finanzas del país.

En una semana, el Ministerio de Finanzas había preparado un paquete de rescate económico por valor de 61 millones de dólares, equivalente a más del 11 por ciento del PIB, que incluía un pago único de asistencia social de 400 dólares neozelandeses para pensionistas y otros grupos vulnerables, y tres meses de electricidad gratuita para todos los residentes.

Para ayudar a las empresas a mantenerse a flote y evitar despidos, el Gobierno también ofreció subsidiar los salarios. El objetivo, explica Brown, era "permitir que las personas que se verían afectadas puedan comprar alimentos, poner alimentos en la mesa y alimentar a sus familias". Las subvenciones que van desde 3 mil a 15 mil dólares neozelandeses proporcionaron más alivio a corto plazo, pero hicieron poco para calmar los temores a largo plazo.

En una encuesta realizada por la Cámara de Comercio de las Islas Cook en abril, las empresas esperaban que los ingresos cayeran en un promedio de 90 por ciento durante los siguientes tres meses. El único psicólogo clínico del Ministerio de Salud ha comenzado a organizar talleres para el sector privado para tratar la ansiedad y el estrés. Los trabajadores de la hospitalidad ociosa salieron a los campos para plantar taro y yuca.

Annie Fisher y su socio Brent abrieron Fisher’s Black Pearl Jewelry hace más de 15 años. Por lo general, en esta época del año estarían ocupados vendiendo colgantes y aretes con perlas negras cosechadas de su granja familiar de perlas a más de mil 200 kilómetros de distancia en el remoto atolón de Manihiki, también parte del grupo de Islas Cooks. En estos días abren su tienda solo cuatro horas todos los miércoles, principalmente para hacer reparaciones para los clientes locales.

Fisher, de 57 años, menciona que está de acuerdo con la nueva normalidad, agradecida de saber que el país está aislado de la pandemia a pesar de los efectos en su negocio. Sin una vacuna, cualquier relajación de las fronteras causaría paranoia, dice ella. "Los visitantes pueden traernos fácilmente el virus, ni siquiera sabrían que lo están portando. Las cosas nunca serán iguales”, agrega.

El desafío actual para el ministro de Finanzas y el Gobierno de las Islas Cook es elaborar el presupuesto nacional para el año fiscal 2020-21. Con pocos ingresos que fluyen hacia la tesorería, llegar a fin de mes requerirá creatividad e innovación, recalca Brown. Además, también deberá financiar un estímulo planificado adicional de 76 millones de dólares neozelandeses. Pero para mitigar el daño total causado por COVID-19, ANZ Bank estima que el país necesitará al menos 260 millones de dólares neozelandeses.

Sin un banco central propio, las opciones de política son limitadas. Brown explica que una relación deuda-PIB relativamente baja del 21 por ciento le da margen al país para endeudarse. La administración de Islas Cook está en conversaciones con el Banco Asiático de Desarrollo y el Gobierno de Nueva Zelanda para otorgar préstamos hasta que se relajen las restricciones fronterizas y los visitantes puedan regresar.

Durante la reciente racha de buenos tiempos económicos, el Gobierno de Henry Puna tuvo la previsión de depositar 56.7 millones de dólares neozelandeses en un fondo de reserva de emergencia para ser utilizado durante las recesiones o para recuperarse de los ciclones. Los fondos ayudaron a pagar las medidas de estímulos.

Habiendo sobrevivido a un puñado de ciclones, Pa Napa dice que el país podría estar enfrentando algo más destructivo que un desastre natural. "Con un ciclón, una vez que pasa, limpias y vuelves al trabajo y sigues adelante", comenta. "Con esto, han pasado semanas y semanas sin nada".