El incierto desenlace de la renegociación del TLCAN
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El incierto desenlace de la renegociación del TLCAN

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El incierto desenlace de la renegociación del TLCAN

bulletTras siete rondas de negociación, el acuerdo comercial sigue estando en el aire y el futuro político en los tres países socios podría complicar aún más las cosas.

Enrique Quintana
16/03/2018
Actualización 15/03/2018 - 23:22
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Bloomberg Businessweek

Era 16 de agosto de 2017, y tras un largo proceso de preparación, comenzaba en Washington la etapa de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Arrancaba la primera ronda.

Han transcurrido ya prácticamente siete meses desde aquel momento y aunque han existido avances, aún se ve distante el cierre de este proceso negociador pues parecieran existir diferencias que hoy se ven insalvables.

¿Cuáles podrían ser las implicaciones del alargamiento de esta negociación y cuáles los escenarios de su desenlace?

Para poder responder a estas preguntas hay que tomar en cuenta que tanto en Estados Unidos como en México habrá procesos electorales federales, mientras que en Canadá se llevarán cabo elecciones provinciales.

Ese hecho hace virtualmente imposible que aún en el escenario más optimista se tuviera un TLCAN renegociado y ratificado en 2018. El mejor de los escenarios, el más positivo para todas las partes sentadas en la mesa, implica un acuerdo comercial que se renueva hasta 2019.

Los temas que han alejado las posibilidades de llegar a un acuerdo en la renegociación no se ven con soluciones a la vuelta. Es decir, en el caso de las reglas de origen para el sector del automóvil, los mecanismos de solución de controversias, la cláusula de extinción quinquenal o las cuotas por estacionalidad en el sector agropecuario, el acuerdo se percibe distante.

En abril vendrá la octava ronda de la renegociación en Washington, pero muy pocos apuestan a que ésta pudiera ser realmente definitoria.

¿Qué ocurrirá entonces con el acuerdo en caso de que no llegue un “apretón de manos” antes de las elecciones en México?

Muy simple: el desenlace de la negociación estará sujeto al resultado electoral.

En caso de que ganara el candidato del PRI y de que lograran obtener suficientes escaños en el Senado los partidarios del libre comercio, sería factible que el proceso de renegociación avanzara en los últimos meses de este año.

Pero, si el resultado favoreciera a Andrés Manuel López Obrador, entonces sería factible que las partes acordaran suspender la negociación hasta que se iniciara la nueva administración en diciembre.

López Obrador no tiene entre sus planteamientos la propuesta de que México deje el TLCAN, pero sí pidió en varias ocasiones que se pospusiera le renegociación del tratado hasta la llegada del nuevo gobierno federal.

Quien fue nominada como futura titular de la secretaría de Economía en caso de ganar Morena la elección, Graciela Márquez, señaló recientemente en entrevista con Bloomberg que AMLO se mantendría en el tratado en caso de triunfar en la elección del 1 de julio.

Sin embargo, es poco probable que no se quisiera hacer algún ajuste a lo negociado, lo que implicaría probablemente sentarse a la mesa nuevamente en 2019.

Un probable triunfo de AMLO no es la única variable que podría afectar el futuro de la renegociación del TLCAN.

El curso que podría tener el tratado dependería también de la composición del Senado de la República que resultara en julio.

Un tratado revisado requiere la ratificación de la Cámara alta en México y si el partido en el gobierno no tiene el control del Senado, tendría que negociar con otras fuerzas políticas para obtener los votos necesarios para validar lo negociado.

Es decir, los resultados electorales más probables en México, según las encuestas, implican un alargamiento de las negociaciones comerciales hasta 2019.

Por si faltaran elementos de incertidumbre, las elecciones en Estados Unidos también podrían incidir en el curso del tratado.

Si los Republicanos perdieran el control de alguna de las dos Cámaras del Congreso, las cosas podrían complicarse también, ya que podrían no darle luz verde a lo negociado por el gobierno de Trump, con independencia de lo que sucediera en los comicios en México o en Canadá.

Diversos analistas han examinado lo que podría ocurrir con el comercio de México con Estados Unidos en el caso de que no hubiera un tratado. El consenso es que las reglas de la OMC favorecerían a México, pues los aranceles que puede imponer Estados Unidos no rebasan el 4 por ciento en promedio, mientras que el país podría imponer una tasa tres veces mayor.

Ese análisis se basa en el supuesto de que el gobierno de Trump seguirá respetando las reglas de la OMC. Sin embargo, el caso reciente de los aranceles al acero y al aluminio, apelando a razones de seguridad nacional, hacen dudar de que el gobierno de Trump vaya a ser respetuoso de las reglas de la OMC.

En las últimas semanas se ha visto a un presidente obcecado en sus creencias, y por lo mismo, dispuesto a romper reglas básicas de convivencia en el comercio internacional en aras de tomar las medidas que -en su perspectiva- corregirán los desequilibrios comerciales que tiene Estados Unidos.

El problema es que, según la trayectoria del déficit fiscal previsto, lo más probable es que no solo no baje, sino que crezca el desequilibrio comercial de Estados Unidos con el mundo.

Trump y su equipo nunca han comprendido que la brecha comercial norteamericana se ha incrementado, principalmente, por el efecto que sobre la demanda agregada tiene su propio déficit fiscal.

Las medidas proteccionistas de Trump no solo podrían descarrilar la renegociación del TLCAN, sino que incluso detonarían una guerra comercial en la cual el resto del mundo impondría aranceles a los productos norteamericanos y, luego, Estados Unidos respondería con una medida similar, lo que podría llevar a una espiral de enormes proporciones con efectos impredecibles sobre la economía.

El temor a los efectos de una guerra comercial es tan grande que la oposición a las medidas de Trump también se hizo manifiesta en las filas de su propio partido, al oponerse a esas medidas el líder de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Paul Ryan.

No tenemos experiencias previas que nos digan cuál podría ser el impacto de una guerra de aranceles en una economía mundial en la que el comercio internacional se ha vuelto sumamente fundamental.

Para los escenarios futuros, los expertos de todas las fuerzas políticas, del gobierno, y del sector privado deben considerar la posibilidad de un escenario en el que Estados Unidos incluso cuestione la validez de las reglas de la OMC, lo que implicaría una redefinición completa de la relación comercial con EU y de hecho con casi todo el mundo.

El desastre al que podrían estar llevando las decisiones de Trump probablemente vacunaría al electorado norteamericano respecto a la posibilidad de reelegirlo. Sin embargo, estamos viendo fenómenos inéditos en el orbe, y no se debería descartar la posibilidad de que una corriente importante de electorado norteamericano lo siguiera respaldando.

Sea lo que sea, la visión de un grupo de técnicos que van avanzando lentamente, pero que poco a poco van cerrando capítulos del TLCAN 2.0 no deja de ser un poco idílica.

Al final de cuentas, serán las decisiones políticas las que sean determinantes del futuro que tenga la negociación del TLCAN. Y por los indicios que se han visto en las últimas semanas, la probabilidad de que haya un final feliz de esta negociación se hace cada vez más pequeña.