El dinero chino le salió muy caro a África
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El dinero chino le salió muy caro a África

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El dinero chino le salió muy caro a África

bulletLuego de años de pedir prestado fácilmente a Beijing, muchos países en la región acumulan una deuda que parece impagable.

Bloomberg
10/09/2020
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Dipak Patel aún recuerda su visita en 2003 al Gran Salón del Pueblo de Beijing: las filas de guardias a la misma altura, la cena de Estado que incluyó aleta de tiburón guisada y sopa de nido de pájaro y la banda del Ejército Popular de Liberación tocando canciones de su nativa Zambia.

Como ministro de comercio de su país, Patel se había unido a la delegación para consolidar los lazos y, más importante, asegurar el financiamiento para iniciativas de infraestructura de alto costo. Si bien la mayoría de los delegados aceptaría cualquier cosa por el dinero para proyectos como una presa hidroeléctrica y un estadio de futbol, Patel pidió precaución. “Mi opinión era que necesitábamos construir una asociación estratégica y pensarlo detenidamente”, dice. “Pero yo solo era una voz en el gabinete”.

Su advertencia no fue escuchada y Zambia comenzó a solicitar préstamos de bancos chinos para infraestructura. El crédito chino ha aumentado a un tercio de la deuda externa de Zambia, que se ha multiplicado por siete en la última década, obligando al gobierno este año a pedir a los acreedores un refinanciamiento. Patel, ahora un inversor inmobiliario, desafía ante tribunales la legalidad de millones en dinero extranjero que Zambia ha pedido prestado sin, según afirma, el debido consentimiento del Parlamento. El gobierno dice que no necesitaba esa aprobación.

Patel está entre los activistas africanos que cuestionan el diluvio del crédito chino (unos 150 mil millones de dólares en 2018, según investigadores de la Universidad Johns Hopkins) que ha alimentado una crisis de deuda agravada por el coronavirus.

Los legisladores nigerianos revisan los préstamos que, aseguran, fueron desfavorables. Los activistas en Kenia exigen que el gobierno divulgue los términos del crédito chino usado para construir un ferrocarril de 470 kilómetros. Y el presidente de Tanzania, John Magufuli, refiere a un pacto de su predecesor con inversionistas chinos para construir un puerto y una zona económica de 10 mil millones de dólares.

Los préstamos chinos a África se remontan a la década de 1960, cuando Mao Zedong canalizó armas y entrenamiento a rebeldes que luchaban por la independencia de las potencias coloniales europeas. El apoyo fue limitado, porque China era tan pobre como muchos países africanos, pero ahora es una superpotencia económica que necesita nuevos mercados y materias primas y busca impulsar su posición política global. En las últimas dos décadas, Beijing ha otorgado préstamos a países en desarrollo a una velocidad y alcance no vistos desde el Plan Marshall.

En África, Beijing ansiaba llenar el vacío que dejaron Estados Unidos y Europa después del final de la Guerra Fría. Los gobiernos allí tenían hambre de préstamos no vinculados a programas de austeridad impuestos por las instituciones financieras occidentales y China se apresuró a aprobar el crédito, sin preocuparse si el dinero llegaba a regímenes acusados ​​de corrupción o violaban los derechos humanos. “Para China, la única región del mundo en la que no tuvo disputa fue África”, dice Gyude Moore, exministro de obras públicas de Liberia y ahora miembro principal del Centro para el Desarrollo Global en Washington. “Cuando la gente se queja de los préstamos chinos, no es que la mayoría de los países africanos tuvieran muchas opciones”.

Es difícil no ver la huella china en África. En Guinea-Bissau, las señales de salida en un edificio del gobierno están escritas en caracteres chinos. En Mozambique, el dinero chino pagó por el puente suspendido más largo del continente. China ayudó a pagar el Museo de Civilizaciones Negras de Senegal, que hasta hace poco incluía arte chino en sus exhibiciones. Según Deloitte, Beijing se ha convertido en el mayor financiador de infraestructura en África. Y para garantizar una cuarta parte de esa deuda, los países africanos han hipotecado las ganancias futuras de las exportaciones de productos como el petróleo, el cacao y el cobre.

Además, muchos préstamos no se hacen públicos, lo que suscita sospechas de que la deuda de África con China es mayor a lo estimado. El Instituto Kiel de Economía Mundial en Alemania señala que hasta la mitad de todos los préstamos chinos a países en desarrollo, o alrededor de 200 mil millones de dólares, no habían sido reportados al FMI y al Banco Mundial a partir de 2016. “Veremos una ola de incumplimientos”, dice Christoph Trebesch, autor del estudio de Kiel. “Es solo una cuestión de si será una ola enorme o una ola pequeña”.

Las cláusulas de confidencialidad significan que muchos préstamos escapan al escrutinio público, lo que aumenta el temor de que el dinero termine en los bolsillos de funcionarios corruptos o intermediarios.

Un empresario de Hong Kong que es conocido como Sam Pa fue detenido en 2015 como parte de una campaña anticorrupción en China. Los opacos imperios de negocios de Pa, financiados en parte por bancos estatales chinos, todavía están siendo liquidados por los fiscales.

La administración de Trump acusó a China de aumentar su influencia con los gobiernos vulnerables, pero algunos investigadores afirman que los temores sobre los préstamos predatorios son exagerados. China no ha incautado propiedades ni ha utilizado tribunales para hacer cumplir los pagos de deuda, según un estudio de Johns Hopkins. Los autores del estudio mencionan que el ejemplo más citado de lo que les espera a los países en desarrollo que no cumplen con los préstamos chinos (la venta de Sri Lanka de una participación mayoritaria en un puerto a una empresa china en 2017) fue una privatización y no un canje de deuda por capital como fue reportado por algunos medios.

Ante las críticas y la desaceleración de la economía, China se ha vuelto aún más cautelosa. Su iniciativa “Belt and Road”, dirigida a expandir los lazos comerciales en todo el mundo, ha reforzado la supervisión de los proyectos y ahora mide la capacidad de pago de un país antes de aprobar el crédito. Los compromisos de préstamos anuales han caído de un pico de casi 30 mil millones en 2016 a 8.9 mil millones en 2018, dice Johns Hopkins.

El presidente chino, Xi Jinping, prometió cancelar una pequeña porción de los préstamos a los gobiernos de África y pidió a los bancos estatales que revisen la deuda comercial de los prestatarios de la región. El servicio de la deuda de los préstamos chinos representa el 60 por ciento de todos los pagos de capital e intereses de la deuda bilateral con vencimiento este año de los 73 países elegibles para una suspensión de ocho meses ofrecida por el Grupo de las 20 economías líderes, dice el Banco Mundial.

Incluso con algo de alivio, África, que enfrenta su peor recesión y con pocas otras fuentes de préstamos nuevos, probablemente seguirá endeudada con China durante décadas. Zambia todavía no ha pagado el ferrocarril Tazara de la era Mao, una línea de mil 860 kilómetros construida en la década de 1970 para transportar cobre al puerto de Dar es Salaam en Tanzania. El ferrocarril, que es el primer proyecto de ayuda exterior de China, destinado a eludir Rodesia y Sudáfrica, gobernadas entonces por minorías blancas, está en mal estado, operando a una fracción de su capacidad original, con pocas locomotoras en funcionamiento. Eso, dice Patel, el exministro de Zambia, debería servir como una nota de precaución, ya que el ferrocarril nunca cumplió sus objetivos y pagó la inversión. “Hubieras pensado que el gobierno habría aprendido de esa lección”, dice. “Si pide prestado para proyectos que apenas tienen rentabilidad económica, se convierte en un pasivo”.

Alonso Soto y Matthew Hill con la colaboración de Fumbuka Ng’Wanakilala

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