CDMX, toma nota: así combaten la contaminación del aire en Cracovia
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CDMX, toma nota: así combaten la contaminación del aire en Cracovia

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CDMX, toma nota: así combaten la contaminación del aire en Cracovia

bulletCracovia, un importante centro económico del este de Europa, ha recurrido a soluciones innovadoras para aliviar el problema.

Bloomberg / James M. Gomez y Dorota Bartyzel
05/02/2020
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La patrulla de Marek Witkowski se detiene en medio de una nube de polvo. En unos cuantos minutos, echa a andar su dron de cuatro hélices y lo envía a la batalla contra la mayor amenaza de su país.

El oficial de Cracovia está en el frente de batalla de una revolución que busca aire más limpio en una de las ciudades más contaminadas, del país más contaminado de la Unión Europea. Las cámaras del aparato revisan las chimeneas de las casas y negocios, en busca de señales de quema ilegal de carbón o basura.

“Ese humo es blanco, así que están usando gas, lo cual está permitido”, dice Witkowski mientras controla su dron hacia una humareda que emana a unos 50 metros. “Sigamos adelante”.

Contrarrestar el cambio climático se ha convertido en una prioridad política en Europa. Los partidos verdes son parte ahora de la coalición gobernante en Austria y adquieren más poder en Alemania. Polonia, sin embargo, tiene una enorme montaña enfrente que debe escalar.

Es hogar de más de 30 de las 50 ciudades más contaminadas de la Unión Europea, un legado de la industria de la era comunista. Casi 80 por ciento de su electricidad es generada por carbón, que también es la principal fuente de calefacción de los hogares. Preservar los empleos mineros es una política oficial.

Cracovia, la capital histórica del país y su destino turístico más popular, tomó un camino radical para combatir la contaminación. Los autobuses que recorren sus calles son completamente eléctricos, pero aún más importante es que la ciudad es la primera en Polonia es prohibir la quema de carbón y vigila con drones que esa restricción se cumpla. La ley entró en efecto a partir del 1 de septiembre.

Dependiendo del ingreso de los hogares, el gobierno local subsidia al menos el 50 por ciento del costo de los sistemas de calefacción a gas y contribuye al pago de las cuentas de energía, parte de un esfuerzo de 315 millones de dólares para combatir la contaminación y que se financia con dinero de la Unión Europea, los impuestos locales y programas de gobierno.

Luego de cuatro meses de los cambios, los habitantes de la segunda ciudad más grande de Polonia han cumplido su parte, de acuerdo con la policía local. En una salida con Witkowski en un día reciente de diciembre, no se encontraron evidencias de alguna quema ilegal de carbón o basura en los sistemas de calefacción de los hogares revisados.

“Los casos más drásticos de quema de materiales tóxicos se han vuelto muy raros”, dice Marek Aniol, un portavoz de la policía municipal, que actualmente emplea a 30 inspectores.

“La gente ha notado la diferencia en la calidad del aire y quieren más y más áreas verdes, un reciclaje más eficiente, más transporte eléctrico, más soluciones saludables”.

Localizada en un valle cercano a las contaminantes industrias de carbón y acero del país, Cracovia tiene una población de 800 mil personas, con otras 700 mil o poco más viviendo en el área metropolitana. La ciudad llegó a las primeras planas en la era comunista por la lluvia ácida que literalmente borraba los rostros de las estatuas en la parte antigua de la ciudad.

La transformación económica de Polonia, junto a la implementación de reglas ambientales de la Unión Europea, ha ayudado a limpiar la lluvia, aunque Cracovia se ha mantenido como una de las peores ciudades en el continente en materia de calidad de aire.

El gobierno polaco, que se ha enfrentado en varios temas a la Unión Europea, quiere proteger los empleos mineros e insiste en que llegará a las metas de emisiones a su propio paso, pese las regulaciones más estrictas. Así que Cracovia decidió convertirse en pionera del aire limpio, un oasis en medio de la bruma de contaminación de la frontera sur de Polonia, en donde limita con República Checa y Eslovaquia.

Los resultados han sido obra de las autoridades municipales y activistas, quienes impulsaron el reemplazo de los arcaicos sistemas de calefacción de los hogares, que usaban madera, llantas, plástico, zapatos, basura y otros desperdicios para mantener el calor en invierno. Hace una década, la policía investigaba unos 30 casos de contaminación derivada de los sistemas de calefacción. Tras adquirir su primer dron en 2018, Cracovia sancionó 13 mil hogares por las quemas ilegales.

“El aire no conoce de fronteras”, dice Jacek Majchrovski, alcalde desde 2002. “A muchos les parece un problema sin solución”.

El esfuerzo es un relanzamiento de un programa de la década de 1980, cuando la ciudad fue azotada por las emisiones de la quema de carbón para calefacción y generación de electricidad. También había una planta de acero de la época soviética en Now Huta, un utópico suburbio socialista para los trabajadores que habrían de industrializar Cracovia, el centro tradicional de la burguesía polaca altamente educada. Ahora es propiedad de ArcelorMittal, el productor más grande acero del mundo, y debe cumplir con regulaciones de la Unión Europea.

Activistas locales disfrutaron de un éxito poco común en la era comunista, haciendo que la ciudad desplegara información para el público acerca de la calidad del aire y forzó el cierre de algunas plantas de calefacción a carbón, menciona Rafael Serafin, presidente de la Fundación para la Colaboración Ambiental de Polonia, con sede en Cracovia. Pero con el paso de las décadas, la población asumió que la lucha estaba perdida y el interés en el tema disminuyó.

Los resultados están llegando, afirma Pawel Scigalski, el principal responsable en la ciudad para los controles ambientales.

Su oficina está plagada de gráficos, estadísticas y notas periodísticas sobre la contaminación del aire.

“Hemos mostrado que se puede lograr”, dice mientras abre un gráfico en su computadora que muestra a Cracovia, resaltada en verde, en medio de un aro rojo de alta contaminación. “Otras regiones quieren imitarnos, aprender de nuestra experiencia y usar nuestro conocimiento. Así que hemos pavimentado el camino”.

El comentario se muestra optimista para el área que se encuentra en los alrededores de Cracovia. Los distritos adyacentes aún escupen humo de lo que la Unión Europea ha considerado hornos obsoletos que queman todo, desde carbón hasta madera y basura. Son responsables de casi tres cuartas partes de las partículas contaminantes en la zona. El aroma amargo del carbón quemado es perceptible en varios poblados pequeños. Significa que el éxito de Cracovia está limitado por el área que la rodea.

Veinte kilómetros a las afueras de la ciudad, el casa de campo de Zbigniew Lustyk se sitúa a la mitad de una propiedad rodeada de árboles. El lugar le llamó la atención hace una década por el aire fresco. Resultó ser un error.

Ahora, en la sala con vistas al jardín, utiliza un purificador de aire para reducir el daño respiratorio en su familia. Como otros en el vecindario, no es elegible para los subsidios que se ofrecen a los residentes dentro de los límites de la ciudad de Cracovia, y el gobierno central aún no está dispuesto a gastar en el problema, comenta.

La socióloga Anna Kapusta, quien trabaja en Cracovia pero vive a 30 minutos en el pueblo de Wolowiec, está afrontando sola el gasto de cambiar su sistema de calefacción por un boiler de gas, una verdadera rareza en su comunidad. Sin embargo, el trabajo no quedará completo a tiempo para este invierno.

Hasta que la conversión esté completa, tiene que bajar regularmente a su sótano para palear carbón a la estufa de calefacción. Espera que el olor que se desprende de su chimenea sea pronto una cosa del pasado.

“El proceso es imparable y está ganando velocidad”, dice. “Una vez que esos sistemas sean una minoría, las personas cederán a la presión. No puedo esperar a que mi aldea esté como debe: con aire saludable”.