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Así ayudará la biometría en la vacunación contra el COVID-19

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Así ayudará la biometría en la vacunación contra el COVID-19

bulletLa información recabada garantizaría que cientos de millones de personas tengan inmunidad contra el COVID-19. Pero también es una potencial pesadilla para la seguridad y la privacidad de datos.

Bloomberg / Samanth Subramanian
22/09/2020
 Capacitación de trabajadores comunitarios de salud para usar Simprints en Rwibaale, Uganda.
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Cuando Toby Norman estudiaba el posgrado en la Escuela de Negocios Judge de Cambridge a principios de la década de 2010, solía visitar Bangladesh para estudiar su sistema de salud y entender qué era lo que impulsaba a los trabajadores sanitarios de alto rendimiento. Mientras repasaba datos, detectó un problema generalizado no relacionado. Al analizar a los trabajadores de los programas de bienestar materno, por ejemplo, vio que, después de ir de casa en casa para registrar los embarazos, “querían hacer un seguimiento, hacer exámenes prenatales para detectar cosas como anemia y preeclampsia, pero dar continuidad a los pacientes era muy difícil, particularmente en áreas rurales”, cuenta. Las mujeres a menudo no tenían documentos de identidad y, al registrarlas, los trabajadores de la salud que usaban teclados en inglés escribían mal sus nombres bengalíes. Las fechas de nacimiento eran aproximadas o, peor, tan vagas como “nací dos años después de un ciclón”. Norman recuerda: “Le perdimos la pista a muchas mujeres. ¿Se habían mudado? ¿Se habían reinscrito en otra parte? Era difícil saberlo, y por esa razón, los resultados de los pacientes eran mucho peores de lo que esperábamos”.

Hay mil 100 millones de personas sin un documento oficial de identidad, la mayoría viven en Asia y África, y un tercio de ellos son niños, según el Banco Mundial. Esta invisibilidad los excluye de los sistemas de democracia y bienestar social. Los adultos no aparecen en las listas de votantes; los niños no pueden inscribirse en las escuelas; los beneficios sociales no los alcanzan. Y, como Norman se dio cuenta, tampoco los servicios de salud. “No importa si es tuberculosis, VIH o vacunas”, dice. “En todos los casos, el desafío es: ¿puedes saber quién está frente a ti y darle el tratamiento adecuado?”

Para Norman y Simprints, la startup que cofundó en 2015, la respuesta al dilema de la identidad reside en la biometría: en las huellas dactilares o el iris. La precisión de la biometría, afirma Norman, la hace idónea para inmunizar al mundo.

Cuando una vacuna llegue al mercado, será despachada en una de las campañas de salud pública más amplias y complicadas de la historia. Como no todas las dosis pueden producirse a la vez, algunas personas se vacunarán antes que otras. Dependiendo de la vacuna, es posible que necesitemos dos dosis por persona: una inyección preliminar, seguida semanas o meses más tarde por un refuerzo. Tal vez necesitemos vacunas todos los años, como con la gripe. El seguimiento de los pacientes, sus antecedentes médicos y sus vacunas COVID-19 será un colosal ejercicio de mantenimiento de registros.

Los errores pueden ser desastrosos: personas excluidas, personas que reciben demasiadas dosis o muy pocas, una región autorizada para reanudar sus actividades normales antes de estar inmunizada. Una sola persona identificada erróneamente como vacunada podría visitar una zona no vacunada y provocar un brote. Este es el tipo de error que los proveedores de soluciones biométricas prometen minimizar. Administra una inyección, luego escanea un iris o una huella digital y vincula los dos registros de forma segura. Luego, con otro escaneo, un funcionario puede consultar estos detalles para averiguar si una persona ha sido inmunizada.

Incluso antes del COVID-19, varias empresas promovían los beneficios de las identificaciones digitales y biométricas. La necesidad de una campaña de vacunación rápida y exhaustiva abona a su causa, hasta el punto de que los defensores de la privacidad y la seguridad de los datos están cada vez más inquietos.

En mayo, después de que la directora ejecutiva de ID2020, una alianza de organizaciones que aboga por la identificación digital, escribiera un documento técnico en el que pedía “certificados de inmunidad” electrónicos para el COVID, una de las asesoras del grupo renunció y escribió en su carta de renuncia que la alianza solo quería “promover soluciones de identidad descentralizadas a toda costa”.

Si las campañas de vacunación basadas en la biometría se implementan precipitadamente, existe el peligro de que las medidas de privacidad y seguridad sean débiles o incluso nulas, advierte Ella Jakubowska, asesora de políticas y campañas de la coalición pro-derechos digitales European Digital Rights. Ella señala que los gobiernos podrían usar la información biométrica para establecer sistemas de vigilancia masiva, o las empresas privadas podrían usar los bancos de datos biométricos para hacer perfiles del público objetivo. En las prisas por vacunar, las medidas éticas como el consentimiento informado podrían dejarse de lado por completo. Mientras más apresuradamente se implementen los programas de vacunación basados ​​en datos biométricos, dice Jakubowska, “mayor será la probabilidad de que pongan en riesgo los datos de las personas”.

En 2015, Norman cofundó Simprints, una organización tecnológica sin fines de lucro con la misión de cerrar las brechas de identidad que había visto en Bangladesh. Cualquier solución que plantearan tenía que ser extremadamente precisa, tenía que funcionar sin conexión a internet donde la conectividad es deficiente y tenía que conectarse a las bases de datos existentes, sortear los bajos niveles de alfabetización y educación, y ser segura y privada.

Norman concluyó que todos los enfoques previos fracasaban en uno o más aspectos. El registro de nombres y otros datos personales puede ser poco fiable. En teoría, las cartillas o tarjetones de salud con características como códigos de barras aumentaron la precisión, pero Norman había leído sobre un sistema que involucraba cartillas de vacunación distribuidas en Chad, en el que el 59 por ciento de las tarjetas se perdieron en dos años. Además, como dijo Barbara Saitta, asesora de vacunación de Médicos Sin Fronteras, “tantas personas en el mundo son refugiados o desplazados internos, y si tienes que correr para salvar tu vida, esas tarjetas no son lo primero que buscas”.

Norman sopesó la biometría y, específicamente la huella digital, que evitaba estos problemas y tenía las ventajas adicionales de respetar las culturas en donde las mujeres llevan velo y encajar perfectamente en países donde la gente suele firmar documentos con el pulgar entintado. Pero cuando el equipo de Simprints buscó lectores de huellas dactilares, solo encontró dos tipos en el mercado. Uno era resistente, con baterías de larga duración y muchos sonidos; fue construido esencialmente para uso militar, por lo que cada unidad costaba un par de miles de dólares. El lector más barato era más frágil y no lo suficientemente sensible para leer la clase de huellas que se encuentran en las poblaciones dedicadas al trabajo manual, donde las yemas de los dedos a menudo tienen cicatrices o quemaduras. Entonces, con la ayuda de una subvención de 250 mil dólares de la Fundación Bill y Melinda Gates y el Departamento de Desarrollo Internacional de Reino Unido, Norman y sus colegas diseñaron su propio lector. El escáner Simprints, que se conecta a un celular, es un dispositivo de color gris que se asemeja a un llavero para abrir la puerta de un automóvil.

El lector de Simprints se usó por primera vez sobre el terreno en 2016, en asociación con organizaciones no gubernamentales en Nepal y Bangladesh. Un estudio piloto realizado en barrios pobres de Dhaka encontró que el enfoque biométrico aumentó el número de mujeres que reciben atención médica materna de forma periódica en un 38 por ciento. Con la ayuda de una subvención adicional de 2 millones de dólares, Simprints espera llegar a un millón de madres y niños en Bangladesh para 2022. La solución de la compañía ya se ha utilizado en 12 países de Asia y África; cada trabajador sanitario enviado por el Ministerio de Salud de Etiopía, por ejemplo, ahora lleva un escáner Simprints.

Uno de los proyectos favoritos de Norman tuvo lugar en el oeste de Kenia. Un tipo de pulga allí puede incrustarse en los pies descalzos, causando dolor e infecciones. Los niños, por ejemplo, dejan de ir a la escuela por la imposibilidad de caminar. Una ONG utilizó escáneres Simprints no solo para monitorear y tratar a más de 11 mil personas, sino también para proporcionarles calzado cuando fuera necesario. “Usaron datos biométricos para asegurarse de que los intermediarios no robaran los zapatos”, refiere Norman.

El año pasado, Simprints acordó colaborar con la alianza para vacunas Gavi y el gigante japonés de las telecomunicaciones NEC en una campaña para administrar inmunizaciones estándar a niños en países en desarrollo. Sin embargo, mientras se preparaban para una prueba piloto en Bangladesh, la pandemia paralizó los planes. Durante el verano, Simprints y Gavi discutieron el uso de la biometría en una posible campaña de vacunación contra el coronavirus. “Aún no se ha concretado nada”, dice Norman. “Hay mucho trabajo por hacer antes: identificar socios, averiguar qué dependencias son las responsables para contactarlas, determinar la tecnología y los protocolos, asegurarse de que haya fondos. Tenemos que empezar todo eso ahora para estar listos cuando la vacuna esté disponible”.

La cruzada por una forma de identificación para todos ha ganado fuerza en la última década. En 2014, el Banco Mundial lanzó la iniciativa Identificación para el Desarrollo (ID4D), un programa que tiene como objetivo mejorar el acceso a los recursos del banco en áreas como salud, inclusión financiera y bienestar social. La alianza ID2020 (de la que forma parte Simprints) emitió un manifiesto hace dos años con el mismo propósito. Los gobiernos de Brasil, India, Kenia y Nigeria han planificado o implementado proyectos masivos de identificación digital.

En 2017, Seth Berkley, CEO de Gavi, escribió en Nature que los programas de inmunización aún no pueden cubrir a millones de niños en los países en desarrollo y que tales esfuerzos necesitan “sistemas de identificación digital seguros y asequibles que puedan contener el historial médico de un niño”. A medida que la tecnología se ha vuelto más barata y sofisticada, ‘digital’ a menudo significa ‘biométrico’. Decenas de millones de kenianos han digitalizado sus rostros y sus huellas dactilares; la autoridad india en la materia, conocida como Aadhaar, lee las huellas dactilares y el iris. Con frecuencia, un teléfono inteligente y un pequeño escáner es todo lo que se necesita para registrar a las personas. La promesa de estos programas de identificación es que hacerse visible para el Estado puede en sí mismo proporcionar esta protección.

Con la llegada de la pandemia, empresas y gobiernos han barajado la idea de los ‘pasaportes inmunitarios’ o identificaciones digitales que certifican que una persona ha sido revisada y está libre de coronavirus. En Reino Unido, una startup llamada Onfido, que está tratando de reutilizar su tecnología antifraude en dichos pasaportes, recaudó 100 millones de dólares en financiamiento de capital en abril. Pero Scott Reid, director de IRespond, una organización sin fines de lucro proveedora de servicios biométricos, describe a los pasaportes inmunitarios como “una boca de madriguera en la que no queremos entrar. En este momento no hay consenso de que haber tenido COVID te dé inmunidad, o por cuánto tiempo te la da y pueden surgir nuevas cepas”.

La tecnología de escaneo de iris de IRespond se ha implementado en contextos médicos y humanitarios, y Reid señala que están tratando de desarrollar “una forma de recopilar datos biométricos mínimos que puedan vincularse a un registro de vacunación”. Esto incluiría otras facetas de la vacuna misma, por ejemplo, si un lote no se almacenó correctamente o más tarde se descubrió que no era efectivo. Las cámaras de iris de la compañía se construyeron para rostros de adultos y no pueden escanear el iris de los niños, añade Reid, por lo que han estado trabajando en otras formas de registrarlos en una campaña de vacunación.

La pandemia requerirá modificar el enfoque de Simprints. En un momento de alto contagio, no es viable que una persona tras otra ponga sus dedos en el mismo escáner a menos que se desinfecte continuamente.

Como plan B, la compañía ha estado preparando funciones biométricas adicionales, como el reconocimiento facial. “En el COVID, con la sana distancia, el reconocimiento facial es una buena apuesta”, dice Norman. “Pero solo si puedes resolver los desafíos de la privacidad”.

Esos retos nublan incluso las perspectivas más positivas de la biometría. Vivimos en una era marcada por la inseguridad de datos. No sorprende que los programas biométricos se hayan encontrado con una resistencia. En enero, un tribunal suspendió el sistema de identificación de Kenia porque la protección de datos era insuficiente. La Suprema Corte de India dictaminó hace dos años que el gobierno no podía obligar a las personas a registrarse en el sistema Aadhaar y que los servicios básicos, como abrir una cuenta bancaria o inscribirse en una escuela, no deberían exigir esta identificación. En tanto que los defensores de la privacidad han protestado por la adopción de tecnologías de reconocimiento facial.

Junto al creciente debate sobre los pasaportes inmunitarios y los sistemas de identificación para las vacunas, también han aumentado las ansiedades y las teorías de conspiración. En marzo, durante una sesión de “Pregúntame cualquier cosa” en Reddit, Bill Gates predijo que “a la larga veremos algún tipo de certificado digital que muestre quién se ha recuperado o se ha hecho la prueba recientemente, o cuando llegue la vacuna, quién la ha recibido”. Posteriormente, la cita se tergiversó en rumores falsos que sostenían que Gates proponía implantar chips en todas las personas vacunadas.

“Para que un registro biométrico de inmunización sea aceptado en todas partes, creo que dependerá de si los creadores de dichos sistemas pueden garantizar y generar confianza pública en que el sistema es infalible en términos de privacidad”, afirma Prashant Yadav, investigador del organismo no lucrativo Center for Global Development. “Ante el clima social que se respira en la mayor parte del mundo, la responsabilidad de demostrar y crear esa confianza requiere mucho más esfuerzo que en el pasado”.

Norman refiere que mientras Simprints diseñaba sus procedimientos de privacidad y seguridad de datos, la startup tuvo en cuenta que no todos podrían leer documentos en jerga legal. En colaboración con un equipo de abogados de derechos humanos, la compañía redujo las políticas de consentimiento a una sola página de oraciones sencillas que un trabajador de la salud puede leer en voz alta a un paciente. Cuando se recopilan los registros de los pacientes, el socio local de Simprints almacena la información mientras la empresa mantiene los datos biométricos en sus propias bases de datos.

Sobre ese respecto, Norman dice que existe un gran debate sobre si las empresas de tecnología deberían estar obligadas a alojar datos privados en servidores locales en los países de sus clientes o si pueden cargar la información en servidores en la nube alojados por terceros en el extranjero. “Además, necesitábamos asegurarnos de que, si las personas se niegan a dar sus huellas dactilares, aún tengan una forma diferente de acceder a estos servicios”, dice. Un escáner siempre puede descomponerse, como cualquier dispositivo. Facilitar una forma no biométrica de identificar a una persona es una cuestión tanto práctica como ética.

A los defensores de la privacidad les preocupa que incluso los protocolos de identificación biométrica que parecen sólidos en el papel puedan malograrse ante la corrupción y el desorden del mundo real. En India, las empresas siempre están presionando para acceder a información personal vinculada a Aadhaar, según Raman Chima, director de políticas para Asia de Access Now, un grupo de defensa de los derechos digitales. “Quieren tu historial de transacciones financieras o quieren poder venderte un seguro médico”, comenta. La base de datos de Aadhaar ya ha sido hackeada una vez y su información se ha filtrado en varias ocasiones. Usar esos datos biométricos para realizar una campaña de vacunación aumentaría el riesgo de que se produzcan más violaciones de privacidad. Las autoridades estatales pueden transmutar con facilidad los registros biométricos de vacunación en pasaportes inmunitarios y usarlos para restringir las libertades de las personas, una perspectiva que Elizabeth Renieris, la asesora de ID2020 que renunció, llamó “más que distópica” en un ensayo en mayo.

Saitta, la experta en vacunación de Médicos Sin Fronteras (MSF), es más escéptica. Ninguna campaña de inmunización de MSF ha utilizado la biometría antes, dice, pero en algunos países y contextos, podría ser una herramienta útil. En este momento, “una de las primeras cosas que hace MSF en un campamento de vacunación es instalar una mesa de registro”, indica. “Cuando un adulto con un niño se acerca a la mesa para recibir una vacuna contra el sarampión o la vacuna pentavalente, preguntamos si el niño ya ha sido vacunado”. A veces, el adulto no puede recordar qué inyecciones recibió el niño o cuándo se administraron esas inyecciones. La biometría puede resolver este tipo de dudas.

Al mismo tiempo, agrega Saitta, si ella estuviera trabajando en un campo de refugiados o en un país con un gobierno autoritario, “me sentiría muy incómoda pedirle a la gente que me dé sus datos biométricos, porque si no saben para qué se usarán o si se sienten inseguros, es posible que no accedan”. El mundo es un lugar complejo y los contextos varían en todas partes. “Así que tal vez deberíamos estar listos para usar la biometría”, dice. “Pero si es necesario, también deberíamos estar listos para usar una pluma y una hoja de papel”.

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