Al principal donante de los republicanos le encantan los estereotipos raciales
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Al principal donante de los republicanos le encantan los estereotipos raciales

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Al principal donante de los republicanos le encantan los estereotipos raciales

bulletEl magnate, que ha donado 30 millones de dólares para apoyar a los candidatos republicanos, refirió que los cupones de alimentos y la ley Obamacare son una nueva forma de 'esclavitud'.

Bloomberg / Bill Allison
12/08/2020
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El principal donante republicano en las elecciones de 2020 es el heredero de una de las grandes fortunas de la época conocida en la historia estadounidense como ‘Edad de Oro’, un periodo de expansión económica a fines del siglo XIX. Este personaje ha donado millones de dólares en el actual ciclo electoral para apoyar a candidatos republicanos que, según espera, desmantelarán los programas de bienestar social que él concibe como una ‘reedición de la esclavitud’ o, en sus palabras, “slavery redux”.

Timothy Mellon, bisnieto de Thomas Mellon (fundador del Mellon Bank) y nieto de Andrew Mellon (secretario del Tesoro en los primeros años de la Gran Depresión), ha donado 30 millones de dólares en estos meses a los súper PAC (comités de acción política) que respaldan a republicanos. Eso incluye 10 millones de dólares a America First Action, el grupo que respalda la reelección de Donald Trump.

En una entrevista con Bloomberg, Mellon dice de Trump: “Ha hecho lo que prometió o intentó hacer lo que prometió”. En su opinión, el logro principal del primer cuatrienio del presidente es “en el comercio y al nivelar el equilibrio entre nuestro país y el resto del mundo, especialmente con China”.

La generosidad de Mellon lo coloca muy por delante de otros incondicionales republicanos, como el presidente de Blackstone Group, Steven Schwarzman, quien ha dado 17 millones 700 mil dólares; el magnate de los casinos Sheldon Adelson, quien ha dado un millón 600 mil dólares; y el presidente de Koch Industries., Charles Koch, cuya compañía ha dado 8 millones 300 mil dólares al partido del elefante.

A diferencia de esas figuras más conocidas, Timothy Mellon ha evitado el protagonismo público, pasando gran parte de su tiempo en su rancho de Wyoming. Y se hubiera mantenido fuera de los reflectores si no fuera por los estereotipos raciales sobre los afroamericanos que plasmó en su autobiografía autoeditada en 2015, recientemente rescatada por el Washington Post.

En el libro, Mellon expuso su conversión política de un liberal que usaba su fortuna para tratar de resolver las inequidades raciales y sociales a un acérrimo conservador que despotrica contra el fracaso de los programas sociales. Escribió que los afroamericanos se habían vuelto “aún más agresivos” y “renuentes a contribuir para mejorar su situación”.

Señalaba, asimismo, que bajo la presidencia de Barack Obama los programas federales como los cupones de alimentos y la Ley de Atención Médica Asequible se habían convertido en ‘slavery redux’ (una nueva servidumbre), en un sistema en el que las personas pobres reciben cosas a cambio de votos, y los beneficiarios están en deuda con “un nuevo amo, el Tío Sam”.

“Por entregar sus votos en las elecciones federales, reciben cada vez más obsequios: cupones de alimentos, teléfonos celulares, subsidios, Obamacare y así sucesivamente. La generosidad es financiada por la gente trabajadora, cada vez menos numerosa, que es demasiado honesta o demasiado orgullosa para hundirse en este pantano”, escribió.

Mellon dice que sustenta lo dicho en el libro: “Dije todo lo que quería decir. No me arrepiento”. Pero no siempre pensó de esta manera.

Desde principios de los años setenta hasta mediados de los ochenta, Mellon financió una filantropía enfocada en corregir las disparidades raciales que hoy han vuelto al debate nacional tras el asesinato de George Floyd, un ciudadano negro, a manos de la policía de Minneapolis. De hecho, Mellon escribió que la primera vez que votó en una elección nacional lo hizo por el presidente Lyndon Johnson en 1964.

Mellon se graduó de la Universidad de Yale ese año y completó un posgrado en urbanismo en Yale en 1966. Luego creó el Fondo Sachem, una fundación familiar para “abordar los problemas de raza, pobreza y expolio ambiental que estaban plagando el país”, escribió en su biografía. Para liderar el esfuerzo, reclutó a su amigo Ernest Osborne, pionero entre los directivos de fundaciones afroamericanos.

La fundación apoyó al Cooperative Assistance Fund, un esfuerzo para empoderar a emprendedores pobres y de grupos minoritarios para revitalizar las zonas urbanas desfavorecidas; también apoyó Black Horizons, un programa de la televisión pública de Pittsburgh que se convirtió en el show de asuntos minoritarios más antiguo de EU; y buscó alternativas para el encarcelamiento de delincuentes reincidentes y formas para mejorar los resultados educativos de los estudiantes minoritarios en escuelas públicas.

En su libro, Mellon reveló que ahora considera que la mayoría de esos proyectos son fracasos. Y añadió que el colapso de la familia, el aumento de la criminalidad y la adicción a las drogas lo convencieron de la ineficacia de los programas sociales ‘War on Poverty’ y ‘Great Society’. Al final, Mellon distribuyó los fondos restantes entre conservadores.

Su cambio de postura estuvo ligado a sus negocios. “Creo que se debió en parte a entrar en acuerdos con ciertas pequeñas empresas y ver la interacción entre el comercio y el gobierno; simplemente parecía que el gobierno estaba haciendo las cosas demasiado difíciles y en contra de los intereses de las personas trabajadoras”, añade. “Cuantas más restricciones tienes, es menos probable que contrates gente”.

En la década de 1960, con un patrimonio neto de mil millones de dólares, según Forbes, Mellon comenzó en los negocios vendiendo software para computadoras IBM. Fundó un negocio de madera tratada en 1977. Pagó 28.5 millones de dólares por la quebrada Pan American Airlines en 1998 y la operó como una aerolínea regional.

Luego adquirió ferrocarriles en el noreste del país a principios de los años ochenta después de que el Congreso permitiera a los transportistas fijar sus propios precios para transportar carga, lo que llevó a una competencia de costos. Los contratos sindicales negociados antes de la reforma dejaron algunos ferrocarriles con altos costos laborales. Chocó con los sindicatos y redujo el personal de carga.

En 1984, Mellon votó por Ronald Reagan. Aparentemente, sin embargo, su fe el mandatario no era absoluta. Y aunque ha sido el mayor donante del Partido Republicano en esta contienda, sus donaciones no se han limitado al bando republicano.

Donó dos mil 700 dólares a Alexandria Ocasio-Cortez en 2018 porque pensó que, de ser elegida, sus posturas radicales le causarían dolores de cabeza a los demócratas. Desde entonces, el equipo de Ocasio ha intentado reembolsarle el dinero, asegura Mellon, quien anuncia que “no cobrará ni depositará el cheque, sino que lo enmarcará”. También contribuyó con 2 mil 800 dólares para la legisladora Tulsi Gabbard de Hawái, que buscaba la nominación demócrata para las elecciones presidenciales de 2020.

Al comparar las protestas de este año por el racismo y la brutalidad policial con los disturbios raciales de la década de 1960, Mellon afirma que los manifestantes de entonces, a diferencia de ahora, estaban tratando de trabajar dentro del sistema. “No creo que las Panteras Negras estuvieran tratando de tomar el poder, creo que estaban tratando de plantear su argumento y lo hicieron”, señala. “Creo que la gente escuchó y trataron de hacer algo al respecto”.

El viaje de Mellon desde la izquierda a la derecha no es único, sino que ejemplifica un desplazamiento común, comenta Peter Wood, presidente de la National Association of Scholars, un grupo conservador sin fines de lucro. “Él enuncia algo de la amargura que también han manifestado las personas mayores que tuvieron experiencias similares”, dice Wood, y añade que hay un todo un género de libros de liberales decepcionados que explicaron por qué se unieron a la derecha.

“Aunque sin duda pudo haberlo dicho de mejor manera”, apunta.

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