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De bitcoin a dogecoin: guía definitiva para conocer a los cripto devotos

Para los ethereanos, bitcoinistas, agricultores y nocoineros, los activos digitales no son solo una inversión, sino una forma de vida.

En un clip (ahora famoso) de 1994 del programa Today, el presentador Bryant Gumbel pregunta a sus compañeros: “¿Qué es internet?”, y aunque dejan caer algunas ideas, parecen confundidos. El actual discurso criptográfico se siente así, todos buscan iluminar a los demás, incluso cuando ellos mismos pueden no comprenderlo del todo. El ecosistema cripto ya ha acuñado industrias enteras, mientras que la mayoría de la gente aún no puede distinguir siquiera un token de un Pokémon. Allí tenemos a Bitcóin y Ethereum, Dogecoin y SafeMoon, Chainlink y Solana y Polkadot y Polygon y Cardano y...

Entre los criptodevotos (en particular los maximalistas, que creen en una única moneda verdadera), las diferencias entre las monedas son fundamentales. Cuál tienes dice mucho sobre quién eres: tu filosofía, tu círculo de amigos e incluso tu sentido de la moda. Cada criptomoneda representa una cultura completa, con sus propios memes, estética, lenguaje, voces confiables y estructura de poder. Comprar una no es solo una inversión, es una declaración de identidad.

Como dijo Aleksandar Svetski, un confeso “supremacista del bitcóin”, durante un panel en la conferencia Bitcóin 2021 celebrada en junio en Miami: “No me importa lo que digas, muéstrame tu cuenta bancaria y te diré en qué crees”. Quizás lo contrario también sea cierto: si deseas comprender uno de estos misteriosos nuevos activos, observa a sus creyentes.


Aunque este año las personas han comprado más criptomonedas que nunca, el sector está atrayendo un creciente escrutinio por parte de reguladores de todo el mundo. En junio, China prohibió la minería de bitcóin. El presidente de la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos, Gary Gensler, ha indicado la necesidad de reglas más estrictas. Casi todas las semanas sabemos de un fraude en el sector o de un hacker que exige el pago en bitcoines. Y aunque la mayoría de las monedas alcanzaron máximos históricos en mayo, el mercado ha perdido una quinta parte de su valor desde entonces.

En este tenso entorno, las huestes de fanáticos se han reunido: los maximalistas del bitcóin, los ethereanos, el ejército Doge, los Link Marines de Chainlink y otros altcoiners o partidarios de monedas alternativas. La motivación es en parte llevar agua a su molino, con la esperanza de que cuantas más personas escuchen acerca de una moneda, más probabilidades habrá de que la compren. Pero las tribus también ayudan a delinear el alcance, los principios y las prioridades de sus proyectos.

Cada día nacen nuevas monedas y pocas sobreviven. En algunos casos, los ganadores son los activos que ofrecen la mejor tecnología o resuelven un problema espinoso. Pero a menudo, los tokens más populares simplemente tienen los promotores más ruidosos (por ejemplo, Elon Musk). Para los profanos, las guerras de las criptomonedas pueden sonar como las luchas intestinas del Frente Popular de Judea contra el Frente Judaico Popular de La vida de Brian de los Monty Python. Pero para aquellos que invirtieron en cripto, financiera y emocionalmente, las diferencias no podrían ser más significativas y las implicaciones para el futuro digital no podrían ser mayores.

Bitcoinistas

La primera vez que Sal Strom escuchó sobre bitcóin, tuvo una reacción física. En 2017, la artista estaba cenando con un amigo en Oregon cuyo hijo estaba invirtiendo en “dinero de internet”, recuerda Strom. Ella ya usaba dinero en efectivo tan raramente que esto le pareció el siguiente paso en una evolución: “Todos los pelos de mi brazo se erizaron. Mi cuerpo dijo ‘Esto es real’”.

Strom se fue a casa e investigó. La idea del dinero descentralizado que vive en internet “simplemente hizo sentido para mí”, dice. Strom también llevaba años endeudada, cambiando de una tarjeta de crédito a otra. El bitcóin prometía una salida, pues ella esperaba que su valor aumentara a medida que más personas lo adoptaran. Y transfirió al bitcóin los ahorros que tenía invertidos en acciones.

Strom, de 64 años, no encaja en el arquetipo del bitcoinista puritano libertario. Pero la forma en que habla de su moneda evoca el lenguaje y las actitudes que abrazan legiones de fieles. Ella no solo aprendió sobre bitcóin; “tomó la píldora naranja”, “bajó por la madriguera del conejo” y lo “estudió” como el Talmud. Se refiere a las criptomonedas distintas de bitcóin como “shitcoins” (monedas de mierda) y habla de “juntar sats” o satoshis, la unidad más pequeña del bitcóin que lleva el nombre del seudónimo del fundador, Satoshi Nakamoto (un bitcóin es igual a 100 millones de satoshis).

Para la mayoría del mundillo, bitcóin es la droga de entrada. Es una idea simple y elegante: una moneda digital que cualquiera puede enviar y recibir sin intermediarios, como bancos o gobiernos.

Las transacciones se ejecutan y registran en la cadena de bloques o blockchain, un libro contable descentralizado almacenado en las computadoras de todos los que participan en la cadena alrededor del mundo. A cambio de brindar seguridad al libro, los “mineros” son recompensados con nuevas monedas y comisiones de transacción. Sus defensores dicen que es una reserva de valor (“oro digital”), un medio de intercambio y una cobertura contra la inflación. No es necesario que comprendas las complejidades de la tecnología blockchain para asimilar que solo habrá 21 millones de bitcoines. A medida que aumenta la demanda y la oferta permanece fija, según la lógica, el precio aumentará.

Pero el principal atractivo del bitcóin tal vez sea su romanticismo: descentraliza el dinero, dicen sus devotos, y arrebata el poder a los bancos y al Estado. Para los aspirantes a revolucionarios, comprar bitcoines es como asaltar la Bastilla, sin siquiera tener que vestirse. Y si ves unos ojos láser en sus perfiles de Twitter, ese es el símbolo de su lealtad.

La duda de los demás fortalece su creencia. “Todos los que conozco están en contra”, dice Strom. Su hijo, asesor financiero, le pidió no invertir en bitcóin, y su pareja, que trabaja en tecnología, le dijo que era una estafa (él prefiere Ethereum). Al mismo tiempo, el bitcóin los acerca a otros discípulos. Strom y la artista Carole Ann Danner, quienes exhibieron su trabajo en la conferencia de bitcóin, congeniaron por su pasión compartida. “Ella está más obsesionada que yo”, dice Strom.

A pesar de todo el alardeo revolucionario, no hay mucha diversidad en la comunidad, al menos en Estados Unidos. “No hay muchas mujeres negras aquí”, se lamenta Andile Ndlovu en la conferencia de Miami. Ndlovu, que nació en Zimbabue y trabaja en la industria de la música en Los Ángeles, lo atribuye a la percepción entre los afroamericanos de que la criptografía es “elitista” o tienes que ser rico para participar.

Discutir con un bitcoiner es inútil. Hay una respuesta a cualquier objeción: la energía necesaria para mantener la red destruye el medio ambiente, ¡pero incentiva la energía verde! Es lento, ¡pero la nueva red Lightning lo agiliza! No sobrevivirá a la regulación, ¡pero no se puede controlar! Es un esquema Ponzi, ¡pero también lo es cualquier activo nuevo que atraviesa por la determinación de precios!

Para muchos fanáticos, el bitcóin se reduce a la fe: creen que tendrá éxito porque creen que otros también creerán que tendrá éxito. Si ese razonamiento suena circular, dicen, así funciona el dinero. Ahora es simplemente cuestión de convencer al resto.

Ahí es donde entran los maxis o maximalistas. Mientras que Strom no evangeliza sobre su moneda, Svetski, el empresario australiano “supremacista del bitcóin”, lo considera su deber. “Somos los glóbulos blancos de la red”, dijo durante un panel en la conferencia de Miami. “Si el centro no se sostiene, nos convertimos en otra moneda de mierda”. Por lo tanto, los maximalistas deben promover el bitcóin y derribar las narrativas contrarias. Svetski me dice que quiere mantener su moneda alineada con sus ideales originales de libertad y resistencia a la censura. “Este es el dinero perfecto”, dice, tiene “raíces en las matemáticas” y las leyes de la termodinámica. En el futuro recordaremos los tres grandes inventos de la humanidad como “el fuego, el bitcóin y la teletransportación”.

Para los maximalistas no hay dobles lealtades. Cuando el influyente bitcoiner Robert Breedlove tuiteó sobre un nuevo producto criptográfico llamado BitClout, los maxis se le echaron encima.

Ethereanos

Michael Babyak necesitaba algo nuevo. Después de años de trabajar en la política de Washington, primero en el Capitolio y al final como director de tecnología de marketing para el Comité Nacional Republicano, renunció a su empleo en 2017 cuando tuvo, como dice diplomáticamente, “un desacuerdo con un dirigente del partido”.

Compró bitcóin por primera vez en 2015 para pagar por un servicio de streaming. Después de que el mercado colapsara en 2017, decidió comprar más, luego compró un poco de ether, la criptomoneda de otra cadena de bloques llamada Ethereum, y observó cómo subían los números. “Me dije: ‘Necesito empezar a aprender qué diablos son estas cosas’’'.

Desencantado por lo que llama la actitud “catastrofista” de los bitcoiners, comenzó a explorar los foros de Ethereum, donde descubrió “la comunidad más acogedora del mundo”, dice. Aprendió que Ethereum toma la tecnología blockchain que sustenta a bitcóin y construye sobre ella un ecosistema completo de programas informáticos o “contratos inteligentes”. En lugar de simplemente enviar y recibir dinero, puedes utilizar el libro mayor como una plataforma para todo tipo de transacciones, ya sean negocios inmobiliarios, compras de arte o instrumentos financieros complejos. La moneda de Ethereum, llamada ether, se usa para interactuar con esos programas. El factor clave, dicen los ethereanos, es la confianza: al firmar un contrato, en vez de pagarle a un auditor para que investigue a la contraparte, a un banco para que transfiera fondos y a un abogado para demandar a la contraparte cuando no cumpla, simplemente puedes confiar en el código para ejecutar el contrato según lo diseñado.

Y además es código abierto. Cualquiera puede tomar el código de un proyecto en Ethereum y usarlo para construir otro, o recombinar los existentes, una cualidad conocida como “composabilidad” que inspiró la metáfora de Ethereum como “legos de dinero”.

Por ejemplo, hace unos años, los traders de criptomonedas querían tener la capacidad de vender sus monedas y asegurar las ganancias, pero no querían cobrarlas en dólares, lo que puede ser complicado. Entonces, los desarrolladores crearon una “moneda estable” vinculada al dólar estadounidense.

Las monedas estables son ahora una piedra angular del sistema financiero con base en blockchain, porque facilitan el movimiento del dinero y permiten a los desarrolladores construir encima incontables nuevos “legos”. Babyak nunca había sido un Wall Streeter como muchos de sus compañeros de Princeton, pero ahora estaba emocionado por “un cambio de paradigma en las finanzas”.

También vio cómo Ethereum cambiaba la forma en que operan las empresas. Después de años de trabajar en el gobierno, Babyak se entusiasmó con las posibilidades de las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO) basadas en blockchain. En lugar de que un jefe dé órdenes y los empleados las sigan, los miembros de una DAO pueden votar las decisiones de la empresa en función de la cantidad de tokens de la organización que posean. “Es casi como la democracia en su máxima expresión”, dice Babyak. Claro, una pequeña cohorte podría acaparar el poder comprando todos los tokens, pero, argumenta, al menos el proceso es transparente. Del mismo modo, los creadores y las marcas pueden emitir “tokens sociales” para que los seguidores participen en su producción, construyendo una comunidad y alineando los incentivos financieros.

El pragmatismo de los prosélitos de Ethereum atrajo a Babyak. Si los bitcoiners son los guerreros del universo cripto, los ethereanos son los constructores. Los primeros enfatizan la libertad individual con respecto a la tiranía financiera, mientras que los segundos adoptan un ethos de acción colectiva y colaboración. “Estás apostando por la cooperación”, dice Babyak.

Toda la estética de la comunidad Ethereum contrasta con la energía de macho alfa de bitcóin. En lugar de ojos láser y referencias a los guerreros espartanos, los ethereanos prefieren los unicornios y los colores pastel; y muestran su lealtad en las redes sociales reemplazando la letra “e” en sus nombres con el símbolo (que también es el símbolo de la moneda ether).

Los leales al bitcóin se burlan de las afirmaciones de los ethereanos. Babyak dice que él cree en “el flippening”, ese momento en el futuro en el que el ether superará al bitcóin en términos de valor de mercado. Svetski rechaza la idea de que el ether pueda desbancar al bitcóin como la principal moneda digital: “Hemos descubierto el oro mientras todos los demás todavía están intercambiando conchas”.

Comparado con la cosmovisión ethereana, el maximalismo bitcoiniano puede sonar como una especie de minimalismo: un invento lo arregla todo. Los ethereanos, por el contrario, imaginan un futuro de cambios progresivos, en un perfeccionamiento infinito. Es una visión muy abarcante del progreso tecnológico que incluso tiene espacio para bitcóin. “Estas dos cosas pueden coexistir”, dice Babyak.

Los ethereanos tienen sus aversiones. Fruncen el ceño ante cualquier blockchain catalogado como “asesino de Ethereum”, ya sea Cardano (“puro bombo”, dice Babyak), Solana (“algo vergonzoso”) o Binance Smart Chain (lleno de “estafas y hacks”). No importa que estas redes estén tratando de abordar problemas reales con el protocolo Ethereum, incluida su velocidad lenta y sus exorbitantes tarifas de transacción. Los ethereanos dicen que las optimizaciones futuras, que harán que el proceso de minería consuma menos energía resolverán esos problemas mejor que los recién llegados.

Así como Babyak fue acogido por la comunidad de Ethereum, él también la ha expandido.

Ahora es tratado como una autoridad en la criptografía, amigos y conocidos buscan su consejo. Su esposa, Cameron Hardesty, directora de un negocio de distribución de flores, lo alentó a que publicara sus reflexiones en un boletín, que pronto verá la luz. Hardesty está feliz de verlo emocionado por algo nuevo. “Estaba vagando un poco por el desierto, en cuanto a su carrera”, dice ella. “Y luego apareció la criptografía. Le ha dado un camino hacia esta nueva identidad”.

Hardesty también mencionó el desequilibrio de género en las criptomonedas. Un artículo en el sitio web Bitch Media denominó a bitcóin “astrología para hombres”. Hardesty considera que las criptomonedas desempeñan un papel social. “La forma en que los hombres se relacionan entre sí, tiene que haber algo de pegamento no emocional en la conversación”, dice. “Suelen ser los deportes, y ahora para Michael también es el cripto”.

El amor de Babyak por el blockchain puede causar tensión, dice Hardesty. Con un bebé en camino, ella quiere asegurarse de que no estén sobreexpuestos financieramente. “Él es tan creyente que no puede imaginar un mundo en el que el valor de estos activos no siga creciendo”, dice. Pero Babyak comenta que su enfoque en la inversión en criptomonedas es relativamente conservador. Después de “desbocarme un poco” en otras monedas, dice, ahora mantiene la gran mayoría de sus criptoahorros en ether.

Apostadores y agricultores

Para Jack Brew, el punto es justo ese, desbocarse: “YOLOing” (YOLO, acrónimo de “you only live once” o solo vives una vez, significa arriesgarlo todo en un activo, arrojarse o precipitarse sin temer los riesgos). El joven de 23 años se introdujo por primera vez en las criptomonedas cuando tenía 15 para poder jugar al póquer en línea. Ahorraba el dinero que ganaba como niñero, y luego le daba el efectivo a un chico en un Starbucks en Venecia, California, a cambio de bitcoines.

En la universidad se convirtió en un maximalista del ether justo antes de que el token empezara su ascenso. Cursando el primer año de carrera ganó casi 250 mil dólares, dice, solo para perderlo todo en algunas malas posiciones cortas o apuestas a que el precio del ether bajaría. “Fue repugnante, me deprimí mucho”, dice Brew. Abandonó el trading por completo y se concentró en terminar su carrera.

Pero luego vino lo que sería conocido como el “verano DeFi” de 2020 y Brew volvió a las andanzas. Las finanzas descentralizadas, o DeFi, cubren una variedad de herramientas basadas en blockchain destinadas a construir un sistema financiero completamente nuevo basado en protocolos informáticos en lugar de empresas tradicionales. Sus partidarios, los defistas, imaginan que algún día todo (hipotecas, mercados de acciones y bonos, y más) funcionará con contratos inteligentes. Por ahora, sin embargo, DeFi implica principalmente el intercambio de tokens en bolsas descentralizadas, como Uniswap o SushiSwap, o en otras dapps (aplicaciones descentralizadas) que permiten a los usuarios ganar más tokens haciendo cosas como prestar o pedir prestadas monedas o proporcionar liquidez para operaciones.

Puede ser difícil entender el abstracto mundo de DeFi, así que imaginemos por un momento algo más concreto: un gran bazar, con clientes que quieren intercambiar todo tipo de artículos, desde pollos hasta engrapadoras, trapeadores y frijoles. Digamos que la gente quiere cambiar pollos por engrapadoras. Las personas pueden actuar como creadores de mercado al mantener un inventario de pollos y engrapadoras (ofrecen liquidez) y obtienen una tajada de cada operación. Esa tajada podría tomar la forma de pollos o engrapadoras, o algún artículo completamente diferente, como frijoles. El creador de mercado también podría ser recompensado con trapeadores proporcionados por el propio bazar, para incentivarlo a trabajar en este bazar en lugar del bazar de enfrente. Si una operación es especialmente arriesgada (el precio de un artículo podría desplomarse repentinamente), la tajada que se lleva el creador de mercado puede ser extremadamente alta: no solo un frijol, sino mil o un millón.

Eso es DeFi, excepto que lo que se intercambia es una colección de tokens digitales. En lugar de mantener un inventario de pollos y engrapadoras, se le paga a un creador de mercado para que provea monedas para el trading. Debido a que la demanda de estos tokens es tremendamente incierta, los proveedores de liquidez, conocidos en el ámbito DeFi como productores o “agricultores de rendimiento” (yield farmers), pueden obtener grandes ganancias rápidamente para compensar los grandes riesgos. Las oportunidades más lucrativas no duran mucho, por lo que están constantemente en la búsqueda de la siguiente. Estos cazadores de rendimiento reciben el nombre de “degen”, abreviatura de “apostador degenerado” (degenerate gambler), que los miembros de la comunidad DeFi han adoptado con orgullo.

Abundan las estafas. A veces, el robo está escrito en el código de un token; otras veces, los creadores de tokens se fugan, dejando a los prestamistas con monedas sin valor, un movimiento conocido como “jalar la alfombra”. Un productor de rendimiento que proceda con inteligencia puede evaluar el riesgo de una inversión, pero incluso los proyectos de alto perfil pueden colapsar, como Mark Cuban aprendió en junio cuando quedó atrapado en la ahora famosa debacle de Titan, ya que el valor del token se desplomó casi a cero.

Brew no pudo resistirse a la perspectiva de rendimientos astronómicos, por lo que tomó su arado. Encontró un fondo de liquidez llamado Swerve donde podía depositar la moneda estable Tether por un rendimiento anual del 300 por ciento (los agricultores más madrugadores habían cosechado rendimientos iniciales del mil por ciento). Y proporcionar liquidez para una moneda llamada Swampy daba rendimientos de 5 por ciento al día, además de que el precio de Swampy en un momento llegó a duplicarse diariamente. Sus mayores ganancias vinieron de Cake, el token nativo de una bolsa descentralizada llamada PancakeSwap, que se disparó en abril. Comenzó el año con una modesta cantidad; unos meses después, dice, cosechaba cifras de siete dígitos.

Monitorear sus granjas era un trabajo de tiempo completo. “No puedes darte el lujo de distraerte”, dice. “Si se lanza un nuevo fondo de liquidez o si te pierdes una preventa”, dejaste pasar la oportunidad. Un día, Brew estaba surfeando en Malibú cuando recibió un mensaje de un amigo que decía que Pancake Bunny, una plataforma DeFi en la que él había dejado en depósito tokens de Cake, había jalado la alfombra. “Pensé que todo mis cakes se habían ido”, dice. Afortunadamente, cuando revisó su cuenta, sus tokens todavía estaban allí; el jalón de alfombra había afectado un token diferente asociado con la plataforma.

Después de haber aprendido de sus pérdidas pasadas, Brew bloqueó el 75 por ciento de su cartera criptográfica de tal manera que no pudo tocarla durante un año. “Puedo caer en la situación de no tener el autocontrol para tomar una decisión racional”, dice. Todavía toma riesgos con los tokens restantes. “Creo que es la única forma que conozco de ganar dinero”, dice.

Nocoineros

Cuando hablé con Amy Castor, no me reveló su ubicación. No ha recibido amenazas explícitas, pero esta declarada “nocoiner” ha ganado enemigos con sus artículos y tuits que expresan dudas sobre el valor de las criptomonedas y la tecnología blockchain. Así que prefiere mantener en secreto su paradero. “Mientras mayor amenaza seas para esta industria, más gente querrá ir tras de ti”, dice.

Castor lo sabe: solía trabajar en la industria. Como escritora de publicaciones centradas en criptografía, viajó por todo el mundo asistiendo a conferencias y a veces IOHK, la compañía detrás de Cardano, una plataforma blockchain iniciada por un cofundador de Ethereum, pagaba sus viáticos. “Me divertí mucho, viajé, fiesteé y bebí de más”, dice.

“La gente decía: ‘Eres familia, eres uno de nosotros’”. Su relación con la familia se fracturó cuando Castor comenzó a investigar para un artículo que disgustó al fundador de Cardano, Charles Hoskinson. “Cuando comencé a escarbar hondo, me echaron”, cuenta. Un portavoz de IOHK dice que la compañía está “comprometida con el principio de total independencia editorial y nunca trataría a un periodista de manera diferente en función de lo que ha escrito sobre nosotros en el pasado”.

Por las mismas fechas, Castor comenzó a seguir los textos de David Gerard, un crítico de las criptomonedas de Londres. Gerard no oculta su desdén por la cadena de bloques y sus fanáticos. “Hay mucho que objetar acerca de la criptografía, está llena de estafas, la minería es destructiva, pero mi objeción siempre ha sido la gente”, dice Gerard. Castor dice que él la ayudó a comprender el “culto a bitcóin” y “comencé a escribir más y más piezas que eran críticas con la esfera cripto”.

El problema fundamental con bitcóin, argumenta Gerard, es que es un “juego de suma negativa” diseñado para pagar a los primeros inversores a expensas de los inversores posteriores, un acuerdo tipo Ponzi que está destinado a colapsar. El bitcóin como medio de intercambio no tiene sentido, dice, porque es lento, caro y volátil. Como profesional de TI, Gerard se muestra escéptico sobre los contratos inteligentes de Ethereum: “No es un contrato y no es inteligente. Es literalmente un pequeño programa informático en la cadena de bloques. En la informática real, los llamamos activadores de bases de datos o procedimientos almacenados, y nunca los usas si puedes evitarlo... es una pesadilla de ingeniería”.

¿Tienen algún valor los criptoactivos? Sí, dice Gerard: “Comprar cosas que tu gobierno no quiere que compres. Esa es una forma neutral de decir que esto es para las drogas y los maleantes”.

En la prensa cripto, los nocoiners sirven como un contrapeso a la narrativa triunfalista. Siempre se dice en broma que los bitcoiners pueden interpretar cualquier noticia como “buena para bitcóin”, ya sea que China tome medidas contra la minería o que Musk anuncie que Tesla ya no aceptará bitcoines debido a su impacto ambiental. Castor, Gerard y un grupo de escépticos rechazan estas narrativas optimistas. Castor se ha centrado últimamente en la adopción del bitcóin como moneda de curso legal en El Salvador, que Twitter celebró a pesar de que las decisiones del presidente salvadoreño socavan las instituciones democráticas del país.

Castor entiende el atractivo del mundillo, “puedo entender por qué la gente cae en el engaño”, dice. “Es parte de todo un sistema de creencias”. Pero ella argumenta que la razón principal por la que la gente se convence es la “adrenalina, esa misma emoción que la gente siente con la adicción al juego”. Las justificaciones filosóficas de los criptodevotos son pura fachada, según Gerard. “Dirás y harás cualquier cosa, abrazarás cualquier ideología tonta, seguirás los movimientos y repetirás eslóganes, con tal de hacerte rico gratis”, explica.

Castor llegó a tener criptoactivos, pero le provocaron ansiedad, “eran como una papa caliente”, señala. “Me dio miedo, juega con tu mente”. Puede ser embriagador para un inversor, pero “también tiene el potencial de destruirlo”, dice. “Es como El señor de los anillos”. Gerard nunca ha comprado una moneda. “No siento que tenga que sumergirme en una cloaca para decirle a la gente que sumergirse en una cloaca no es una buena idea” (aquí debo confesar que decidí comprar algunas monedas diferentes en abril como inversión y ver qué pasaba, se han desplomado).

Gerard sostiene que DeFi puede ser la amenaza más insidiosa de todas. “No está produciendo nada económicamente”, expone, y los inversores amateur podrían verse perjudicados por los inversores profesionales.

Los nocoiners se enfrentan al problema de Pedro y el lobo. Gerard lleva anunciando la desaparición de las criptomonedas desde hace una década. “Me he equivocado mucho con el bitcóin”, dice. Sin embargo, eso no socava sus argumentos: “Muestra lo estúpido que puede ser el mercado”.

A diferencia de muchas de sus contrapartes pro-cripto, los anti-cripto no se están haciendo ricos. Gerard gana un ingreso modesto escribiendo y autoeditando sus libros, como Attack of the 50 Foot Blockchain, pero Castor a veces tiene dificultades para llegar a fin de mes. Le pregunté si alguna vez organizarían una conferencia para nocoiners. “Sí, pero nadie la financiaría”, contesta.

Soldados Doge

Tim Ursich Jr. no entendió el tuit de Elon Musk: “Una palabra: Doge”. Creyó que era un error tipográfico y no pensó más en el asunto.

Pero luego vio referencias a Dogecoin en todas partes. Curioso, buscó a sus criptogurús, un grupo de tenistas a los que trataba como quiropráctico en su clínica deportiva en el condado de Los Ángeles. “Su respuesta fue que es algo divertido para aquellos que no entienden el mercado pero quieren sentirse parte de una comunidad”, apunta.

Ursich, que tiene hiperactividad, dice que siempre está buscando formas de canalizar su energía. Inmediatamente congenió con la comunidad Dogecoin, “son súper divertidos y relajados, son como los hippies de los años sesenta, nada realmente les molesta”.

Le encantó que comenzara como una broma para burlarse de bitcóin (el nombre ‘doge’ se tomó de un meme de un perro de raza shiba inu con la palabra ‘dog’ deliberadamente mal escrita), y además le gustan los perros.

Dogecoin se parece más a bitcóin que a Ethereum. No tiene ninguna utilidad intrínseca y ningún valor más que lo que otros están dispuestos a pagar por él. Pero a diferencia de los bitcoines, no hay límite en el suministro de doges.

La visión de Ursich del futuro de las criptomonedas es simple: “Si bitcóin es el oro, Ethereum es la plata” y el Dogecoin se convertirá en la calderilla, el ‘cambio’, el ‘suelto’ de las criptomonedas (en este momento el doge vale aproximadamente 27 centavos de dólar frente a 45 mil 700 del bitcóin y los 3 mil 150 dólares del ether).

A medida que la moneda ganó tracción, su precio subió. El equipo de baloncesto Dallas Mavericks y el de béisbol Oakland Athletics comenzaron a aceptar Dogecoin como pago por las entradas. Musk dijo que estaba trabajando con los desarrolladores de Dogecoin para “mejorar la eficiencia de las transacciones del sistema”. “Ya no era solo una moneda meme de broma”, dice Ursich.

El éxito generó competencia, monedas memes como SafeMoon, Shiba Inu y Doge Killer prometieron rendimientos similares. Para Ursich, estas monedas eran simplemente “raspaditos de lotería” creadas para ganar dinero rápido. Muchos dogecoiners las atacaron. La reacción airada en su propia comunidad afligió a Ursich. Organizó una sala de chat de audio en Twitter y criticó la negatividad dentro de las filas del ejército Doge. “No hables mal de otras comunidades”, dijo. “Nuestro mensaje es hacer solo el bien”. Gracias en parte a ese discurso apasionado, su cuenta de Twitter, TheDogeCoinMilitia, ahora tiene más de 40 mil seguidores.

A pesar de su prominencia, pocos consideran a Dogecoin como un rival serio de las llamadas blue chips del cripto. Algunos críticos argumentan que Dogecoin personifica el giro posmoderno de la era GameStop, en la que los precios de los activos pueden subir y bajar sin una conexión aparente con el valor subyacente. “El doge es solo narrativa”, afirma Chris Blec, un consultor que dirige el sitio DeFi Watch, que pide una mayor transparencia en las criptomonedas. El analista financiero Demetri Kofinas denuncia este fenómeno como “nihilismo financiero” y argumenta que está vinculado a un problema mayor de dislocación social y existencial. “Es por eso que las teorías de la simulación se han vuelto tan populares”, dijo en una reciente charla en línea, refiriéndose a la idea (también proclamada por Musk) de que tal vez estamos viviendo en una Matrix generada por computadora. “Existe la sensación de que la realidad es menos relevante”.

A diferencia de otras monedas meme, podría decirse que el doge tiene valor por Musk. La criptografía a menudo suele describirse como un culto, pero Dogecoin se ajusta mejor a la definición que otros tokens, dice Sam Lessin, inversor y socio de Slow Ventures.

“Elon Musk es uno de los más grandes líderes de culto modernos”, expone. En el entorno financiero actual, seguir al líder del culto puede ser, de hecho, una decisión racional, dice. “Si haces lo que dice Elon primero, ganarás dinero”.

Para Ursich, lo atractivo de la criptodivisa del perro no es su precio, sino la comunidad, especialmente durante la pandemia. Aunque no pudo ver a su hermana y su familia, que viven en Montana, estrechó lazos con su sobrina de 12 años gracias a los memes del doge. “No podía preguntarle por la escuela o el baloncesto, pero siempre podíamos hablar sobre el doge”, dice. En este sentido, Dogecoin, y realmente cada token, es un token social.


▲ Sal Strom. La idea de dinero que no necesita un gobierno o un banco “simplemente tenía sentido para mí”.

▲ Jack Brew. El gusto por el póquer lo llevó a la criptografía, lo que llevó a la “agricultura de rendimiento”.

▲ Michael Babyak. Encontró a Ethereum como “la comunidad más universalmente acogedora del mundo”.

▲ Jamy Castor “Empiezas a preguntar, ‘¿Cómo sucedió esto? ¿Quién está detrás de esto?”.

● México es el lugar número 23 en adopción de criptomonedas.

● 2 mil 230 monedas digitales han dejado de existir desde hace más de 11 años que comenzó el rastreo por estafas, fallas en la oferta pública y nulo volumen de operación, entre otros problemas.

Los criptos más utilizados en el país son los siguientes

:① Bitcoin

② Etherum

③ TrueUSD

④ Ripple XRP

⑤ DAI

⑥ Litecoin

⑦ BitcoinCash

⑧ Decentraland

⑨ BAT

Este texto es parte de la revista Bloomberg Businessweek México ‘La fe en cripto’. Consulta aquí la edición fast de este número.