Éste es el último taller de lana de Bernal... y se resiste a desaparecer
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Éste es el último taller de lana de Bernal... y se resiste a desaparecer

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Éste es el último taller de lana de Bernal... y se resiste a desaparecer

La Aurora, que se ubica en el centro del famoso Pueblo Mágico queretano, cumple ya 48 años de existencia

Lucero Almanza
27/11/2018
Flor Julia Dorantes de Montes, administradora de La Aurora.
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BERNAL, Qro.- Lo que inició como una historia de amor se convirtió en un negocio familiar que ha sobrevivido durante cinco generaciones, ya que ahora enfrenta los retos y dificultades de la actividad artesanal, donde la demanda y la oferta no siempre operan en armonía.

Con 48 años de existencia, el centro artesanal La Aurora –nombrado así por el primer rayo de sol que aparece día con día– es el último de los talleres de lana que existe en el Pueblo Mágico de Bernal, en el municipio de Ezequiel Montes.

En el lugar se trabajan piezas como cobijas, cojines, capas, chales, tapetes, entre otros.

La señora Flor Julia Dorantes de Montes, quien administra el lugar desde que abrió comercialmente al público en los años 70, advierte el declive de los artesanos de lana en Bernal, donde había más de una decena de talleres y actualmente sólo hay uno.

Explica que La Aurora se ha mantenido porque han diversificado la confección de piezas y prendas, además de buscar la venta de productos de otros hilados. “Anteriormente sólo era la cobija y el jorongo, pero mi esposo fue innovando a hacer tapetes, cojines, bufandas, capas, distintas formas de jorongo, fue muy creativo; ahí fue como resurgió y fue nombrada La Aurora”, recuerda.

—¿Qué han hecho para sortear la situación?

—Hay que ser creativos, buscar nuevos modelos, y me ha ayudado fijarme en lo que traen puesto los propios clientes y de ahí tomar ideas para los diseños.

UN NEGOCIO Y UNA PROMESA

Desde niña, la señora Flor conocía a la familia Montes Vega, quienes tenían, entre otras actividades y negocios en Bernal, un taller de tejido de lana al interior de su casa ¿Quién diría que pasados los años se casaría con uno de los hijos de don Camilo y doña María?

La química se dio al instante, asegura Flor, y hacia los años 70 contrajo matrimonio con Humberto Tomás Montes Vega, quien decidió abrir una tienda, un centro artesanal en lo que en su momento era un establecimiento de abarrotes familiar.

A partir del sueño que tenía don Humberto de poner no sólo un lugar para vender cobijas, sino un centro artesanal que diera nombre y presencia al tejido de lana tradicional de Bernal, la pareja apostó por La Aurora.

En el primer año de casados –hacia el año de 1971– comenzaron el negocio con apenas tres piezas de tejido, las cuales ponían a la vista del público, ya que antes no existían centros de lana abiertos a la gente.

“Recuerdo que cuando éramos niños, no tenían lugares (tiendas y talleres de lana) abiertos al público en Bernal”, rememora Flor.

“En su casa, la familia exhibía sus jorongos, sus cobijas, existen algunas fotografías de ello, y en Bernal había varios telares.”

La ilusión de don Humberto se volvió realidad de la mano de su mujer, puesto que luego de poco más de tres décadas de haber perdido al amor de su vida, la señora Flor continúa en pie de guerra para que el taller de tejido se mantenga a pesar de los cambios generacionales.

“Mi noviazgo, mi matrimonio fue algo muy hermoso. Voy a cumplir 33 años de viuda, pero no hay un día que no anhele llegar y abrazar a mi señor, que con el favor de Dios me está esperando. De que mi amor perdure por este hombre maravilloso, a quien yo le prometí que este centro artesanal llegaría a ser grande, porque él soñaba con ello”, enfatiza.

LO QUE FUE

Entre algunos de los otros talleres del ahora Pueblo Mágico, se encontraban el de don Conchito Rincón y Agustín Pérez, el de don Sebastián Lira, Tacho Barrera, Abel Anaya, y don Epifanio, pero ahora sólo queda uno.

— ¿Qué fue lo que pasó?

— Los talleres fueron cerrando porque era incosteable, ya no vendían, no tenían artesanos.

La administradora de La Aurora indica que actualmente trabajan con ella seis tejedores, algunos de ellos desde hace 20 o 30 años.

“Toda una vida, pero aún es una fuente de ingreso para todo el pueblo, porque salgo a las casas a entregar y recoger colchas o manteles, tapetes para que los terminen, las personas nos hacen los acabados de macramé o meter las puntas”, dice.

Expone que hay piezas de lana que se guardan hasta nueve meses a lo largo del año, ya que la temporada de venta fuerte es en invierno, cuando hace frío. Esto implica una situación difícil para este sector, donde se tienen que cubrir gastos de producción y pago de nómina.

EL LEGADO

A las nuevas generaciones no les interesa esta actividad. “Desde que Bernal se hizo más turístico, con tanto restaurante, tanto hotel, la gente gana más fácil el dinero así, que con una artesanía; entonces, lo que dicen es que la artesanía no está bien pagado”, señala.

Asimismo, los tiempos de producción son más amplios, y en muchas ocasiones esto impide cumplir con la demanda de los clientes; además, el manejo de la lana está sujeto a condiciones como el clima, que no está en manos de los artesanos.

“No sé hasta qué tiempo pueda estar yo aquí, no sé, pero yo tengo mucha ilusión de que mis hijos sigan con el negocio”, comenta Flor Dorantes, y confía en que posiblemente una de sus nietas pueda seguir sus pasos, pues le gusta hacer sus propios diseños.

La administradora del taller menciona que tienen clientes que compran a mayoreo y que lo venden a otros países. “Están llevando para Canadá, para lugares de Estados Unidos como Washington y California, así que eso nos ha ayudado”.

Respecto al apoyo de las autoridades al sector artesanal, Flor declara que se requiere de una mayor asesoría y orientación, ya que hasta ahora se le ha dificultado acceder a los programas tanto del gobierno estatal como federal.