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Emprender: nuevo puesto de trabajo

La única forma que se tiene para apoyar el desarrollo académico, profesional y personal de los jóvenes es el capacitarlos con las competencias que el mundo actual demanda.

Los diagnósticos de las necesidades de capacitación de las empresas destacan dos pilares de personal a buscar.

Por una parte, las habilidades blandas, que se espera sean adquiridas por los jóvenes universitarios. Por la otra, el desarrollo de conocimientos técnicos especializados en el mercado laboral al cual se integra los egresados universitarios.

El Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) en su Nueva Visión de la Educación (2015) resalta el potencial de abrirse a la tecnología. El documento subraya destrezas que preparan a las personas al trabajo del siglo XXI.

Este las divide en tres núcleos: elementos fundamentales, competencias y características del carácter de la persona.

En el primer núcleo señala: capacidad de leer, habilidad numérica, conocimientos científicos, manejo de tecnologías, conocimiento financiero y cultura cívica. En las competencias destaca: pensamiento crítico, comunicación, colaboración y creatividad. Por último, entre las características personales subraya: curiosidad, iniciativa, persistencia, adaptabilidad, liderazgo y conciencia social.

En concreto, su perspectiva se focaliza en las habilidades transversales que aseguran la capacidad de los trabajadores ante los retos de una actualización exponencial del conocimiento.

Hoy en día la cantidad de información y conocimiento que se genera en periódicos, revistas, publicaciones en línea, bibliotecas digitales y centros de investigación sobrepasa las habilidades cognitivas de procesamiento humano.

Este hecho lleva a entender por qué siempre las universidades están en un desfase de formación ante los retos del mercado laboral.

La única forma que se tiene para apoyar el desarrollo académico, profesional y personal de los jóvenes es el capacitarlos con las competencias que el mundo actual demanda, y con conocimientos generales y certificaciones de aptitudes específicas que permitan a cada persona tener un trabajo.

Esto cambia el antiguo modelo de formar a los estudiantes como "pizarras blancas", a las que se integra conocimiento o conductas medibles, y surge un nuevo paradigma en el cual la educación resalta el perfeccionamiento de las fortalezas individuales que posee el individuo.

Ahora se impulsa el desarrollo íntegro con las bases científicas y tecnológicas que permitan el integrarse a un mercado laboral incierto. Este nuevo ámbito profesional inicia a sustituir la labor de manufactura de las personas por el trabajo eficiente de robots o automatizaciones.

De ahí que cada individuo requerirá fomentar un plan de vida, establecer metas a corto plazo, adaptarse a nuevos retos laborales y generar un proceso de actualización permanente. Si a esto le agregamos las características personales que resalta el WEF, nos quedamos con el perfil de un emprendedor.

El reto es formar emprendedores capaces de crear una visión personal, desarrollar una cultura de alto desempeño, producir resultados, impulsar la innovación, resolver problemas, ser capaz de trabajo en equipo, incrementar no sólo su inteligencia lógica y emocional, aceptar la incertidumbre y diseñar su futuro un paso a la vez.

*Rector Institucional de Aliat Universidades

rcampos@aliatuniversidades.com.mx