Ranchero japonés salva a vacas radiactivas de Fukushima
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Ranchero japonés salva a vacas radiactivas de Fukushima

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Ranchero japonés salva a vacas radiactivas de Fukushima

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26/01/2014
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New York Times News Service

NAMIE, Japón– La suya podría ser una de las protestas más quijotescas del mundo.

Enojado por lo que considera los intentos del gobierno japonés para ocultar las verdades inconvenientes del desastre nuclear de Fukushima, Masami Yoshizawa ha regresado a su rancho en la radioactiva tierra de nadie que rodea a la devastada planta. No tiene vecinos, pero sí abundante compañía: cientos de vacas abandonadas a las que ha prometido proteger de la orden del gobierno de sacrificarlas.

Una gran excavadora – destinada a mantener alejados a los funcionarios de agricultura – se ubica en la entrada del recién rebautizado Rancho de la Esperanza como un centinela silencioso, vigilando una entrada flanqueada por huesos de ganado blanqueados y letreros de protesta escritos a mano.

“¡Dejen vivir a las vacas de la esperanza!”, dice uno. Otro, escrito sobre un cráneo de vaca pintado de amarillo, declara “¡Rebelión nuclear!” dentro del ahora saturado rancho, las mugientes vacas se extienden de los hacinados cobertizos de ganado hacia los pastizales trillados, e incluso pasean por el patio de la casa campestre cálidamente iluminada.
 
“Estas vacas son el testimonio viviente de la estupidez humana aquí en Fukushima”, dijo Yoshizawa, de 59 años de edad, un hombre arisco pero elocuente con un historial de protestas contra su gobierno. “El gobierno quiere matarlas porque quiere borrar lo que sucedió aquí, y llevar de nuevo a Japón al status quo previo al accidente nuclear. No se los permitiré”.
 
Yoshizawa no es un sentimental; antes del desastre, criaba vacas para el rastro. Pero dice que hay una diferencia entre matar vacas para comer y matarlas porque, en su estado contaminado, ya no son útiles. Cree que las vacas en su rancho, abandonado por él y otros granjeros que huyeron tras el accidente, son tan víctimas como los 83 mil seres humanos forzados a abandonar sus casas y vivir fuera de la zona de evacuación por dos años y medio.
 
Le preocupa su propia salud. Un medidor de contaminación cerca de la casa del rancho marca el equivalente a 1.5 veces el nivel para la evacuación establecido por el gobierno. Pero teme más a que el país olvide el triple derretimiento en la planta conforme la economía de Japón muestre signos de una recuperación largo tiempo esperado y Tokio entusiastamente se prepare para las Olimpiadas del 2020; sugiriendo que su protesta es tanto una declaración política como humanitaria.
 
“Si las autoridades dicen que se mate a las vacas”, dijo, “entonces yo decido hacer lo contrario salvándolas”.
 
Las vacas en el Rancho de la Esperanza son lo que queda de una industria ganadera alguna vez próspera en las ciudades que rodean a la planta.
 
Rebaños enteros murieron de hambre en las semanas posteriores a la partida de los residentes. Las vacas que sobrevivieron escaparon de sus ranchos para buscar comida entre las casas y las calles vacías, donde se convirtieron en un riesgo de tráfico para los camiones que trasladaban a trabajadores y suministros hacia y desde la planta afectada. Proclamando a los animales “restos andantes del accidente”, funcionarios del Ministerio de Agricultura ordenaron que fueran reunidas y sacrificadas, y sus cuerpos fueran quemados o sepultados junto con otros desechos radioactivos.
 
Indignado, Yozhizawa empezó a regresar a su rancho poco después para alimentar a lo que quedaba del rebaño que él había estado atendiendo. Eventualmente decidió regresar de tiempo completo para convertir el rancho en un refugio para todas las vacas abandonadas del área. De las aproximadamente 360 vacas en su extensión de 32.4 hectáreas, más de la mitad son las que otros dejaron atrás.
 
Su inspiración
 
Aunque describe su protesta en términos principalmente políticos, su explicación de regresar pese al posible peligro está teñida de un tinte de emoción. Describe su horror al visitar las granjas abandonadas donde encontró hileras de vacas muertas, con sus cabezas caídas dentro de los comederos donde habían esperado ser alimentadas. En un granero, un becerro recién nacido balaba con voz ronca al lado de su madre muerta. Dijo que su decisión en respuesta a un impulso de salvar al becerro, al cual llamo Ichigo o Fresa, fue su inspiración para tratar de salvar a los otros animales abandonados.
 
Sigue recorriendo la zona de evacuación en busca de los sobrevivientes a menudo esqueléticos, a los cuales a menudo tiene que jalar de las orejas para hacerlos seguirle a casa. Intenta eludir los retenes policiacos; es técnicamente ilegal que alguien viva de la zona de evacuación. Sin embargo, ha sido detenido media docena de veces y obligado a firmar declaraciones preelaboradas de disculpa por entrar a la zona. Lo ha hecho, pero solo después de tachar las promesas de no hacerlo de nuevo.
 
Yoshizawa no es nuevo en desafiar a la autoridad, tras haber protestado contra la planta nuclear antes. Pero dice que se sintió particularmente resentido después del accidente de Fukushima, el cual teme pudiera arruinar permanentemente el rancho que él heredó de su padre.
 
No ayuda que su ciudad, Namie, se sintiera especialmente engañada por sus líderes. Después de escuchar las explosiones en la planta, cuyas chimeneas y grúas son visibles desde su cocina, él y muchos otros residentes terminaron huyendo hacia la nube radioactiva porque el gobierno no reveló información crucial sobre el accidente.
 
“Necesitaba encontrar una nueva filosofía para seguir viviendo”, dijo Yoshizawa, quien es soltero y vive solo en el rancho. “Luego me di cuenta, ¿por qué Japón está siendo tan sumiso al aceptar lo que las autoridades les están diciendo? Decidí convetirme en la resistencia”.
 
En una reciente mañana fría, Yoshizawa usó una pequeña excavadora para trasladar pacas de tallos de arroz amarillos para alimentar a las vacas, dos o tres veces el número que dice que su rancho puede alimentar de manera sustentable. Las vacas, principalmente de una raza conocida como Negra Japonesa premiada por su carne marmoleada estilo wagyu, mugían hambrientas mientras se empujaban unas a otras para tomar un bocado.
 
Yoshizawa dice que un temor es que se acabe el alimento. Como el enorme rebaño ya ha pastado en los campos hasta dejarlos en rastrojo, ahora depende de las contribuciones de alimento y dinero. Otra preocupación es lo que vivir en medio de la contaminación está causando en las vacas, y en él mismo.
 
Una revisión poco después del accidente mostró altos niveles de cesio radioactivo en su cuerpo, aunque dijo que la cifra ha disminuido en los últimos dos años. Trata de mantener su contaminación lo más baja posible usando agua filtrada y comprando alimentos en viajes fuera del área.
 
Las vacas, sin embargo, están ingiriendo constantemente materiales radioactivos que permanecen en el suelo y los pastos; como la mayoría del alimento donado que recibe es de la región, también está contaminado.
 
Diez de las vacas han desarrollado pequeñas manchas blancas en sus cabezas y flancos que él piensa son resultado de la exposición a la radiación. Expertos dijeron que nunca habían visto esas manchas antes, pero señalaron que son posibles también otras causas, incluida una infección por hongos por el hacinamiento.
 
Yoshizawa ha atraído a un pequeño grupo de simpatizantes, pero también tiene críticos, que dicen que está manteniendo vivos a los animales en condiciones menos que humanas para hacer una declaración política.
 
“Al ver a la concentración excesiva de animales, personalmente no creo que esto sea muy humanitario”, dijo Manabu Fukumoto, un patólogo del Instituto de Desarrollo, Envejecimiento y Cancerología en la Universidad de Tohoku que estudió las manchas blancas.
 
Yoshizawa señala irónicamente que las vacas están viviendo mucho más de lo que habrían vivido si hubieran sido conducidas al rastro.
 
Por ahora, las autoridades locales han propuesto una solución muy japonesa al desafío de Yoshizawa: hacerse de la vista gorda. Funcionarios locales en Namie niegan tener conocimiento de él o de cualquier otra persona que esté viviendo dentro de la zona de evacuación; pese al hecho de que han restablecido la electricidad y el servicio telefónico en el rancho.
 
Yoshizawa no facilita que se le ignore. Continúa apareciendo en los medios noticiosos japoneses, lleva un blog con una webcam en vivo del rancho y celebra protestas individuales ocasionales frente a las oficinas centrales de la operadora de la planta, la Compañía de Energía Eléctrica de Tokio.
 
“No todos los japoneses son pasivos”, dijo Yoshizawa. “Mis vacas y yo demostraremos que sigue habiendo una posibilidad de cambio”.