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¿Por qué olvidamos ciertos recuerdos de la infancia?

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¿Por qué olvidamos ciertos recuerdos de la infancia?

bulletDe niños podemos guardar algunos recuerdos que al dejar la infancia se desvanecen, a este fenómeno se le llama 'amnesia infantil'.

Redacción
21/09/2020
Una hipótesis es que la corteza prefrontal del cerebro no contribuye de forma adecuada a la formación de la memoria en edades muy tempranas.
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Nuestra incapacidad de recordar muchas de nuestras experiencias tempranas es un fenómeno que se conoce como 'amnesia infantil'. La razón exacta de por qué olvidamos estos recuerdos es un misterio, aunque existen dos hipótesis que ofrecen una posible explicación.

Los sistemas cerebrales que contienen nuestras experiencias de la memoria —el hipocampo y el lóbulo temporal medial— parecen funcionar razonablemente bien al cabo del primer año de vida. Los bebés y niños pequeños pueden recordar ciertas cosas, como haber recibido un regalo de parte de su tío favorito o haber roto un juguete amado. Sin embargo, después de la niñez temprana estos recuerdos se desvanecen o desaparecen.

De niños podemos guardar algunos recuerdos que al dejar la infancia se desvanecen, a este fenómeno se le llama 'amnesia infantil'.

Una hipótesis es que quizás la corteza prefrontal del cerebro no contribuye de forma adecuada a la formación de la memoria en edades muy tempranas. El recuerdo de un acontecimiento consiste en información que, al ser unida, configura una imagen completa: cuando intentamos evocar un recuerdo, usamos como «una pista» partes de un recuerdo que no son tan relevantes como el acontecimiento en sí —por ejemplo, el lugar en el que uno estaba parado—, pero sí son útiles para la memoria. Recordar esta información contextual invoca a la corteza prefrontal, que se desarrolla a lo largo de la niñez e incluso durante la edad adulta. Si esta parte del cerebro no ayuda a la formación de la memoria desde una etapa muy temprana de la vida, es posible que el niño no consiga formar recuerdos vívidos y duraderos.

Otra posibilidad es que nuestras representaciones mentales del mundo —los elementos a partir de los que formamos nuestros pensamientos y recuerdos— se transformen durante los primeros años de nuestras vidas. Por ejemplo, es muy posible que el aprendizaje de la lengua materna cambie drásticamente la forma en la que el niño percibe el mundo. Así, es posible que, con el paso del tiempo, se vuelva cada vez más difícil evocar recuerdos muy tempranos, en especial aquellos formados por representaciones mentales anteriores al lenguaje.

La flexibilidad de nuestro cerebro y su capacidad de aprender información fresca para adaptarse a experiencias nuevas, son muy valiosas para nuestra supervivencia. Al parecer, una consecuencia accidental de estas cualidades es la amnesia de nuestros primeros años. La madurez —esto es, deja atrás nuestros hábitos infantiles— puede costarnos nuestros primeros recuerdos.