Ayala Blanco celebra 50 años de crítica con nuevo libro
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Ayala Blanco celebra 50 años de crítica con nuevo libro

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Ayala Blanco celebra 50 años de crítica con nuevo libro

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21/01/2013
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José David Cano
 
Era una mañana fría, aunque calurosa, en casa de Jorge Ayala Blanco; siempre ha sido así: nadie como él —con su humor, su afabilidad, su ironía, su inteligencia, su asombrosa capacidad para enterarse de la grilla en el ámbito cinematográfico— para hacer sentir apacible al visitante. Sí, uno puede estar horas y horas platicando con él, y aquello nunca terminaría...
 
Tampoco es para menos: hablamos del que quizá sea nuestro crítico de cine más consumado en México... Por lo menos así es para muchos lectores (me incluyo desde luego entre ellos) que lo leen desde hace una semana, un año, o 10, o 20, o desde hace medio siglo, cuando en realidad comenzó a ejercer el oficio. Sí, justamente esto, los 50 años ejerciendo de manera ininterrumpida la crítica cinematográfica —y un libro nuevo en su haber—, era lo que nos había llevado una mañana fría a su casa para charlar con él.
 
Desde luego, empezamos la conversación desempolvando algunos recuerdos:
 
—Comencé a ver películas en los cincuenta, cuando tenía unos ocho años. Iba con mis dos hermanos. Mi práctica de la crítica creo que se desarrolló mucho ahí, porque tenía muy buena relación con mi abuela. Ella, que además de ser una mujer sabia era joven, ya no iba al cine. Un día me dijo que quería que le platicara la película, y así lo hice durante los siguientes años. Le gustaba mucho...
 
Entonces recordé aquella novelita de Hernán Rivera Letelier: La contadora de películas, la cual narra la historia de María Margarita, una niña que se convierte en la mejor contadora de películas de su pequeño pueblo. El maestro Jorge sonrió:
 
—Sí, claro, es una linda la novela —dijo; luego, añadió:—, mi abuela quería que le explicara porqué me había gustado tal o cual película. Quería que le platicara de tal modo las cosas que casi describía escenas completas que me habían gustado. Ahora que lo veo, creo que eso me fue fogueando. Gracias a eso también fui moldeando mi lenguaje; necesitaba que fuera muy plástico y lírico, que fuera lo suficientemente atractivo para que mi abuela pudiera ver el filme a través de mis ojos; lo cierto es que no sé si le interesaba realmente la cinta o sólo ver mis reacciones...
 
Eso sí: algo cambió cuando Ayala Blanco tenía 12 años y ocho meses: "En ese momento descubrí mi verdadera vocación, leyendo una crítica de cine del maestro Efraín Huerta. Ahí fue que supe que quería ser crítico de cine."
 
—¿Recuerda de qué hablaba su primera crítica, maestro?
 
—Si mal no recuerdo era sobre un filme de Richard Brooks, que se llamaba 'Dulce pájaro de la juventud' [1962]. Era una adaptación de una obra de teatro de Tennessee Williams. Por supuesto lo titulé 'El amargo pájaro de la ineptitud'. O sea, empecé escribiendo en contra de una película, justamente. La nota apareció el 21 de enero de 1963. Me faltaban 4 días para cumplir los 21 años.
 
Obvio, tras 5 décadas las cosas han cambiado. A sus 71 años (nació en 1942), Jorge Ayala Blanco se ha consagrado como uno de los mejores críticos cinematográficos, y uno de los más activos (tiene más de una veintena de libros bajo su firma), además de que tiene por lo menos 49 años de ejercer de profesor.
 
—¿Qué mira, maestro, cuando mira hacia atrás?
 
—Algo pavoroso. No puedo echar una mirada retrospectiva sin sorprenderme de cómo ha sido mi práctica de la crítica de cine a lo largo de 50 años, desde mis primeras notas. Por un lado hay un estilo que estaba en formación. Todavía no sabía muy bien mi definición; había cosas que eran como de periodista, y otras que eran como de ensayista. Luego me di cuenta que eso es una falsa dicotomía, me di cuenta que era un falso problema. Finalmente, me dije, estoy ejerciendo el periodismo, y también estoy ejerciendo la crónica... y, en sí, toda una serie de géneros periodísticos se pueden manejar. Y es que, aunque sea una pinche crítica de cine, tú tienes que plantearte problemas formales; es inevitable. Y si te planteas problemas formales tienes que plantearte problemas de estilo.
 
—Ya que habla de eso...
 
—Lo reconozco: mi estilo sí ha sido muy cambiante. Cada vez es más compacto. Por supuesto, tengo la experiencia de todo lo que he trabajado en 50 años. A lo mejor si alguien ahora se acerca a alguna nota de hace 20 años, cuando era 'Cinelunes exquisito' (aquí en EL FINANCIERO), le parecerá hoy un lenguaje ligero, y no es así. Soy consciente de que lo que divide a una crítica, digamos cultural sobre cine, de una simple crónica o reseñita es obviamente que llegas a ideas, es obvio que estás manejando ideas. Y también debes tener una gran cantidad de información. Tienes que ser concreto, y tener un lenguaje muy plástico, muy descriptivo, que te obligue a volver a ver la película a través de los ojos del que está escribiendo. Son toda una serie de preocupaciones que, creo yo, siempre me han asaltado, y que a lo largo de mis cinco décadas han sido diferentes las respuestas...
 
—¿Se imaginaba llegar a este punto...?
 
—No, en lo absoluto. Jamás me imaginé ver mi trayectoria en retrospectiva y verla, digamos, como debe verse: más que con regocijo, con horror, jaja. He pasado por tantísimas cosas. Ahora, ¿cómo la he vivido? Pues de una manera idealista y de una manera realista, una mezcla. En otras palabras, siempre la he visto al mismo tiempo como una epopeya de la inteligencia y una farsa de la impotencia. Mezcladitas. Y lo importante: no creértela. Lo que ahora me sorprende es el récord Guinness: 50 años de escribir crítica de cine semanalmente, sin fallar ninguna...
 
Así, al final nos despedimos con un buen apretón de manos. Sin que se diera cuenta, volteé y le vi... entonces me imaginé aquel niño de ocho años que contaba las historias de las películas a su abuela. No tuve valor ni se me ocurrió decirle que me contara alguna como para corroborar ese talento; después de todo, me dije para mis adentros, es lo que viene haciendo cada lunes desde hace casi 25 años en estas mismas páginas culturales, ¿o no?