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Fibra prehispánica podría incursionar en el mundo de la moda en México

La maestra de la Ibero , Ana Cecilia Martínez, impulsará la experimentación textil con el izote, una fibra prehispánica. Su investigación Izote, Izcotl. Fibra con identidad, ganó el Premio Tenerife por el estudio relacionado con el cultivo y el hilado de este material.
Redacción 
16 enero 2015 15:37 Última actualización 16 enero 2015 16:6
Izote

Morral tejido con Izote. (Cortesía)

La maestra Ana Celia Martínez Hernández, de la Licenciatura en Diseño Textil de la Universidad Iberoamericana, impulsará la experimentación textil con izote, fibra cuyo uso se remonta a los tiempos prehispánicos y que podría incursionar en el terreno del diseño de modas mexicano.

El izote (Yucca aff. Jaliscensis), planta aparentemente endémica de Zumpahuacan, Estado de México, ha sido utilizada por artesanos desde tiempos anteriores a la Colonia, por lo que a lo largo de los siglos fue domesticada y hoy tiene mejoras que le han permitido contar con hojas más largas y más fibra en su interior.

Por medio de su investigación Izote, Iczotl. Fibra con identidad, tradición y permanencia, objeto de su tesis de maestría, logró ganar por decisión unánime el Premio Tenerife. La académica de la Ibero presentó un estudio que  el largo proceso de cultivo e hilado de esta fibra semidura, cuyo potencial no ha sido explotado completamente.

Así, con el fin de rescatar el uso del izote, presente en documentos históricos como el Códice de Tributos de los mexicas y el Códice Mendocino, la maestra Ana Celia Martínez creó dos fibras, una de izote hilado con algodón y otra de izote hilado con lana, las cuales ha ofrecido a ladiseñadora de modas y académica de la Ibero Lydia Lavín y a la hija de ésta, la también diseñadora Montserrat Messeguer, con el fin de que experimenten con ellas.

La maestra Martínez destacó que al iniciar su contacto con la comunidad de Zumpahuacan en 2010, no había más de 15 personas mayores de 50 años que supieran trabajar la fibra y conocieran todo el proceso de su hilado, que puede llevar hasta 20 días.

Por esto propuso a sus habitantes un taller que les permitiera intercambiar conocimientos con ella, y capacitar a mujeres y jóvenes en el manejo creativo del izote.

Gracias a esta actividad, que derivó no sólo en la enseñanza de la confección de morrales, sino en nuevas propuestas de los artesanos, como carteras, figuras ornamentales o puntas de rebozo, la cantidad de habitantes que ahora trabajan la fibra del izote se incrementó, lo que trajo una nueva generación de artesanos que será vital para rescatar esta tradición.