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Este proyecto te quiere dar un 'poder Jedi' 

La especialista mexicana, Alma Rosas Méndez, realizó un proyecto en el que utiliza una interfaz para que el ser humano pueda controlar objetos robóticos... con la mente. 
Redacción 
24 mayo 2016 19:14 Última actualización 25 mayo 2016 21:38
Diadema Neursky

El brazo robótico actualmente trabaja con portenciómetros, y buscan optimizarlo con motores a paso. (Foto tomada de conacytprensa.mx)

La tesis de maestría en ingeniería mecánica de Alma Rosa Méndez Gordillo quiere que tu cerebro pueda controlar dispositivos electrónicos, en otras palabras, que tu cerebro funcione como una interfaz cerebro-computadora.

Interfaz:
Conexión física y funcional entre dos sistemas o dispositivos de cualquier tipo.

El resultado es un sistema de interacción hombre-máquina en el cual se pueden traducir instrucciones en una interacción entre el mundo físico o virtual, en este proyecto en específico se controla un brazo robótico a través de comandos emitidos por las personas.

Al posicionar una diadema (De la empresa NeuroSky), que tiene un electrodo en la parte frontal de la cabeza, se puede controlar dispositivos utilizando tres componentes: atención, meditación y parpadeo, con esto se le brinda movimiento al brazo robótico en hasta cinco grados de libertad.

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neurosky
Funcionamiento:
La diadema trabaja a través de Bluetooth, pero buscan optimizar su funcionamiento para que pueda funcionar con Wi-Fi.

La interfaz podría permitir que las personas cuadrapléjicas, por ejemplo, puedan llegar a sostenerse por sí solas o se podrían elaborar prótesis para personas que sufren de alguna discapacidad. En el nivel industria, podría servir para elaborar dispositivos que permitan que, en trabajos que ponen en peligro la extremidad de las personas, se utilicen alternativas robóticas.

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Este es el brazo robótico que se utilizó en el estudio:

Brazo robótico

Según una nota del Consejo Nacional de la Ciencia y la Tecnología, este desarrollo se puede aplicar de manera invasiva y no invasiva. La invasiva comprende hacer un corte cerebral para insertar un electrodo; y la no invasiva comprende la colocación de un electrodo(s) de forma externa, como sucede con la diadema de NeuroSky.

Para verificar si el uso de la interfaz era viable, la experta trabajo con tres mujeres y tres hombres de entre 23 y 30 años de edad – de acuerdo a la experta, en este rango de edad es cuando se registran mayores accidentes que pueden derivar en una discapacidad y en falta de empleo –.

También era requisito que estas personas tuvieran buena salud mental, contar con todas su extremidades y no haber interactuado con otra interfaz previamente.

La especialista le dijo al Conacyt que su objetivo actual en el proyecto es ponerlo en práctica con personas con una discapacidad mayor.