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Rebotar en un asteroide en busca de las raíces
del sistema solar

La misión de la sonda espacial Osiris Rex, lanzada el pasado 8 de septiembre es volar a Bennu, asteroide rico en carbón, para recoger algunas rocas con el fin de analizar qué elementos intervinieron en la formación del sistema solar.
New York Times
17 septiembre 2016 19:46 Última actualización 18 septiembre 2016 5:5
OSIRIS REX

(Tomada de nasa.gov)

Durante los próximos dos años, la sonda espacial robótica más reciente de la NASA estará persiguiendo a un asteroide cerca de la Tierra con la esperanza de recoger algunos de los pedazos primordiales del sistema solar.

La premisa de la misión de la sonda espacial Osiris Rex es simple: volar a un asteroide, recoger algunas rocas y traerlas de regreso a la Tierra, donde los científicos estudiarán algunos de los ingredientes prístinos que intervinieron en la formación del sistema solar, incluidas, posiblemente, las piezas fundamentales de la vida.

“¿Qué aspecto tenía el material orgánico inicial?”, preguntó en una entrevista James L. Green, el director de la división de ciencias planetarias de la NASA. “Eso es lo que es realmente emocionante de esto. Esto es lo que queremos”. Los detalles son un poco más complicados.

La sonda espacial se lanzó desde Cabo Cañaveral, Florida, el 8 de septiembre sobre el cohete Atlas 5, y ya comenzó su misión que durará siete años.

Una vez fuera de la Tierra, la Osiris Rex -forma corta en inglés para decir orígenes, interpretación espectral, identificación de recursos, seguridad y explorador de regolito -se dirige a acercarse al asteroide Bennu. “Su tamaño es de más o menos 500 metros, como la altura del edificio Empire State”, comentó Green.

Descubierto en 1999, Bennu es un asteroide rico en carbón, casi negro. Los datos del telescopio espacial Spitzer de la NASA y las medidas de radar tomadas por radio telescopios en tierra indican que es “una pila de escombros” con piedrecillas de poco más de un centímetro de ancho en la superficie.

Los científicos creen que se trata de un conglomerado de desechos, sin que, en gran medida, hayan sufrido cambios durante al menos 4,500 millones de años.

“Se trata de una cápsula del tiempo desde las etapas más tempranas de la formación del sistema solar”, dijo Dante Lauretta, un profesor de ciencias planetarias y cosmoquímica en la Universidad de Arizona, quien es el principal investigador de la misión.

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cohete


La Osiris Rex estudiará a Bennu durante más de un año para seleccionar el sitio del que recogerá la muestra de roca. En julio del 2020, la sonda, más o menos del tamaño de un vehículo todoterreno, descenderá con lentitud y rebotará por la superficie como si fuera un cangurín, a un ritmo suave de 0.4 kilómetros por hora. Una cabeza para tomar muestras, que parece el filtro de aire de un automóvil, lanzará una ráfaga de nitrógeno para levantar tierra y pequeñas rocas durante los tres a cinco segundo que estará en contacto con la superficie.

El objetivo es recolectar por lo menos un par de onzas de material y, posiblemente, hasta unos dos kilogramos. La nave lleva suficiente nitrógeno para, de ser necesario, intentar extraer material tres veces.

Después de abandonar a Bennu en el 2021, Osiris Rex pasará por la Tierra en septiembre del 2023, dejará caer una cápsula con las muestras, misma que aterrizará con un paracaídas en el desierto de Utah.

Una misión japonesa, la Hayabusa 2, también recolectará muestras en otro asteroide rico en carbón, y los científicos de la Osiris Rex ven a las misiones como complementarias y no como redundantes.

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osiris rex


Lauretta dijo que, en particular, le interesa la información recopilada sobre las moléculas orgánicas, como los aminoácidos, las piezas fundamentales de las proteínas que se sabe flotan en el espacio exterior. Una pregunta es si Bennu contiene concentraciones más elevadas de los 20 aminoácidos que utilizan las formas de vida en la Tierra en comparación con docenas de otros que no se encuentran en los organismos vivos.

La vida en la Tierra también usa exclusivamente los llamados aminoácidos zurdos y no las versiones diestras, de espejo. El estudio del material de Bennu podría ayudar a explicar si las reacciones químicas, no biológicas, en el espacio impulsan a la vida hacia las moléculas zurdas, o si ese cambio ocurrió después, cuando surgió la vida.

Los científicos también esperan que los minerales empapados que vengan en la muestra pudieran decir si el agua de los océanos de la Tierra provino de asteroides como Bennu.

Su forma, como un tapón más ancho en la parte del ecuador, con una rotación de alrededor de 4.3 horas, también sugiere que Bennu no está formado por roca sólida, y que cambia y se desliza.

Estudiar a este asteroide también podría resultar útil si alguna vez entra en un curso de colisión con la Tierra. Con una órbita de alrededor de 14 meses, Bennu pasa bastante cerca una vez cada seis años.

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NASA


En el 2035, estará particularmente cerca y pasará dentro de la órbita de la luna, y la Tierra le dará un jalón gravitacional suficiente como para que los astrónomos no pueden predecir con precisión hacia dónde se dirigirá el asteroide después de eso.

Hay un posibilidad reducida -una en 2 mil 700- de que Bennu choque contra la Tierra en algún momento entre el 2175 y el 2196.

Bennu no es lo suficientemente grande como para desatar extinciones en todo el planeta - el asteroide que se cree que extinguió a los dinosaurios hace 66 millones de años medía unos 9.7 kilómetros de ancho-, pero una colisión sería devastadora. El impacto podría ocurrir a más de 43 mil 400 kph, y liberaría energía por el equivalente a mil 450 millones de toneladas de TNT y crearía un cráter de aproximadamente cinco kilómetros de ancho y medio kilómetro de profundidad, calculó Lauretta.

Una de las incertidumbres para pronosticar la ruta de Bennu es que la gravedad no es la única fuerza que actúa sobre él. A medida que el asteroide rota, la superficie oscura absorbe la luz del sol y luego irradia calor. Este calor que irradia lo impulsa como si fuera un cohete de propulsión, un efecto reducido que se vuelve significativo con el tiempo.

Con observaciones detalladas de la superficie, los científicos podrán probar sus modelos de este efecto con las órbitas reales de Bennu.


Para Lauretta, el lanzamiento de la Osiris Rex es la culminación de una docena de años de trabajo. En el 2004, ejecutivos de Lockheed Martin hablaron de la idea de una misión del retorno de un asteroide con Michael J. Drake, el jefe del Instituto Lunar y Planetario de Arizona. Drake invitó a Lauretta a participar.

A Lauretta se le ocurrió el nombre. “Eso es totalmente mi culpa”, dijo.

Entre tanto, los ingenieros de Lockheed Martin tuvieron que resolver cómo agarrar un pedacito de asteroide. La compañía llevó a cabo un concurso. Muchas de las propuestas sugerían descender y extraer, pero a un ingeniero de nombre James Harris se le ocurrió la idea del cangurín, y probó el prototipo en el acceso de terracería a su garaje con una taza de plástico y una compresora de aire.

“Ahora, en lugar de preocuparme por cómo anclar una nave espacial a un asteroide con casi nada de gravedad”, dijo Richard Kuhns, el gerente del programa para la Osiris Rex en Lockheed Martin Space Systems, “consigues que lo toque suavemente, tome tus muestras y luego se aleje. Mucho, pero muchísimo más seguro para una sonda espacial en ese entorno”.

En la superficie de Bennu, el jalón de la gravedad es minúsculo. Eso significa que es probable que la sonda espacial, de unos 1,361 kilogramos mientras esperaba que la lanzaran, pese menos de 28 gramos cuando esté mordisqueando a Bennu cuando esté recolectando las rocas.

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