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Qué se siente viajar en un auto que conduce solo

Así fue un viaje de 32 kilómetros por Pittsburg, ciudad en la que Uber ha lanzado un programa piloto de autos autónomos.
Mike Isaac
© 2016 New York Times News Service#
23 septiembre 2016 20:53 Última actualización 25 septiembre 2016 5:0
Autos sin conductor de Uber.

Autos sin conductor de Uber.

PITTSBURG. Estoy detenido en un trecho de grava afuera de la vieja planta embotelladora de Heinz, un lunes en la mañana y me siento frustrado. El auto Uber que se maneja solo no quiere arrancar.

El ingeniero que va sentado a mi lado en el asiento del pasajero, empleado de Uber que me preguntó que si quería sentarme al volante, interviene para recomendarme que apague el coche y vuelva a encenderlo, como se reinician las computadoras.

En este caso, la “computadora” es un sedán híbrido Ford Fusion, cuyo nombre en clave es Boro 6, elemento químico que suele encontrarse en imanes, detergentes para ropa y reactores nucleares. Uber lo dotó de más de 20 cámaras, siete lásers, un sistema de detección giratorio a 360 grados basado en láser, y mil 400 partes secundarias que interpretan millones de bits de datos sobre el ambiente en tiempo real mientras voy viajando. Si el carro funcionara como se anuncia, llegará el día en que nadie vuelva a sentarse al volante de un auto.

Pero por ahora, unos cuantos kilómetros cuadrados en el centro de Pittsburgh representan los sueños que tiene Uber de un futuro móvil, en el que nos abstendríamos de poseer autos para, en cambio, pedir un viaje seguro sin chofer directamente en nuestro teléfono inteligente.

Recientemente viví en carne propia esas ambiciones de conducción automatizada, viajando en Boro 6 durante una hora en medio del tráfico ligero del centro. El 14 de septiembre, Uber lanzó un programa de prueba de sus autos sin chofer para sus clientes más leales de Pittsburgh, dándoles la oportunidad de llamar un auto autónomo por primera vez. Con esa prueba, un puñado de vehículos de prueba, todos Ford Fusion al principio, vagarán por las calles, cada uno con un ingeniero a bordo que ha sido capacitado para asegurar a los viajeros que el proceso es seguro.

 
 

 

Autos sin conductor de Uber.


Durante mi viaje, la mayor parte del cual lo pasé en el asiento trasero de Boro 6, el ingeniero demostró su utilidad. En varios momentos, él tuvo que tomar el volante y dar vuelta en intersecciones donde se sabe que los residentes suelen acelerar. Cuando un chofer de camión se echó en reverso para entrar ilegalmente en la calzada, el ingeniero pisó el freno y de inmediato tomó el control del auto.

Si el ingeniero llegara a sentirse inseguro, en cualquier momento podría oprimir un enorme botón rojo que hay en el tablero central, sospechosamente parecido al botón de expulsión que hemos visto en las películas de James Bond, para desactivar el modo de piloto automático. Para volver a activarlo, él solo necesita oprimir un elegante botón de acero que está junto a una placa repujada y grabada en la consola.

Si yo me sintiera inseguro como pasajero, también podría solicitar que el conductor tomara el control del vehículo. O bien, podría oprimir un botón en la pantalla que da al asiento trasero para poner fin al viaje. También estuve al pendiente del ambiente infrarrojo que el auto interpreta en la pantalla, un mundo tridimensional que se actualiza en tiempo real y que me tomó una foto con la cámara incorporada en la consola. Después del viaje, Uber les envía a los pasajeros un GIF animado de la ruta seguida modelada en tercera dimensión, junto con la foto.

 
 

 

Autos sin conductor de Uber.


Pero durante la mayor parte del viaje me sentí seguro. En modo de piloto automático, las vueltas y las paradas casi no se sentían y varias veces tuve que revisar al conductor para ver si era él o la computadora la que estaba conduciendo al auto. Sí me puse un poco nervioso unas cuantas veces al ver lo cerca que la computadora nos llevaba de los autos estacionados del lado derecho de la calle. Aunque tengo que admitir que quizá eso haya sido figuraciones mías por estar más consciente de mis alrededores que de costumbre.

En muchos sentidos, Pittsburgh es el ambiente de pruebas perfecto para la compañía. La ciudad es esencialmente una península rodeada de montañas y está trazada en un gigantesco triángulo, repleta de vueltas agudas, pendientes inclinadas, súbitos cambios de velocidad máxima y docenas de túneles. Hay 446 puentes, más que en Venecia. Los residentes son conocidos por la “izquierda de Pittsburgh”, una arriesgada vuelta en una intersección.

Raffi Krikorian, director de ingeniería del Centro de Tecnologías avanzadas de Uber, situado en el distrito industrial llamado Strip, lo dice con estas palabras: “Pittsburgh es el doble diamante negro de conducir vehículos”.

El desafío expresado en la analogía de Krikorian con el esquí es algo que Uber se ha tomado muy en serio. Desde el punto de vista de la compañía, el auto que se conduce solo funciona de manera más segura que con cualquier chofer humano.

Mi auto Uber sin chofer se detenía bastante atrás de los autos que estaban frente a nosotros en las intersecciones. Se mantuvo exactamente en el límite de velocidad, 40 kilómetros por hora donde anduvimos, incluso cuando no había tráfico cerca. En un semáforo, el auto esperó a la luz verde para dar vuelta a la derecha. A los choferes que estaban detrás de nosotros no les hizo gracia.

Al ir concluyendo mi viaje en el Boro 6, en total recorrí más o menos 32 kilómetros en el vehículo, era difícil no sentirme como una celebridad. O quizá como un marciano. Otros conductores nos miraban y un chico en una motoneta me miró desde una esquina, haciéndole gestos a su madre para que viniera a ver.

El futuro ha tardado mucho tiempo en llegar. La publicidad de autos que se manejan solos data al menos de mediados del siglo pasado, como imágenes de familias en autos, sentadas en al asiento trasero en torno de un juego de mesa o jugando dominó. Algunas de las personas que participaron en el proyecto de Uber han pasado toda su carrera trabajando en este concepto.

Lo que no está claro es que lleguen a hacerse ricos. Una parte importante de la premisa de Uber es que la gente puede compartir su auto ocioso con los demás, conduciendo durante su tiempo libre. El auto de piloto automático elimina la necesidad del conductor humano, lo que claramente es causa de tensiones entre los conductores de Uber hoy en día. Los ejecutivos de la compañía aseguraron que los autos sin conductor serían solo una parte del negocio de Uber en el futuro, con una mezcla de autos autónomos y con chofer.

Además, Uber no es el primero que le apuesta en grande a los autos sin chofer, pues Google, Apple, Tesla, Mercedes-Benz, BMW e Infiniti están ofreciendo o trabajando en funciones autónomas para vehículos. Algunos de esos esfuerzos se han topado con obstáculos. La iniciativa de Apple, el proyecto Titán, ha tenido sus altas y sus bajas.

Por lo demás, todas las compañías se enfrentan a un ambiente regulatorio impreciso en materia de vehículos sin chofer, lo que podría obstaculizar el lanzamiento de esos autos por todo el país.

Por supuesto que habrá demoras y fallas, como la que me encontré cuando me puse al volante la primera vez cuando el auto no quería avanzar por sí mismo. Ese es precisamente el objetivo de las pruebas. El montón de sensores y equipo de grabación va a ver lo que está sucediendo “para que podamos saber qué hace que los conductores y pasajeros se sientan cómodos y seguros”, como explicó Emily Duff Bartel, gerente de producto del Centro de Tecnologías Avanzadas.

En mi caso, me llevó unos diez minutos de averiguaciones para resolver las fallas. Pero finalmente el Boro 6 echó a andar y a avanzar por sí mismo. Esto es, después de un poco de intervención humana.