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Los sucesores de Siri tampoco son tan inteligentes

Viv y Cortana prometen lo que Siri en su momento, ser un asistente digital omnipresente capaz de responder a complejos pedidos verbales, pero entre el sueño de la inteligencia artifical y el mundo real sigue habiendo un abismo.
Comentario de Leonid Bershidsky
Bloomberg
15 agosto 2014 20:21 Última actualización 16 agosto 2014 17:9
Siri en iPhone

Siri en iPhone. (Bloomberg/Archivo)

La revista Wired publicó una primicia sobre Viv, un nuevo producto de los creadores de Siri, quienes abandonaron Apple tras la muerte de Steve Jobs.

Se supone que Viv brindará lo que Siri prometió y más: un asistente digital omnipresente capaz de responder a complejos pedidos verbales como “Encuéntrame un vuelo a Dallas con un asiento en el que pudiera viajar Shaq”, dice el artículo, haciendo alusión al exgigante del basquetbol Shaquille O’Neal. Si bien el sueño de la inteligencia artificial perdura, sus instrumentaciones seguirán padeciendo una desconexión fundamental entre la manera en que piensan los ingenieros de software y la forma en que funciona el mundo real.

En febrero, Apple persuadió a una jueza de que desestimara una demanda de 2012 en la cual se la acusaba de publicidad engañosa y sostuvo que “Apple no prometió que Siri funcionaría sin falla alguna” y que un consumidor razonable no podía esperar que los comerciales “mostraran intentos fallidos”.


Según cualquier parámetro excepto el de la jueza Claudia Wilken, Siri ha sido un fracaso. Apple lo incorporó a iOS7, la versión actual del sistema operativo móvil de la compañía. Una encuesta entre usuarios de iOS7 de Estados Unidos indicó que el 85 por ciento ni siquiera lo había probado, y casi la mitad del resto lo consideró decepcionante.

El problema de Siri es que no es tan inteligente. En 2011, poco después de que Siri hiciera su entrada como servicio incorporado al iPhone 4S, Matt Honan se quejó en Gizmodo.com: “Me encanta John Coltrane. Tengo muchos de sus temas en mi librería de música, pero cuando le pido a Siri ‘poner algo de Coltrane’, me dice que no puede encontrar ningún ‘coal train’ (tren de carbón). ‘¿Es culpa mía, Siri? ¿O no entiendes de homófonos? ¿No tienes la inteligencia suficiente como para contextualizar el sonido?’”. Tres años después hice la prueba de Coltrane, y también obtuve la respuesta del coal train. En mi teléfono Samsung, en cambio, Google Now detectó sin problemas al jazzista.

TRABAJO SECRETARIAL TERCERIZADO

Los fundadores de Siri, quienes le vendieron el servicio a Apple por 200 millones de dólares en 2010, saben a quién culpar. “Pienso que si Steve viviera yo seguiría en Apple”, dice uno de ellos, Adam Cheyer, según cita Wired. De todos modos, no eran ni son el único equipo que trabaja en la tercerización del trabajo secretarial a inteligencia artificial. Google Now y Cortana, de Microsoft, son por lo menos tan buenos como Siri, y mejores en algunas tareas, pero no son perfectos.

Hay que hablar como dirigiéndose a un niño y, además, en un inglés en extremo correcto en términos gramaticales. Google Now responderá de forma correcta a “Check in, FourSquare”, pero no a “FourSquare Check in”. Todos son malos para los acentos extranjeros y en las realidades de la vida fuera de Estados Unidos.

Le pregunté a mi Android sobre el próximo tren desde la estación U-Bahn Schwarzkopfstrasse en Berlín, donde vivo, e hizo una búsqueda en la web de “el próximo tren Lebon desde Schwarzkopf Profesional”. Siri buscó “el siguiente tren desde bunch watch Ghosbusters”.

PACIENCIA

Los entusiastas sostienen que hay que tener paciencia mientras los sistemas de inteligencia artificial aprenden. Con el tiempo, mejoran en lo que respecta al reconocimiento de nuestro discurso. Por otra parte, conforme se acumula información de una multitud de usuarios, comienzan a entender mejor lo que se les pide. La mayor parte de la gente, sin embargo, exige resultados inmediatos. De lo contrario, dejan de intentarlo y vuelven a los métodos anteriores.

Siri, por otra parte, no es paciente con los usuarios. No tiene tiempo para balbuceos ni divagaciones, y la mayor parte de la gente tiende a la incoherencia ocasional, a rectificarse o a balbucear en una emergencia.

La jueza Wilken podría decir que le exijo demasiado a algo que no es más que un programa de computación, no un asistente real. El equipo de Viv dice que su nueva creación, accesible por medio de la nube a cada aplicación y servicio del planeta, acelerará el proceso de aprendizaje de modo tal de imitar a un asistente humano, pero mucho más inteligente y veloz.

Wired da el ejemplo de “alguien que sostiene de manera vacilante el teléfono junto a su boca frente a un bar a las 02:00 y dice, ‘Estoy borracho’”. Viv contactaría al servicio de autos que prefiere el usuario, lo despacharía a la dirección donde éste se encuentra medio desmayado y le indicaría al conductor que lo llevara a la casa”. Eso sigue siendo el futuro del sistema, y es otro ejemplo de pensamiento de ingeniero de software versus vida real. ¿Y si el dueño ebrio del teléfono quiere escuchar su canción de cuna favorita, tomar un café o llamar a una exnovia en lugar de tomar un taxi para ir a su casa? ¿Y si quiere un taxi pero no para ir a su casa?

Para un ingeniero, las interacciones del mundo real son comandos. En realidad, no lo son: tanto la comunicación verbal como la no verbal tienen muchos niveles de sentido. Algunos asistentes humanos invalorables saben cómo interpretar esos pedidos; otros son buenos en cosas más directas, pero hasta eso exige poder entender con exactitud lo que se pide. Si bien seguiremos oyendo hablar de máquinas cada vez más inteligentes, no hay motivos para asustarse, ya que no tendrán nuestro tipo de inteligencia. Sólo son Siri con diferentes nombres.