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Espíritu de Silicon Valley toma a jóvenes japoneses

01 febrero 2014 2:24 Última actualización 04 enero 2014 5:0

[Jóvenes japoneses están cambiando las tradiciones laborale de su país. / NYT ]


 
© 2014 New York Times News Service
 
TOKIO - Los jóvenes de veintitantos vestidos en jeans y bebiendo exprés, así como usando sus laptops en esta incubadora de negocios en Tokio, parecerían más a sus anchas en el Silicon Valley que en Japón, donde las señales más certeras del éxito durante años fueron los trajes grises de sus asalariados corporativos. Sin embargo, para quienes abrigan la esperanza de que el plan económico más reciente de la nación saque a Japón de su largo malestar, los jóvenes aquí, en la Isla Samurái de Nuevas Empresas, representan un componente crucial; un resurgimiento del espíritu emprendedor.
 
Las señales de ese regreso siguen siendo nuevas, y tentativas en la medida suficiente para que las estadísticas sobre nuevas empresas y ofertas públicas iniciales (OPI) no se hayan puesto al corriente. Sin embargo, analistas e inversionistas informan que cientos de nuevas empresas de Internet y relacionadas con tecnología han surgido en los últimos dos a tres años, creando un ecosistema de incubadoras como la Isla Samurái de Nuevas Empresas y fondos de inversión aceleradores para nuevas empresas conjuntas, los cuales invierten en las primeras etapas de nuevas empresas con la esperanza de sacar partido.
 
Algunas importantes universidades, las mismas que han definido largamente el éxito como un empleo en una empresa establecida o ministro gubernamental de élite, han empezado no solo a crear sus propias incubadoras y fondos de capital de riesgo, sino también a desarrollar programas sobre dar a luz nuevas empresas. Y si bien algunos jóvenes emprendedores dicen que el verdadero progreso vendrá solo si el Primer Ministro Shinzo Abe actúa como lo prometió para darle una sacudida a la rígida cultura corporativa de Japón, dicen que la recuperación del mercado accionario y mayor optimismo creados por el plan económico conocido como Abenomics ya están facilitando encontrar inversionistas y clientes.
 
“Este es el comienzo de algo que pudiera rejuvenecer a Japón”, dijo Mitsuru Izumo, el fundador de Euglena Corp., nueva empresa de biotecnología valuada en mil millones de dólares, y uno de los nuevos empresarios más prominentes del país. “Si no desatamos nuestra juventud, entonces Japón terminará demasiado débil para sobrevivir a otro golpe como el de Fukushima. El espíritu emprendedor es la última oportunidad de Japón”.
 
Durante varios años, el menguante espíritu empresarial ha sido mencionado como una importante razón de la incapacidad de Japón para salvarse de una devastadora espiral deflacionaria. La nación que produjo Sony, Toyota y Honda ha creado pocos sucesores.
 
Si bien Japón tiene una larga tradición de sentido emprendedor en oficios de operarios y obreros como la manufactura, ha tenido éxito limitado para extender eso a industrias con base de mayor conocimiento como software o computación, a la vanguardia de la era digital y donde competidores como Corea del Sur han pisado el acelerador.
 
Una década atrás, bajo el esfuerzo por revivir la economía de Junichiro Koizumi, quien era el primer ministro japonés en esa época, durante cierto tiempo Japón parecía estar acogiendo a jóvenes empresarios. Sin embargo, el resurgimiento fue sofocado en su mayoría cuando el más prominente de estos recién llegados, un desenvuelto joven con influencia en Internet de nombre Takafumi Horie, quien se desplazaba en un estruendo por Tokio en automóviles Ferrari, fue encarcelado por fraude de valores. Para otros jóvenes empresarios, su culpabilidad o inocencia no era la historia. Ellos veían su caída como un cuento cautelar de cómo el círculo dominante de Japón, ya entrado en años, aplastaría a aquellos que desafiaran sus reglas.
 
La Isla Samurái de Nuevas Empresas, en un distrito de oficinas de bajo alquiler construido en la bahía de Tokio, está a la vanguardia de lo que muchos esperan que sea una nueva generación de innovadores, así como a un mundo de distancia del mundo corporativo de Japón, altamente conformista. La más prominente de varias incubadoras de nuevas empresas que han surgido en Tokio, ofrece una diversidad de servicios, incluyendo asesoría legal sin costo, espacio de oficina a bajo precio, máquinas de café exprés y literas para quienes trabajan toda la noche.
 
Habiendo crecido inmerso en un mundo en línea que se extiende más allá de fronteras nacionales, los japoneses jóvenes parecen más dispuestos a extraer inspiración de modelos a seguir del extranjero como Steve Jobs, el fundador de Apple. Además, tras haber visto a Sony cediendo participación del mercado a Samsung de Corea del Sur, muchos ya no comparten la creencia de sus padres asalariados en la permanencia de corporaciones establecidas o empleos de por vida.
 
“En un mundo donde todo es riesgoso, es mejor ser tu propio jefe, a cargo de tu propio destino”, dijo Yoshinori Fukushima, de 25 años de edad, cuya empresa de Internet, con un año de existencia, ha crecido hasta 14 empleados.
 
Mientras iba en pos de una maestría en ingeniería de software, Fukushima fundó su empresa, Gunosy, para vender una aplicación que él escribió y que analiza páginas de medios sociales para encontrar nuevas historias de potencial interés para el usuario. Dice que él rechazó ofertas de trabajo en empresas establecidas antes de lanzar su negocio.
 
Otros fueron impulsados por el temor de convertirse en incluso otra “generación perdida” como gente que alcanzó la madurez durante la larga crisis de Japón en las décadas de los 90 y 2000, cuando una profusión de nuevos empleos y oportunidad dejaron a muchas personas subempleada o desempleada.
 
“Japón ha dicho, 'Basta’, a estar deprimido, hora de desatar nuestros espíritus animales”, dijo Robert Eberhart, catedrático de administración en la Universidad de Santa Clara en California, quien ha estudiado nuevas empresas en Japón y el Silicon Valley. “Ahora, creo que hay más emoción con respecto al espíritu emprendedor en Japón que en Estados Unidos”.
 
Algunos advierten que Japón tiene una forma de seguir para convertirse en un hervidero de conducta aventurera, del tipo de 'rompe los límites’. Noriyuki Takahashi, quien se especializa en espíritu emprendedor en la Universidad Musashi de Tokio, destacó sondeos globales comparativos que ubican a Japón al fondo entre las principales economías occidentales y asiáticas en aceptación social de empresarios.
 
Para que verdaderamente florezca la tendencia del capital de riesgo, dijeron él y otros, se deben superar prejuicios sumamente arraigados en contra de los empresarios; quienes son vistos como demasiado codiciosos o que se promueven demasiado a sí mismos en una cultura que aborrece despliegues de ego sin control. El mayor obstáculo es el estigma conferido al espíritu emprendedor por la caída de Horie, destacaron.
 
 
La solución está en el plancton
Uno de quienes intentan encontrar una nueva senda y crear una versión culturalmente aceptable del empresario japonéses Izumo, el fundador de la nueva empresa de biotecnología, quien se ha convertido en un elemento fijo en los medios de comunicación locales.
 
Su empresa, Euglena, apunta a convertir plancton en una fuente de nutrición de bajo costo para el mundo en desarrollo y la materia prima para un nuevo tipo de biocombustible para aviones. Si bien el producto principal de la empresa ha sido una bebida saludable verde brillante, los inversionistas han quedado bastante impresionados; en diciembre, la lista inicial de Euglena en el mercado accionario valoró la empresa en más de mil millones de dólares, convirtiendo a Izumo, de 33 años, en milmillonario al instante.
 
De cualquier forma, Izumo tiene cuidado de evitar cualquier señal de consumo conspicuo; vive en un apartamento de una habitación, no tiene automóvil ni televisor y dice que quiere que su producto alimente a los pobres en Bangladesh.
 
“Horie le dio una imagen negativa al espíritu emprendedor, como algo demasiado codicioso”, dijo el entusiasta Izumo, quien vestía una corbata verde brillante. “Los empresarios jóvenes están decididos a cambiar esa mentalidad”.
 
Quizá la mayor señal de cambio sea el número graduados de universidades de élite, el tipo que aún puede obtener empleos corporativos de alto nivel si lo quieren, entre fundadores de nuevas empresas. Izumo y Fukushima, el empresario de Internet, son graduados de la Universidad de Tokio, que está entre los mejores colegios de Japón.

La universidad informa que 25 empresas están siendo incubadas en lo que llama su “plaza emprendedor”. Por otra parte, la prestigiosa Universidad Waseda de Tokio, que presentó este año un programa para apoyar a nuevas empresas, dice que ya ha producido cinco nuevos negocios.
 
Esas cifras pudieran parecer pequeñas, dijo Shigeo Kagami, catedrático de negocios que ayuda a administrar la incubadora en la Universidad de Tokio, “pero el solo hecho de que esto esté ocurriendo es una gran oportunidad para Japón”.
 
“Como demostró Steve Jobs”, dijo, “solo hace falta una o dos historias de éxito para cambiar al mundo”.