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Espiando los drones de Amazon

Empresas como Amazon, Pizza Domino’s y Google están probando drones para entregar más rápido sus productos. El marketplace online hace sus pruebas en Gran Bretaña.
New York Times Syndicate
14 octubre 2016 21:38 Última actualización 15 octubre 2016 5:0
drones Amazon. (NYT)

drones Amazon. (NYT)

Después de horas de búsqueda, me detuve en un camino de tierra aquí en las ondulantes colinas de Cambridgeshire y detecté un pequeño punto que zumbaba por el cielo azul, ondeando suavemente en la brisa conforme volaba continuamente a unos 60 metros de altura.

¡Lotería! Era un dron de Amazon.

Apenas visible para el ojo desnudo, la nave sin identificación, más o menos del tamaño de un modelo de avión grande, flotaba por el campo como a un kilómetro de distancia, con las luces de sus sensores de cuatro puntas destellando brillantemente en el sol del atardecer.

Amazon, la gigantesca compañía de comercio electrónico, empezó a hacer pruebas secretas con naves no piloteadas hace unos meses, en un lugar no revelado de Gran Bretaña (su sitio de pruebas al aire libre más grande, según un ejecutivo de Amazon). Yo me propuse encontrar el secreto tan celosamente guardado, queriendo ver cómo todos podríamos recibir algún día nuestras compras en línea.

En retrospectiva, las señales que apuntaban al sitio secreto de pruebas de Amazon estaban ocultas a plena vista.

Hubo una advertencia para los pilotos, de que iba a haber naves no piloteadas volando en la zona, más o menos a una hora de Londres, hasta principios de octubre. Otra pista era la extrañamente rápida recepción de telefonía celular en un área tan remota, indispensable para procesar los datos del dron. Además, la creciente lista de empleos y vacantes en el sitio de investigación de Amazon en Cambridge relacionados con Primer Air, el ambicioso plan de la empresa de usar drones para las entregas cotidianas.

Sin embargo, Amazon no es la única empresa que está haciendo pruebas con drones en todo el mundo.

En Nueva Zelanda, Pizza Domino’s está probando drones para entregar más rápido sus productos. Google está ofreciendo órdenes de burritos entregadas por dron en Virginia. JD.com, gigante chino de comercio electrónico, tiene una flotilla de drones con una autonomía de vuelo de 24 kilómetros, para alcanzar comunidades rurales a una quinta parte del costo de los camiones tradicionales (aunque de todos modos, hay una persona que le lleva al destinatario el paquete en el último tramo).

En Gran Bretaña, Amazon está trabajando con las autoridades locales para probar varios aspectos de la tecnología de drones, como pilotear las máquinas más allá de la línea de visión de los operadores, técnica que está prohibida en Estados Unidos.

Los reguladores estadounidenses aprobaron el uso comercial de drones en 2010, muchos años antes de que la Administración Federal de Aviación relajara sus restricciones sobre aeronaves piloteadas a control remoto, en junio de este año. Amazon se estableció en Gran Bretaña pues en un principio, Estados Unidos se negó a autorizar tales pruebas.

En su localidad rural de Cambridge, y en un establecimiento similar en Canadá, es probable que Amazon esté trabajando en los sensores del dron y en otras mejoras necesarias para el uso diario.

Una vocera de la empresa no quiso hacer comentarios sobre el sitio de pruebas en Inglaterra.

Ya que abundan los competidores, no es raro que Amazon quiera esconder sus esfuerzos de ojos curiosos. En Fulbourn, el poblado más cercano al sitio de pruebas, donde las casas con techo de paja y una iglesia centenaria hacen guardia en la tranquila calle principal, poca gente sabe que el gigante estadounidense de tecnología se estableció en el camino.

“¿Drones, aquí?”, pregunta Linda McCarthy, que había sacado a sus dos perros labradores a su caminata matutina, mientras yo caminaba pesadamente por un sendero público, mapa en mano y un par de añosos binoculares. “Nunca había oído nada al respecto.”

Algunas personas de esta zona rural tuvieron reacciones de cólera. Para Julia Napier, fundadora de Amigos de la Vía Romana y Fleam Dyke, una asociación que mantiene las veredas públicas alrededor del lugar, la llegada de Amazon es una amenaza a la fauna y al campo en general, cosa que, naturalmente, la compañía ha negado.

A la hora del café y rodeada de mapas de la fauna de la región, Napier, de 78 años de edad, se quejó de que Amazon no hubiera consultado a los residentes sobre sus pruebas. Cuestionó el derecho de la compañía a volar por la campiña inglesa, posiblemente sin el permiso de los propietarios, aun cuando dicho permiso podría no ser necesario.

Napier se niega a usar los servicios de Amazon y prefiere visitar la librería del pueblo o comprar en otras tiendas británicas en línea.

Su postura en contra del gigante del comercio electrónico no ha pasado desapercibida. Napier reveló que recientemente la llamó un empleado de la compañía para tratar de convencerla de que los ensayos con los drones eran seguros y no representaban amenazas contra la fauna.

Ella se mantiene escéptica.

“Están probando esos drones aquí porque no pueden hacerlo en Estados Unidos”, indica. “Si los estadounidenses no lo quieren, yo tampoco lo quiero.”

Los rumores sobre misteriosas naves que volaban a poca altura por el campo me atrajeron a esta zona. Empero, al dejar mi auto en un estacionamiento cercano, una cálida mañana de septiembre, sentí que me había equivocado de lugar.

No había nada que pareciera fuera de lugar. La gente llegaba a un parque de oficinas rural, los perreros se bañaban con un tardío sol estival. Y al caminar varios kilómetros (acabé cubriendo la distancia de medio maratón) a lo largo de un camino romano construido hace dos mil años _ que actualmente es una vereda pública cubierta de césped _ no estuve más cerca de encontrar esas esquivas máquinas.

Aguzaba el oído a cada ruido que rompiera la tranquilidad, solo para decepcionarme cuando el zumbido resultaba ser el de un tractor, un auto o simplemente un enjambre de abejas. Al regresar a mi auto después de agotar casi todas las veredas públicas, tenía la molesta sospecha de que estaba buscando algo que no existía.

Solo me quedaba por explorar un camino.

A menos de 270 metros por la vía cubierta de césped, al borde de una granja, un guardia armado con un walkie-talkie salió detrás de un seto y señaló un letrero que decía: “Propiedad privado. Prohibido el paso”.

Cuando me señaló repetidamente de que era una propiedad privada y que había llamado al granjero para que me echara de ahí, supe que había descubierto algo. Al darle vuelta a la propiedad en compañía de Andrew Testa, fotógrafo de The New York Times, mis sospechas fueron creciendo.

A la entrada de la granja _ pese a la presencia de Amazon se siguen realizando tareas agrícolas _ un guardia con chaleco fluorescente revisaba la identificación de los que llegaban al lugar. A la distancia había pacas de heno apiladas a por lo menos seis metros de altura (presuntamente para probar la capacidad de los drones de orientarse entre edificios). En un campo distante, una plataforma azul, grande y metálica, ofrecía una vista panorámica de las tierras agrícolas.

Entonces fue cuando lo vimos.

Espiar el dron _ que veíamos mejor a través del telefoto de mi colega _ fue anticlimático. En lugar de realizar una serie de acrobacias aéreas, el aparato simplemente estuvo oscilando durante unos veinte minutos, yendo lentamente de un lado a otro del campo sin siquiera sacudirse.

Para Amazon, lo que está en juego en las pruebas de drones es indiscutiblemente alto. Al día siguiente, un agente de policía cuestionó a mi colega cunado estaba fotografiando el lugar, aunque negó que Amazon le hubiera advertido de nuestra presencia.

En lugares como Worsted Lodge _ zona escasamente poblada donde los animales de granja fácilmente superan en número a los residentes _ los drones podrían llenar un nicho no atendido de personas con acceso limitado a las tiendas. Pero en muchas zonas urbanas, la llegada de la entrega por drones rápidamente podría convertirse en una pesadilla logística; en algo que las pruebas en la campiña de Cambridgeshire no van a resolver pronto.

“¿Cómo recorrerán las entregas los últimos cien metros?”, pregunta Jay Bregman, fundador de Verifly, empresa incipiente de seguros para drones, a quien llamé para pedirle su opinión sobre la viabilidad de tales planes. “En lugares como Nueva York, eso va a ser muy difícil.”

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