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El inventor con más patentes de EU

Ni Thomas Alva Edison con sus mil 84 patentes registradas en Estados Unidos, le gana a este superinventor que cuenta con mil 85 patentes, desde cascos antiimpacto, hasta reactores nucleares, y que tiene otros 3 mil inventos en espera de ser evaluados por la Oficina de Patentes y Marcas.
Bloomberg
28 octubre 2015 18:56 Última actualización 28 octubre 2015 20:36
inventor

La labor de Wood en IV abarca todo tipo de proyectos como un microondas inteligente o sistemas anticolisión para coches. (Bloomberg)

Lowell Wood está totalmente consagrado a inventar soluciones para los problemas del mundo. Ideas, grandes ideas, bombardean constantemente su mente. "Es como un bosque pluvial", dice. "Todas las tardes, llegan las lluvias." Dicho por otra persona, ese comentario rayaría en la vanidad o el delirio, pero Wood está diciendo la verdad. A sus 74 años, lleva una década como inventor en Intellectual Ventures (IV), una firma de investigación y patentes tecnológicas. Se le paga para pensar y organizar equipos internacionales para desarrollar productos como cascos antiimpacto, sistemas para transportar medicamentos, reactores nucleares ultraeficientes, cualquier cosa que pueda resolver necesidades apremiantes. Es un astrofísico, un paleontólogo autodidacta y un experto informático y, desde hace unos meses, el inventor más prolífico en la historia de Estados Unidos.

Thomas Alva Edison obtuvo su última patente el 16 de mayo de 1933, era la patente registrada con el número un millón 908 mil 830 para un dispositivo que une dos metales mediante electrólisis, había patentado ya adelantos en las comunicaciones, la cinematografía, la iluminación y la distribución de energía. Al final de su carrera, era una celebridad internacional con mil 84 patentes a su nombre, la mayor cantidad para un estadounidense.

Ese récord se mantuvo hasta el 7 de julio 2015, cuando Wood recibió la patente estadounidense número 9 millones 75 mil 906 por un dispositivo que agrega capacidades de videoconferencia y de transmisión de datos a equipos médicos. Es su patente mil 85, una más que Edison. Wood tiene, además, otros 3 mil inventos en espera de ser evaluados por la Oficina de Patentes y Marcas. Probablemente será por muchos años el estadounidense más ubérrimo en ideas.

La labor de Wood en IV abarca todo tipo de proyectos, un microondas inteligente, una rasuradora láser, una secadora de ropa de bajo consumo, sistemas anticolisión para coches y un gran termo para conservar las vacunas. "Al menos la mitad de sus actividades, tal vez más, buscan ayudar a las personas menos afortunadas de la tierra", dice Nathan Myhrvold, cofundador y CEO de IV y ex director de tecnología de Microsoft. 

Sus ideas ya salvaron muchas vidas y tienen el potencial de salvar muchísimas más

Actualmente, por ejemplo, trabaja en una vacuna universal.

Wood insiste en que no siempre fue inteligente. Al crecer en el sur de California, "iba mal en la escuela." A menudo reprobaba o recibía la calificación más baja en el primer examen de alguna materia y mejoraba su puntuación a través de la repetición y el esfuerzo intenso. La estrategia funcionó. Se saltó un par de grados y se matriculó en la UCLA a los 16 años. Estudió química y matemáticas e hizo un doctorado en astrofísica. Luego, en 1972, consiguió un trabajo en el Lawrence Livermore National Laboratory, donde laboró bajo la tutela de Edward Teller, el padre de la bomba de hidrógeno. Luego vino el proyecto “Star Wars”, en donde Wood lideró a un equipo de científicos para construir un sistema de armas capaz de detectar y destruir en pleno vuelo los misiles intercontinentales de Rusia. Tras miles de millones de dólares y años de polémica, la iniciativa nunca salió del laboratorio, pero para Wood fue una victoria moral.

Después de cuatro décadas en el gobierno, Wood se retiró en 2006 para convertirse en un inventor de tiempo completo. Había conocido a Myhrvold años atrás y se reencontraron en una conferencia sobre dinosaurios, allí éste lo convenció de unirse a IV. Myhrvold pronto presentó a Wood y Bill Gates, congeniaron y ahora se reúnen regularmente para intercambiar ideas. "Lowell es la definición de un erudito", dice Gates. 

No sólo por todo lo que sabe, sino por la forma en que funciona su cerebro. Se da la libertad de ver los problemas de una manera diferente a todos los demás. Para mí, esa es la marca de un gran inventor

Wood atribuye su habilidad para saltar de un tema a otro, estableciendo asociaciones que a veces conducen a invenciones, a que es un lector voraz. Una lección que aprendió de Linus Pauling, a quien escuchó cuando era estudiante. “Tras su conferencia, esperé que todos se fueran y le pregunté con toda honestidad, ¿cómo concibe esa enorme cantidad de ideas maravillosas?, y me dijo, ‘No tiene ciencia, sólo hay que leer, y recordar lo que uno lee’”.

En cuanto a su actual interés en los cascos anti-contusiones, cuenta que una organización lo contactó hace tiempo para que trabajara en esa tecnología, pero su renuencia a revelar el nombre de la organización es parte del sigilo característico de IV. La empresa es una fábrica de ideas que a menudo es contratada para trabajar en problemas difíciles y potencialmente lucrativos. Y se guarda sus investigaciones hasta que la invención ha sido patentada y está lista para comercializarse.


Muchas de las mejores ideas emergen durante las Sesiones de Invención que IV celebra mensualmente, donde Wood, Myhrvold, Gates y otros se reúnen en una habitación y lanzan una lluvia de ideas por horas. "Conozco a mucha gente súper inteligente, pero la mayoría de ellos, y me incluyo, no retienen en su cabeza, ni de lejos, la cantidad de datos como lo hace Lowell", dice Myhrvold. "Él puede recordar las propiedades físicas de casi todos los elementos. Es simplemente asombroso".

Cientos de científicos se reúnen todos los días para colaborar con una red mundial dedicada a la investigación. Esta comunidad ha logrado avances increíbles (y patentados, por supuesto) que la empresa cristaliza en productos reales. Y lo hace ya sea formando startups o coligándose con grandes socios. La compañía también tiene una división filantrópica llamada Global Good que suele trabajar para la Fundación Bill y Melinda Gates.

Uno de los proyectos de IV con la Fundación Gates nació de una problemática crónica en la lucha contra las enfermedades infecciosas: mantener las vacunas a la temperatura correcta, un gran inconveniente en las zonas donde la electricidad es poco fiable. Wood y Myhrvold idearon un cilindro ultra aislante que utiliza materiales similares a los de las naves espaciales. El dispositivo, hoy fabricado por una empresa china bajo la marca Arktek, mantiene una temperatura constante durante un mes o más, en comparación con el par de días que ofrecen las neveras actuales para vacunas.


Son las dos caras de IV, por un lado salva vidas, pero también puede ser amenazante. Es propietaria de patentes en software, dispositivos médicos y otras áreas, y cobra por los derechos de licencia. Las empresas de Silicon Valley, en particular, se han quejado de que la postura de IV es en esencia "Paga o demandamos". La mayor parte de sus ingresos proviene de estos acuerdos de licencia.

Wood ve el mundo como un rompecabezas sin fin, el hambre, la crisis ambiental, no son más que problemas a la espera de ser resueltos. Cree, por ejemplo, que el calentamiento global puede frenarse a través de la geoingeniería. "Hay todo tipo de soluciones sobre la mesa que nadie niega que sean soluciones técnicas, pero son políticamente incorrectas", dice. Una de estas soluciones sería hundir el dióxido de carbono de la atmósfera en las profundidades del océano; otra sería empujar el agua caliente en la capa superior del océano hacia el fondo. O usar globos de gran altitud para liberar partículas de azufre o alguna otra sustancia que dé sombra al planeta.

Para él, todavía quedan grandes ideas por imaginar. "Es irracional, es ignorante no ser optimista. Veremos un florecimiento en todos los frentes sin precedentes en la historia de la tecnología humana. No es que tengamos esperanzas en que suceda, es que es inevitable”.

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