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El gran giro de Google:
un asistente sabiondo

Google está creando una tecnología cuyo objetivo último es algo parecido a la computadora que habla de “Star Trek”. La compañía llama a su versión de esta máquina todo poderosa el Asistente de Google.
New York Times
07 octubre 2016 22:6 Última actualización 08 octubre 2016 5:0
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(NYT)

Google es una de las compañías más valiosas en el mundo, pero a su futuro, como el de todos los gigantes tecnológicos, lo nubla una amenaza que se alza. La compañía de búsquedas gana, prácticamente, todo su dinero con los anuncios que se publican en la World Wide Web. Sin embargo, ¿qué pasa con la máquina del efectivo si, al final, las búsquedas en la red se vuelven obsoletas?

Esa preocupación no es inverosímil. Más del tiempo informático en el mundo se sigue cambiando a los teléfonos inteligentes, donde las aplicaciones han suplantado a la red. Y es posible que los aparatos conectados a internet que pueden dominar en la siguiente era tecnológica _ los relojes inteligentes de pulso; los dispositivos auxiliares en el hogar, como el Echo de Amazon; o las máquinas de realidad virtual, como el Oculus Rift _ no estén en la red y que ni siquiera tengan pantallas.

Sin embargo, si Google está preocupada, no lo muestra. La compañía ha estado trabajando desde hace mucho en un arma, no tan secreta, para evitar su potencial irrelevancia. Google ha juntado vastos recursos financieros y de ingeniería en una colección de explotación de datos y sistemas de inteligencia artificial, desde el reconocimiento de voz hasta su traducción en una máquina en visión informática. 

Ahora, Google está uniendo estos avances en un producto nuevo, una tecnología cuyo objetivo último es algo parecido a la computadora que habla de “Star Trek”. Es una apuesta muy alta: si falla esta nueva tecnología, podría ser la señal del comienzo del final del reinado de Google sobre nuestra vida. Sin embargo, si tiene éxito, Google podría conseguir una centralidad en la experiencia humana sin ningún producto tecnológico rival hasta ahora.

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La compañía llama a su versión de esta máquina todo poderosa el Asistente de Google. Hoy, se parece a otros auxiliares digitales que es probable que usted haya utilizado _ cosas como Siri de Apple, Alexa de Amazon y Cortana de Microsoft. Actualmente vive en la nueva aplicación de Google para enviar mensajes Allo, y también aparecerá en unos cuantos aparatos nuevos que la empresa planea dar a conocer en octubre, incluido un nuevo teléfono inteligente y una computadora que habla, parecida al Echo de Amazon, llamada Google Hogar.

Sin embargo, Google tiene objetivos mucho más grandiosos para el Asistente. Gente en la compañía dice que Sundar Pichai, quien se hizo cargo de la dirección ejecutiva el año pasado después de la división en un conglomerado llamado Alphabet, ha apostado a la compañía con la nueva tecnología. Pichai declinó una solicitud de entrevista para esta columna, pero, en la conferencia de desarrolladores en mayo, calificó al desarrollo del Asistente “como un momento seminal” para la empresa.
 
Si el Asistente o algo parecido no despega, el estatus de Google como principal navegador de nuestra vida digital podría ser desbancado por media docena de otros asistentes. Usted podría interactuar con Alexa en su casa, con Siri en su teléfono y con el chatbot del Messenger de Facebook cuando anda en la calle.

El buscador de Google (por no mencionar a su sistema operativo Android, Chrome, Gmail, Mapas y otras propiedades) seguirían siendo populares y lucrativas, pero, posiblemente, muchísimo menos de lo que son hoy.

Esa es la amenaza. Sin embargo, el Asistente también le presenta a Google una oportunidad deliciosa. La computadora de “Star Trek” no es ninguna metáfora. La compañía cree que el aprendizaje de las máquinas ha avanzado al grado en el que ahora es posible construir un asistente predictivo, sabiondo, superútil y que converse, del tipo en el que confiaba el capitán Kirk para navegar entre las estrellas.

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El Asistente, en la visión más fantástica de Google, siempre estaría cerca, dondequiera que usted esté, en cualquier aparato que usted utilice, para manejar casi cualquier tarea informática.

Solo considere esta situación común: hoy, para reservar un viaje, por lo general, se tiene que ingresar a varios sitios de viajes, consultar el calendario, y coordinar con la familia y los colegas. Si funciona el Asistente tan bien como espera Google, todo lo que se tendría que hacer sería decir: “Está bien, Google, necesito ir a Hong Kong la semana entrante. Hazte cargo de eso”.

Con base en sus interacciones con ella al paso de los años, Google conocería sus hábitos, preferencias y presupuesto. Conocería a sus amistades, familiares y colegas. Con acceso a tantos datos y con la potencia informática para interpretarlo todo, lo más probable es que el Asistente pudiera manejar toda la tarea; de no ser así, simplemente le pediría que llenara algunos huecos, en la forma en la que lo haría un asistente humano.

Las computadoras han hecho que las tareas cotidianas sean muchísimo más fáciles de realizar, pero todavía se requiere de un cierto nivel de participación humana, a veces molesto, para sacarles el mayor provecho. El objetivo de largo plazo para el Asistente es eliminar todo este trabajo de relleno.

Si lo logra, sería la máxima expresión de lo que Larry Page, el cofundador de Google, alguna vez describió como el buscador perfecto: una máquina que “entienda exactamente lo se quiere decir y produzca exactamente lo que se quiere”.


Si hoy se utiliza al Asistente, se verá algunos de estos avances. Como lo explicó hace poco mi colega del New York Times, Brian X. Chen: si tu amigo envía una fotografía de su perro por Allo, el Asistente de Google no solo reconocerá que es un perro, sino que también dirá de qué raza es.

Esa es una asombrosa hazaña tecnológica. Sin embargo, como indicó Chen, también es bastante inútil. ¿Por qué le importaría a tu amigo que sepas que su perro es un shih tzu?

Esto llega a una dificultad más profunda. La compañía de búsquedas podrá tener una capacidad tecnológica para crear al asistente más inteligente que haya, pero no está del todo claro que tenga la destreza para crear al asistente más amigable, más encantador o más útil. Google necesita darle en el clavo no solo a la inteligencia del Asistente, sino, también, a su personalidad; una nueva habilidad para Google, y una que sus incursiones pasadas en los programas informáticos sociales (Google Plus, ¿alguien se acuerda?) no hablan muy bien de ella.

Y también está la discordancia entre las ambiciones y la realidad actual del Asistente. Danny Sullivan, el editor fundador de Search Engine Land, un sitio de noticias sobre el sector, me dijo que, hasta ahora, no había notado que el Asistente lo ayudara en alguna forma importante.

“Cuando estaba tratando de reservar una película, realmente no me redujo las posibilidades”, dijo. “Y hubo ocasiones en las que se equivocó. Le pedí que me mostrara mi próximo viaje, y no lo entendió”.

Claro que todavía es muy pronto. Sullivan tiene grandes esperanzas sobre el Asistente. Sería prematuro ver la tecnología hoy y desalentarse sobre su futuro, especialmente porque Google ve esto como un proyecto de muchos años y quizá hasta décadas. Y, especialmente, si su futuro depende de hacer esto bien.