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Boston, el laboratorio de los barcos autónomos

Los vehículos marítimos autónomos no tienen tantos reflectores encima como los coches, pero están llegando cada vez más al agua, e incluso con mayor presencia que aquellos en las carreteras.
Joshua Brustein | Bloomberg
19 septiembre 2017 0:15 Última actualización 19 septiembre 2017 4:55
Barco no tripulado de Sea Machines. (Tomada de @msibnseddik)

Barco no tripulado de Sea Machines. (Tomada de @msibnseddik)

Una mañana el mes pasado en el puerto de Boston, Frank Marino se sentó en un barco que perteneció a la Guardia Costera estadounidense. Apuntó el barco a una boya a cientos de metros de distancia, mientras que su colega Mohamed Saad Ibn Seddik usó una computadora para poner el vehículo en rumbo, luego cambió a conducción autónoma. Se sentaron mientras la nave se movía a una velocidad de seis nudos, ésta giró suavemente hacia la derecha para evitar la boya y luego regresar a su curso.

Ambos trabajan para Sea Machines Robotics, firma fundada hace tres años que desarrolla sistemas para barcos a control remoto o autónomos. En mayo, la firma compró la embarcación de la Guardia Costera por 90 mil dólares en una subasta del gobierno.

Los empleados arrancaron uno de los cuatro asientos de la cabina para dar cabida a una computadora de metal a la que llaman “gabinete de autonomía de primera generación”; pintaron el casco de color amarillo y las palabras “Vehículo no tripulado” en rojo; colocaron cámaras en la popa, un sistema de radar y un GPS, luego bautizaron al buque como Steadfast.

Los vehículos marítimos autónomos no han atraído tanto la atención como los automóviles, pero están llegando al agua con mayor regularidad. Firmas como la compañía minera más grande del mundo, BHP Billiton, han anunciado recientemente planes para usar barcos sin conductor para el transporte marítimo a gran escala.


Boston se ha convertido en un centro de iniciativas de tecnología marina enfocadas en vehículos más pequeños, con un puñado de compañías como Sea Machines construyendo sistemas para barcos y otros robots que operan sobre o bajo el agua.

Mientras Marino e Ibn Seddik se dirigían de vuelta al muelle, otro ‘entrenador de barcos robot’, Michael Benjamin, pasó por delante de ellos. Benjamin, investigador en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), acude regularmente a estas aguas. Su programa de autonomía marina, un esfuerzo conjunto de los departamentos de ingeniería mecánica y de informática de la universidad, empuja la floreciente escena de botes autodirigidos de Boston. Benjamin ayuda a ingenieros a hallar trabajo en las startups y ejecuta un proyecto de software de código abierto que es crucial para muchos barcos autónomos.

También es una especie de historiador de la tecnología marítima. Benjamin tiene que agradecer a las fuerzas armadas estadounidenses por hacer posible su trabajo. El ejército provocó el campo de la autonomía marina hace décadas, cuando comenzó a exigir robots submarinos para la detección de minas, explicó Benjamin desde una silla en el muelle del MIT. Con el tiempo, el software siguió su camino para todo tipo de barcos. Estos sistemas trazaban un curso basado en un guion específico, en lugar de detectar y responder a sus entornos, pero un cambio importante ocurrió hace una década, cuando los fabricantes empezaron a permitir que los clientes conectaran sus propios sistemas de autonomía, según Benjamin. “Imagínese dónde habría terminado la revolución de la PC si el único que pudiera escribir software en una computadora personal de IBM fuera IBM”, dijo.

En 2006, Benjamin lanzó su proyecto de software de código abierto. Con éste, una computadora es capaz de hacerse cargo del sistema de navegación y control de un barco. El proyecto es financiado por la Oficina de Investigación Naval y el Instituto de Memoria Naval de Estados Unidos, una organización sin fines de lucro. Benjamin dijo que hay docenas de tipos de vehículos que utilizan el software, llamado MOOS-IvP.

Las startups que los emplean señalan que ha creado una especie de vocabulario común. “Si tuviéramos un sistema patentado, habríamos tenido que desarrollar capacitación y entrenar a los nuevos empleados”, dijo Ibn Seddik. “Afortunadamente, Mike desarrolló un curso que sirve exactamente para ese propósito”.

Enseñar a un barco a conducir es más fácil que acondicionar un coche; no tiene que lidiar con tráfico, semáforos o glorietas, pero el agua es un desafío único. En este momento, los robots submarinos representan una parte más grande del mercado que los barcos. Se espera que las ventas alcancen los 4.6 mil millones en 2020, más del doble que en 2015, según ABI Research.

Varias startups esperan cambiar eso. Michael Johnson, director ejecutivo de Sea Machines, dijo que el potencial a largo plazo es que equipos de barcos autónomos trabajen en conjunto. En muchos puertos, los remolcadores múltiples traen los buques grandes comunicándose con radio. Eso podría ser reemplazado por un software que controle todas las embarcaciones como un solo sistema, dijo Johnson.

El primer cliente de Sea Machines es Marine Spill Response, un grupo sin fines de lucro financiado por compañías petroleras. La organización opera 14 equipos de respuesta a derrames de petróleo que consisten en dos barcos que trabajan juntos para arrastrar un dispositivo que recolecta el hidrocarburo. Los botes de autoconducción podrían ayudar pues las aguas agitadas representan un peligro, pero la teoría necesita una investigación adecuada, dijo Judith Roos, vicepresidenta de MSRC. “Es demasiado pronto para decir: ‘vamos a comprar 20 aparatos’”.

Otra empresa local, Autonomous Marine Systems, ha enviado embarcaciones a 15 kilómetros de la costa y las deja ahí por semanas. Los vehículos están diseñados para operar durante largos tramos, recolectando datos en parques eólicos y campos de petróleo. La compañía también utiliza la plataforma de software de Benjamin.

Cuando capitanes de otros barcos veían las naves de Autonomous Marine, a menudo notificaban a la Guardia Costera, pensando que alguien se había caído. Ahora, su vela de fibra de vidrio dice “vehículo no tripulado” e incluye un número de teléfono. Desde que hizo ese cambio, Paintal ha recibido dos llamadas: uno era del Departamento de Bomberos de Boston y el otro era un navegante de placer. En ambos casos, su pregunta era la misma: ¿Qué es eso?

El Steadfast también genera la curiosidad. A veces las personas lo confunden con un barco de la Guardia Costera y ocultan sus cervezas. Otras veces se dan cuenta de la leyenda “vehículo no tripulado” mantienen sus cervezas y se acercan. Por lo general están decepcionados al encontrar a los humanos a bordo. “Ellos señalan: ‘dice que no hay tripulación, pero aquí están’”, dijo Ibn Seddik. “Y contestamos ‘Sí, estamos probándolo’”.

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