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Un viaje al fin del Mundo 

Llegar a la Patagonia es trasladarse hasta el fin del mundo, donde
lugares inhóspitos poco explorados se muestran ante los hombres, quienes podrán observar fiordos y montañas sobre los que yace la segunda masa de hielo continental más grande del hemisferio.
Nallely Campos
02 octubre 2014 21:9 Última actualización 05 octubre 2014 4:55
Glaciar Perito Moreno en la Patagonia. (Bloomberg)

Glaciar Perito Moreno en la Patagonia. (Bloomberg)

En Tierra del Fuego, Chile, durante siglos las mujeres de la tribu Selk’nam temían las apariciones constantes del Halahache o Kotaix, el cual buscaba someterlas a través de su gran poder y aspecto terrorífico.
De carácter cambiante y grotesco, este espíritu maligno continuó influyendo sobre ellas, y es que sabían que con sólo verlo debían obedecer y dejar la rebeldía a un lado.

Sin embargo, un día el gran secreto fue descubierto: el Halahache no era ningún espíritu, se trataba de los hombres de la comunidad que se disfrazaban de esta manera, a la vez que narraban en secreto a los jóvenes los tiempos míticos en que las mujeres los habían dominado y cómo fue que habían cambiado esta situación.

Es así como Claudia Márquez, representante del Servicio Nacional de Turismo de la región de Magallanes y Antártica Chilena, explica a través de sus tradiciones algunas de las experiencias que las personas que visiten la región podrán disfrutar en este destino, cuyos protagonistas son “Terra Australis”, Tierra del Fuego y Patagonia.

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ESTRECHO DE MAGALLANES


Llegar a esta zona es trasladarse hasta el fin del mundo, donde
lugares inhóspitos poco explorados se muestran ante los hombres, quienes podrán observar fiordos y montañas sobre los que yace la segunda masa de hielo continental más grande del hemisferio.

Lo anterior permite a los viajeros la práctica de actividades como:
tre-kking, avistamiento de aves, kayak, montañismo, escalada, caminatas en hielo, ciclismo, cabalgatas e, incluso, observar ballenas.

Y es que en el Estrecho de Magallanes la flora y fauna completan este espectáculo de la naturaleza. Los glaciares están rodeados por
bosques y en las islas, islotes y canales aún es posible observar pingüinos, elefantes y lobos marinos, gracias a que los lagos, bosques y montañas han sido decretados Parques Nacionales y Reservas de la Biosfera para garantizar su conservación y la de sus habitantes.


Turistas observan el Glaciar Perito Moreno en la Patagonia. (Bloombrg)
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PUNTA ARENAS

Uno de los primeros sitios a visitar es Punta Arenas, localizado en el Estrecho de Magallanes, frente a la isla conocida como Tierra del Fuego, bautizada así por el explorador portugués Fernando de
Magallanes, quien llegó a estas latitudes en 1520 encabezando la primera expedición de circunnavegación de la tierra, debido a que en su primera visita observó que en las costas los indígenas encendían innumerables fogatas.

Magallanes también fue el responsable de nombrar a la Patagonia como “Tierra de los Pie Grande”, pues la etnia de los tehuelches o
ao-nikenk eran personas muy altas, que dejaban a su paso huellas grandes.

En Punta Arenas, las leyendas de los antiguos exploradores que en rústicas embarcaciones sorteaban los peligros marítimos siguen
presentes y para ello basta con darse una vuelta por el Museo Histórico de Magallanes, donde se muestra parte del legado regional.

La recomendación para conocer esta zona es navegar por los fiordos, canales y por el Estrecho de Magallanes, en la que se podrán observar glaciares y colonias de pingüinos. “Aquí se puede ver de cerca
delfines, orcas y ballenas jorobadas; pero si los viajeros desean ver cientos de estas especies, pueden visitar el Parque Marino Francisco Coloane, ya que es el único sitio del hemisferio sur donde se alimentan fuera de la Antártida”, señaló Claudia Márquez.

La travesía continúa hasta el Cabo de Hornos, el punto más austral del continente, incluso pueden llegar a la Antártica, considerada como “un tesoro científico y ecológico”.

Parque Pumalin, reserva natural en la Patagonia. (Bloomberg)
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TRAS LOS PASOS DE DARWIN


Continuando con la travesía, al recorrer el Seno Almirantazgo es factible observar uno de los sitios que han marcado el rumbo de la ciencia a nivel mundial: la Cordillera de Darwin. Para llegar a ese punto es necesario navegar hasta el Canal Beagle, llamado así porque en 1832 recorrió sus aguas la famosa embarcación donde viajaban el mítico capitán Fitz Roy y el joven naturalista Charles Darwin, hecho que influyó en la creación de su Teoría de la Evolución.

El canal alberga la Avenida de los Glaciares, a la derecha y a la izquierda se pueden ver cómo desembocan en el mar esos gigantes; es en este sitio en el que algunas veces los turistas pueden observar cómo un pedazo de gran tamaño se desprende de los glaciares y cae al mar.

Finalmente, el turista no debe dejar de pasar la oportunidad de visitar Torres del Paine, Parque Nacional y Reserva de la Biosfera, que entre sus atractivos destacan los circuitos de trekking que atraviesan bosques, cerros, saltos de agua y lagos, en los que la naturaleza se cubre ligeramente de nieve. En el parque existen 97 kilómetros de caminos que recorren paisajes que van desde la estepa hasta los bosques.

Una buena forma de terminar la travesía es observando el amanecer con una bebida caliente, ya que es en este momento cuando los cuernos del macizo Torres del Paine se tiñen desde el morado al rojo, un espectáculo en el que las palabras sobran.

Glaciar Perito Moreno, Patagonia. (Bloomberg)