Suplementos

El viaje de “la otra Compostela”

Cada año miles de peregrinos se lanzan a la aventura de conseguir La Compostela, el anhelado documento que certifica que al menos han caminado 100 kilómetros, en las diferentes rutas que componen el Camino de Santiago.
Laura Rodríguez
29 julio 2014 1:33 Última actualización 29 julio 2014 5:0
Santiago de Cospostela.

Santiago de Cospostela forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. (Archivo)

SANTIAGO DE COMPOSTELA.- En la Plaza del Obradoiro, el 24 de julio de 2013 la gente se apresuraba a reservar con sillas portátiles, mantas y cojines desparramados en el piso un lugar para presenciar los juegos pirotécnicos de la fiesta más esperada por los peregrinos que han gastado la suela durante muchos días por los caminos de España.

El ambiente era de algarabía, y ¿cómo no? si ese día el gigantesco botafumeiro de la Catedral se balanceaba perfumándola con un halo místico producto del incienso que emana en cantidades generosas para confundir los olores de miles de personas que acudieron a ella por razones religiosas o como turistas curiosos sólo para constatar cómo evoluciona la fiesta del Santo Patrono de Galicia, una de las de más arraigo popular.

La celebración estaba a punto de comenzar y una pregunta que empezó como un murmullo se convirtió en sonora incertidumbre: “¿Qué pasó?” Un tren colmado de pasajeros con destino a Santiago se había descarrilado a unos kilómetros de este destino y habían muerto decenas de personas.

El silencio se hizo presente, el júbilo se suspendió y la fiesta en honor de Santiago Apóstol cedió su lugar para declarar el 25 de julio día de luto nacional. Ese mismo día un tren turístico, Al Andalus, alcanzaba el clímax de su primer recorrido por el Camino de Santiago, aquellas rutas que recorrían los peregrinos en la Edad Media para visitar la iglesia donde están las reliquias del apóstol Santiago y que en la década de los ochenta del siglo pasado fueron recuperados con gran éxito y hoy son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Hacerlo en tren tiene mucho sentido pues le permite a los viajeros descubrir algunos de los sitios más atractivos desde una perspectiva lúdica y cultural, ideal para quienes tienen apuro de tiempo o no pueden o quieren comprometer las plantas de sus pies y sus rodillas.

Y como en toda buena historia, hay un momento climático, aquel en que los peregrinos consiguen el propósito principal de su trayecto en una ciudad que hace un año se vistió de luto, cuando un tren moderno se descarriló por exceso de velocidad. La fe, la tradición y las reliquias se mantienen intactas y hoy, como iba a suceder hace un año, regresa el espíritu de una de las fiestas más significativas para los católicos de España y de los viajeros de otros países que participan en ella.

NO TODOS CAMINAN

Cada año miles de peregrinos se lanzan a la aventura de conseguir La Compostela, el anhelado documento que certifica que al menos han caminado 100 kilómetros, en las diferentes rutas que componen el Camino de Santiago.

No todos lo hacen a pie, hay quien monta a caballo o pedalea en una bici- cleta para realizar la hazaña, aunque estos últimos, tendrán que recorrer el doble de distancia para obtenerla. Hoy también existe un grupo que prefiere hacer el recorrido en Al Andalus, un tren con reminiscencia de otros siglos, cuando la monarquía británica viajaba entre Calais y la Costa Azul y ahora se utiliza para hacerlo con la misma comodidad de León a A Coruña, una de las rutas de los caminantes.

Claro está que de La Compostela mejor ni hablar, pero a cambio los viajeros obtienen un excelente servicio, comida gourmet, una suite confortable y sobre todo la comodidad de no llevar su equipaje a lomo, ya que esta joya ferroviaria se encarga de transportarlo con la menor fatiga posible.

UN TREN HISTÓRICO

Después de una cálida recepción al abordar en la estación de León, el tren se pone en marcha con destino a Astorga, en el trayecto el personal que participa en todo el recorrido, da la bienvenida con una charla explicativa en la que resuelve cualquier duda sobre los servicios a bordo.

De la visita a esta ciudad de origen romano destaca su Catedral y el Palacio Episcopal, obra modernista del arquitecto catalán Antonio Gaudí y que actualmente es el Museo de los Caminos. Después de un recorrido a pie por la ciudad para ver las principales plazas, iglesias o museos, puede aprovechar el tiempo libre para probar un “cocido Maragato” o las mantecadas y comprar unos chocolates antes de regresar al tren y partir hacia Ponferrada, para pernoctar.

Al día siguiente, el tren se acerca a Monforte de Lemos, situada al sur de la provincia de Lugo, para visitar La Ribeira Sacra, comarca de gran valor natural y paisajístico, en donde destacan los Cañones del río Sil. Luego de pasar la noche en Ourense, se realiza una breve visita que culmina en el Río Miño con sus diversos Spas de aguas termales en donde tomar un baño japonés o un masaje es una buena opción.

Después de una comida gourmet a bordo del tren, al fin se llega a Santiago de Compostela, meta de peregrinos que desde hace un milenio sigue las rutas que han marcado los fieles católicos y llegar hasta el sitio en donde aparecieron los restos del santo en medio de un campo lleno de estrellas.

Así esta ciudad, capital de Galicia se convirtió en un santuario para el peregrinaje como Jerusalén o el Vaticano. Lo primero que hay que hacer es recorrer las calles y plazas del casco histórico para impregnarse de ese ambiente entre místico y festivo que las inunda y llegar a la Catedral a las 12 del día y presenciar la misa del peregrino, en la que si se tiene suerte se verá volar a lo largo de la nave el gigantesco incensario o botafumeiro, rito único de esta ciudad.

En La Plaza del Obradoiro también se encuentra situado uno de los hoteles más famosos de España, el Parador Nacional Reyes Católicos, antiguo Hospital Real de Peregrinos edificado a comienzos del siglo XVI y otro edificio imperdible de este destino.

Al día siguiente este viaje culmina en A Coruña, puerto histórico y hoy dinámica ciudad, que conserva tesoros de su pasado como Finis Terra, un viejo faro que guiaba a los peregrinos hasta “el fin de la tierra” para recibir un merecido baño luego de su larga caminata.

Hacer el Camino de Santiago a bordo de Al Andalus acerca una de las gran- des experiencias de viaje en Europa y un año después de la tragedia, nueva- mente la gente reservará con mantas y cojines desparramados su lugar en la Plaza del Obradoiro para ver los fuegos de artificio que iluminan la fachada de la Catedral.