Sociedad

Resiente BCS la ausencia de turistas

Poco a poco hoteleros y empresarios turísticos rehabilitan sus negocios con ayuda de los empleados que, a falta de vacacionistas, se enfocan en la limpieza de la zona, manteniendo la esperanza de que en octubre, los turistas regresen y todo vuelva a la normalidad.
Antonio Hernández/ Enviado
24 septiembre 2014 20:20 Última actualización 25 septiembre 2014 5:0
Empleados de hoteles y restaurantes se dedican a reconstruir sus lugares de trabajo y a limpiar las playas, en espera de que los turistas regresen pronto. (Édgar López)

Empleados de hoteles y restaurantes se dedican a reconstruir sus lugares de trabajo y a limpiar las playas, en espera de que los turistas regresen pronto. (Édgar López)

A una semana del impacto del huracán Odile en Cabo San Lucas, Baja California Sur, el impacto ahora se resiente por la falta de la actividad turística, a pesar de que avanzan las obras para restablecer servicios y la reconstrucción de la infraestructura hotelera.

La población salió de sus casas y se involucró en los trabajos de reconstrucción y limpieza de playas y negocios. Por el momento, los únicos huéspedes y consumidores son policías federales, integrantes de la gendarmería y militares. No hay turismo, pero algunas familias ya regresaron a disfrutar las playas. Algunos niños utilizan un pedazo de techo de una vivienda como tabla de surf y se lanzan clavados.

En la playa de El Médano, de las más emblemáticas de la zona, comerciantes coordinan a sus empleados para limpiar los restaurantes, tiendas y bares. Sacan el escombro y en algunos casos reconstruyen la totalidad de sus negocios. Preparan comida para las fuerzas de seguridad y esperan a que la Comisión Federal de Electricidad restablezca el servicio eléctrico.

“Podemos trabajar, pero... ¿a quién le vamos a vender? No hay turistas. Es preferible que los empleados se dediquen a poner en orden el restaurante”, dijo el empresario Ricardo Araoz, presidente de la Asociación de Colonos de El Médano.

Los hoteleros, en sigilo, rehabilitan sus instalaciones y en la mayoría de los casos son resguardados por militares y gendarmes. No permiten el acceso a los inmuebles pero es imposible ocultar la magnitud del daño, que en algunos casos ha provocado el cierre del hotel hasta nuevo aviso.

“Si hubiera luz y agua ya podríamos trabajar. Pero hay optimismo. En octubre con el concurso de pesca ya estaremos operando. En septiembre se va mucha gente porque hay poco trabajo y llegan los huracanes, pero en un mes ya empieza la temporada alta y estaremos trabajando con normalidad”, aseguró Araoz.

En esa misma playa, trabajadores temporales contratados por la Secretaría del Medio Ambiente han limpiado en más de 90 por ciento la zona. El delegado federal de la dependencia en Baja California Sur, José Carlos Cota, informó que al menos mil personas fueron contratadas como empleados temporales para realizar esta actividad. De hecho, se tienen destinados 25 millones de pesos para limpiar las playas, con un sueldo diario de 140 pesos por jornalero.

“Buscamos rehabilitar la zona en el menor tiempo posible. Hay también cuadrillas de empleados temporales en varias zonas, tanto de Sedesol, Sedatu y otras dependencias. Queremos reactivar la actividad económica en las zonas más afectadas mientras los hoteleros continúan con la recuperación de sus instalaciones”, dijo.

LA AYUDA LLEGA EN FERRY

Debido al impacto de Odile, empresas navieras hicieron un puente marítimo para llevar víveres y maquinaria a Baja California Sur. Desde el puerto de Topolobampo en Sinaloa, ferries llevan cientos de camiones y voluntarios para reconstruir los lugares más dañados.

El California Star, gigante de más de 180 metros de largo por 25 metros de ancho, de la empresa “Baja Ferries” es el encargado de proveer víveres y maquinaria para recuperar la infraestructura eléctrica y en telecomunicaciones.

El recorrido entre los dos estados dura siete horas. En los primeros días de la contingencia, el California Star priorizó el envío de fuerzas militares y policiacas y comida; ahora traslada cuadrillas de trabajadores y equipo especializado.

Cargar y descargar un barco de estas características toma por lo menos cuatro horas. En los días más álgidos de Odile, la fila de transporte alcanzaba cinco kilómetros.Trabajadores, pero sobre todo familiares de residentes en Los Cabos y otras zonas afectadas, esperaron hasta tres días para tener un lugar en el ferry.

“Tenemos cinco hijos allá. Todos están bien, pero ya queremos regresar al lugar que nos ha dado todo. No imaginábamos el impacto del huracán. Hay que volver aunque sea a barrer”, dijo Teodoro Ramos, uno de los cientos que aguarda formado en su auto para subir al California Star.

“bcs"