Sociedad

Empatar con el anfitrión es algo que sabe a gloria...

La megapantalla del zócalo congrega a miles, movidos por la devoción al Tri, quienes después del partido no dudaron en ir al Ángel.
Rafael Montes
17 junio 2014 22:41 Última actualización 18 junio 2014 5:0
México vs Brasil en el Zócalo EDGAR LÓPEZ

Los aficionados vivieron intensamente el partido que se transmitió en las megapantallas del Zócalo. (Edgar López)

CIUDAD DE MÉXICO. Esta plaza es un corazón a punto de estallar. Está al borde del infarto. La euforia acumulada a lo largo de 90 minutos, bajo el rayo del sol, busca el momento de la explosión, del grito de gol, de la catarsis. Pero ese momento no llega. Ya se tardó. Los puños de esta multitud vestida de verde, con la cara pintada, se mantienen crispados. Las rodillas, flexionadas para saltar de emoción.

En la Plaza de la Constitución, el tiempo se ha detenido. Los semáforos de las esquinas cambian del verde al rojo inútilmente. La gente ya no camina. Los autos ya no circulan. El tumulto desordenado del Centro Histórico se ha convertido en una sola afición, impaciente y unánime.

Nada importa más en este momento que lo que ocurra en Fortaleza. El pentacampeón está en casa. Faltan tres minutos para que el duelo contra Brasil termine. Y el marcador sigue en ceros. De hecho, México podría llevar la desventaja.

La pausa en la rutina se esparce por las calles aledañas. Madero; 16 de Septiembre; 5 de Febrero, 5 de Mayo; Motolinía; 20 de Noviembre, son calles en donde todo se vive en cámara lenta. Hay sólo un sonido: el de la tele. Son como un panal alrededor del que rondan las abejas.

En los restaurantes, no importa que ya no haya cupo. La gente ocupa las orillas. Los curiosos, silenciosos, poco a poco se acercan a la pantalla. Las jardineras frente a los restaurantes son gradas alternativas.

Adentro, los meseros corren. Las cervezas se agotan. El olor a tacos, a tortas, se esparce por las calles. Los tarros chocan. La gente bebe. Es la hora, es el momento. En esta ciudad, cuando México juega todo se detiene. Todos quieren estar ahí, en las butacas del estadio, en la cancha misma. Gritan, sufren, carcajean. Celebran.

El grito en el primer cuadro de la ciudad no es de “¡gooool!” El grito es de “¡Ochoa!”. Una y otra vez. El portero es el héroe esta tarde. Es el motivo de alegría. No porque México esté ganando, sino porque México no va perdiendo.

Faltan tres minutos y la esperanza no ha muerto. Aquí, en el corazón del país la gente reclama. Hay un murmullo de lamento. Se derrama la inconformidad.

Las manos se agitan hacia arriba. Reclaman. Festejan. Se van a la cabeza. Se crispan hacia el cielo. Se extienden con coraje. La plaza está por reventar. El grito está en la garganta, pero no sale. El gol está en el aire, pero no apareció.