Sociedad

Cruz Roja, la otra cruz en el Viacrucis de Iztapalapa

Los socorristas deben estar listos ante cualquier contingencia que pudiera ocurrir durante la celebración del Viernes Santo; mientras los pobladores cargan con su cruz de madera, ellos exhiben en sus casacas la insignia internacional de la institución. 
Rafael Montes
21 abril 2014 11:28 Última actualización 21 abril 2014 11:31
Viacrucis

El Viernes Santo es una fecha esperada por todos los socorristas de Cruz Roja, su presencia en el lugar brinda tranquilidad a los asistentes. (Archivo/Cuartoscuro)

CIUDAD DE MÉXICO. En medio del calor seco del Viernes Santo en Iztapalapa, entre multitudes sofocantes, esos jóvenes de blanco lucen frescos e invencibles. Con cascos, gogles, guantes de látex, botas todoterreno, pantalones con franjas reflectoras, tapabocas y un botiquín bien equipado, los socorristas de la Cruz Roja están preparados para todo. Incluso, para que el viacrucis, en un caso extremo, se declare zona de desastre.

Que los más de cien caballos que participan en la representación de la Pasión de Cristo (a la que van más de dos millones de personas), se salgan de control y golpeen a los asistentes es el peor escenario al que se pueden enfrentar. Habría no solo lesiones múltiples, sino caos y muerte.

Eso puede ocurrir, aunque no lo parezca. “Con que se salgan de control diez caballos, se salen de control todos, porque uno jala a todos”, explica Guillermo Fernández, instructor de capacitación de la Escuela Nacional de Técnicos en Urgencias Médicas de la institución. En la Pasión, una tradición que este año cumplió 171 años en la delegación Iztapalapa, el gobierno delegacional gastó siete millones de pesos para la logística y el montaje del sonido. En tanto, el Comité Organizador juntó, con cooperaciones de los vecinos, unos 70 mil pesos para los gastos de operación. Sin contar que el vestuario de cada personaje, lo cubre cada uno de ellos. El más caro, es el de Jesús, que alcanza los 15 mil pesos.

En el recorrido, los soldados romanos y las autoridades que juzgan a Jesús montan a caballo. También un numeroso grupo de policías de la Secretaría de Seguridad Pública del DF los usan para disuadir a la multitud y evitar aplastamientos.

Y ambos grupos, actores y policías, suben con ellos desde la explanada de la delegación Iztapalapa, hasta el Cerro de la Estrella. Entre el estrés que ocasiona una multitud ansiosa y fanática de esos días, los caballos pueden tener una reacción inesperada.

Sería una escena en la que se vería de todo. Las patadas de una multitud de caballos alebrestados empezarán a causar desde la muerte, hasta fracturas de pelvis, cráneos rotos, costillas quebradas, abdómenes destrozados, vísceras expuestas. “Son caballos muy fuertes, porque tienen que dar show. Lo que te imagines, un caballo nos lo puede hacer. Eso sólo uno. ¿Muchos y sin control?”.

En ese caso, los socorristas deben evacuar la zona durante el ataque. Todos. Correr a su área de seguridad. Como si el lugar fuera un sitio de guerra. “Aunque empiece a haber lesionados, primero tenemos que asegurar nuestra seguridad y la seguridad de la escena. Después actuar con los comandos de una zona de desastre. Hay que evaluar a los lesionados más graves, ver cuántos son trasladables, cuántos no, si falleció alguien.

No nos vamos a dar abasto con las ambulancias que tenemos alrededor, (unas 12). Hay que coordinar con la central que nos empiece a mandar más ambulancias y con la Secretaría de Salud y el ERUM”, detalla el jefe de instructores. Pero eso, ese fatídico escenario, nunca ha pasado. Al menos no a ese nivel.

LAS OTRAS CRUCES DE VIACRUCIS

En la central de operaciones de la Cruz Roja, en la colonia Polanco, el responsable de la Coordinación de Radiocomunicación, Javier Heredia, recuerda que “hace como cuatro años, se dio el desbocamiento cuando estábamos en la explanada de la delegación, el Viernes Santo. Varios caballos arrollaron a las personas que se encontraban en el punto. Hubo más de 15 lesionados”. En sus 41 años en la Cruz Roja, ya son infinidad de viacrucis a los que ha asistido.

El Viernes Santo es una fecha esperada por todos los socorristas de Cruz Roja. Porque su presencia en el lugar brinda tranquilidad a los asistentes. “El viacrucis sin la Cruz Roja no se puede explicar”, afirma Heredia. Han ido de la mano. Mientras los pobladores cargan con su cruz de madera, los socorristas exhiben en sus casacas la insignia internacional de la Cruz Roja, lo que es una garantía de paz. Ellos son las otras cruces del viacrucis.

Entre el gentío que se arremolina rumbo al Cerro de la Estrella, antes, durante y después del paso del hombre que representa a Jesús, “la Cruz Roja y nadie más es la encargada de la atención médica”, afirma Guillermo Fernández. Lo es “porque tenemos la mayor capacidad humana y la capacitación en desastres”.

Y aunque el escenario fatal para los paramédicos es el de los caballos desbocados, eso parece más un caso extremo. Lo más factible, agrega Fernández, es una balacera. “Una persona con un arma de alto calibre puede lastimar a 12 o 15 personas. Yo creo que una balacera puede ser más factible a que los caballos se salgan al control”.

Mientras eso no ocurra, lo más común son dolores de cabeza, golpes de calor, ampollas, laceraciones en las plantas de los pies, hipoglucemias, deshidrataciones.