Sismo 1985

Un temblor que no golpeó a la Bolsa

Aunque el terremoto de 1985 agravó la inestabilidad financiera del país, no ocurrió lo mismo con la Bolsa mexicana, la cual, aparte de no reportar caídas de las acciones, también registró una ganancia de 1.9 por ciento.
Enrique Quintana
16 septiembre 2015 23:52 Última actualización 17 septiembre 2015 12:8
Etiquetas
sismo

El sismo de 1985 derrumbó edificios completos en la capital del país. (Archivo)

Faltaba todavía más de una hora para que iniciaran las operaciones bursátiles de aquel jueves y en la calle de Uruguay 68, en el centro de la ciudad de México, como en toda la urbe se sintió el gran terremoto.

La Bolsa no abrió ese 19 de septiembre. Sin embargo, el salón de remates se mantuvo en pie y bastó el siguiente fin de semana para volver a ponerse en operación el lunes 23 de septiembre de 1985.

El terremoto no sólo no generó una caída de las acciones, como sí lo hizo de cientos de construcciones, sino que al reiniciarse las operaciones el lunes posterior, el índice registró una ganancia de 1.9 por ciento. En el mes de septiembre del terremoto, la ganancia fue de 7.5 por ciento.


Nos encontrábamos en medio de un boom bursátil que todavía duró prácticamente un par de años, hasta que las bolsas de todo el mundo se desplomaron en 1987. Lo que sí agravó el terremoto fue la situación de inestabilidad financiera que el país vivía en ese entonces.

En ese mes del terremoto la inflación en México fue de 4 por ciento y la tasa anual de 57.5 por ciento.

En ese mismo mes, el dólar se encareció en 12 por ciento y en el año previo, la devaluación era de 97 por ciento. El día del temblor, la divisa norteamericana ya costaba 384.50 pesos (viejos).

Pese a esa circunstancia de inestabilidad, la Bolsa se estaba convirtiendo en una de las opciones de inversión más populares. Personas que antes tenían aversión a invertir en acciones o en fondos de inversión, se acercaron a las casas de bolsa atraídas por los extraordinarios rendimientos. En el año del temblor, la ganancia del índice fue de 177 por ciento.

Y pese a la crisis económica que el país vivió en ese año y que se agudizó en los que siguieron, el atractivo de la Bolsa continuó.
El temblor apenas interrumpió por unos días la operación, y aún estando en medio de edificios derrumbados y de un país dolido como pocas veces, la euforia bursátil no sufrió mella.