Sabor lujoso y delicado a bajo precio
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Sabor lujoso y delicado a bajo precio

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Sabor lujoso y delicado a bajo precio

Una experiencia de sabor a menor precio que la champaña es la que puedes disfrutar con una botella de prosecco.

Lizbeth Hernández
11/05/2018
Prosecco
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En la región italiana de Véneto crece la uva blanca glera, ingrediente principal del prosecco. Entre colinas y valles rodeados de montañas con picos nevados están los viñedos, ahí nace el fruto del espumoso de sabores frescos, que en los últimos años ha ganado popularidad gracias a su fácil maridaje y precio accesible.

Tiene denominación de origen, color dorado y permanece en la boca. Las burbujas lo hacen ideal para la hora del brindis, por lo que es invitado recurrente a las celebraciones de todo tipo.

“Ofrece una experiencia de sabor a menor precio que la champaña y se puede disfrutar en cualquier momento”, señala Gloria Lescieur, embajadora para América Latina de Gallo Winery, empresa que trae al país la etiqueta La Marca, con más de cuatro décadas de tradición en Italia.

Las ventas de prosecco han crecido como la espuma que sale de sus botellas al destaparlas. Lescieur comenta que, a nivel mundial, el año pasado se registró un incremento del 30 por ciento, principal razón por la que decidieron comercializarla en el país y ampliar las ofertas disponibles.

“Su sabor es delicado, con una acidez equilibrada, es un lujo accesible, no hay que gastar tanto para disfrutarlo”, asegura Cynthia Mascareñas, gerente de la marca.

La clave de su accesibilidad está en su proceso de elaboración. La champaña hace una segunda fermentación dentro de la botella y requiere tiempo de guarda; el prosecco fermenta por segunda vez en tanques de acero inoxidable y no necesita guarda. Se debe beber en cuanto de se compra.

Tiene un sabor balanceado con toques cítricos. Se puede acompañar con frutas, especialmente su sabor resalta con pera, fresas y piña. Con los frutos del mar se lleva bien, especialmente con las almejas, los pescados blancos y el salmón. Para el dulce final es acompañante de macarrones, pay y mousse.

“Se debe enfriar a 6 u 8 grados centígrados, nunca a menos de 5, porque pierde la permanencia de sabor. Tiene sólo 11 grados de alcohol, lo que favorece su consumo”, puntualiza Leiscieur.