Retrato Hablado
Gabriela Cuevas, senadora del PAN

“Sigo el qué quiero antes del qué toca”

La legisladora albiazul no se considera una mujer de partido y afirma querer ayudar al Partido Acción Nacional, siempre y cuando pueda mantenerse "lejos de su estructura".
María Scherer Ibarra
19 febrero 2015 23:23 Última actualización 20 febrero 2015 5:0
Gabriela Cuevas, retrato hablado

Gabriela Cuevas, retrato hablado

CIUDAD DE MÉXICO. Nadie en su familia la condujo por el sendero de la política. Sin embargo, tanto en casa como en la escuela le transmitieron lo que ella llama una “preocupación social”.

Durante su adolescencia, por lo menos una vez al mes, visitaba orfanatorios y asilos en Hidalgo y Querétaro con las monjas del Colegio Regina. “Vi a niños como yo que no tenían nada, que vivían en condiciones más que precarias” y a partir de entonces, a los 14, Gabriela Cuevas se comprometió con el trabajo comunitario, aunque pintó su raya con la religión. “Ese tema todavía no está superado; tengo profundas crisis de fe”.

Cuando expresó su inquietud por la política, dos amigos de su padre la acercaron uno al PRI y otro al PAN. En una junta distrital del segundo, en 1994, encontró a jóvenes como ella que organizaban una colecta de víveres para pobladores de la Sierra Tarahumara. “Embonó perfecto con mi actividad y mi inquietud”.

Hace 20 años fue expedida la primer credencial de panista de la senadora. Entre ese día y el de hoy, estudió la preparatoria y Ciencia Política en el ITAM. Originalmente, planeó estudiar un doctorado en Estados Unidos al graduarse. “Quería una vida más pacífica que la de la grilla”, pero su promedio no era destacado y la absorbía la Secretaría de Acción Juvenil del PAN para la que ya trabajaba. También fue suplente de César Nava en la Cámara de Diputados, lo que fortalecería su currículum para ser aceptada en el posgrado.

En el 2000, en contra de lo que pensaban los propios panistas, Vicente Fox ganó la presidencia. Cuevas ocupó el escaño que Nava dejó vacante y “acabé la carrera enviando exámenes desde mi curul”.

“Por eso no me he titulado. Nunca encuentro el tiempo, pero estoy trabajando en un ensayo sobre niños migrantes no acompañados para acabar la tesis”, dice la legisladora que se ha vuelto vegana y nadadora disciplinada, después de que descubrió que un dolor de años en la espalda respondía a la vieja fractura de un disco vertebral.

A los veintidós años, Cuevas fue diputada federal. “Nadie te prepara para eso”, confía. “Nadie te explica de qué se tratan las comisiones, nadie te dice porqué es importante subir a tribuna. Nadie te dice nada”.

__¿No tuviste un padrino en la cámara?
__No, pero sí hubo quien me motivó. Alejandro Zapata me fastidió hasta que subí a tribuna. Aprendí mucho, pero me merecía mejores oportunidades. Me hacían a un lado porque estaba chava.

__En el discurso, los panistas afirman que valoran la juventud…
__Es el discurso, pero hoy el promedio de edad del padrón ronda los 50 años...

Cuevas asegura que los cargos en los que se ha desempeñado han sido fruto de las circunstancias, que nunca ha buscado ninguno, salvo la candidatura a jefa de gobierno del DF, que le fue negada.

“La única vez que dije ‘quiero’, se me frustró. El entonces presidente Calderón designó a Isabel Miranda de Wallace. Amo mi ciudad y me encantaría gobernarla, pero no puedo perder una sana dosis de realidad y sé que el padrón interno de militancia del PAN está claramente inflado. Ese no es el mejor caldo de cultivo en un proceso democrático. Sé que la candidatura está cuesta arriba”.

* * *

Cuevas es una mujer dispersa. No puede leer un solo libro a la vez, y mucho menos si es una novela, a menos que sea de Mario Vargas Llosa. Es ajena a la televisión.

“Después de la diputación federal –cuenta– me concentré en construir mi carrera política. Busqué ser diputada local, pero después renuncié a proponerme como meta llegar a otro cargo. Simplemente, ha sucedido”.

A lo que dice que renuncia de antemano es a ocupar un cargo partidista. “Aunque los he ocupado, no soy fan de esas posiciones. No me considero una mujer de partido; la dinámica interna no es mi pasatiempo favorito. Me gustaría encontrar una forma de ayudar al PAN, pero manteniéndome lejos de su estructura”.

La administración de Gabriela Cuevas en la delegación Miguel Hidalgo fue controversial, por decir lo menos. Aunque su balance es satisfactorio, Cuevas dice que su vida personal padeció el cargo.

“Emocionalmente tenía su costo porque no quedaba bien con nadie, hiciera lo que hiciera. Este es un país de intereses, de prebendas, de amiguismos, así que perdí familia y amigos, porque todo el mundo espera que los favorezcas de alguna forma. En Miguel Hidalgo aprendí que es cierto que los amigos son de mentiras y los enemigos de verdad”.

__Eres joven y el camino que tienes hacia arriba, como la jefatura de gobierno, está prácticamente cerrado… La tuya es una carrera política ascendente que se ve estancada a futuro…
__Algo que he aprendido bien es a preguntarme qué quiero. Los cargos que he ocupado llegaron por distintas coyunturas, pero no fueron parte de un plan estratégico; yo no soñaba con ser delegada. Hacer campaña en la Miguel Hidalgo teniendo a Andrés Manuel en la boleta fue brutalmente complicado. Después me presionaron para que fuera diputada porque el PAN no estaba bien en encuestas. Cada vez que critican mi gestión recuerdo que tres veces me han elegido los mismos ciudadanos.

__¿Entonces?
__Entonces he optado por cambiar mis temas, por diversificarme, como lo he hecho en el Senado. Por eso busqué presidir la comisión de Relaciones Exteriores. También voy a adoptar el tema de la niñez que es importantísimo en un país que está creciendo con historias de decapitados, de desaparecidos, de tragedias. Seguiré en lo de plantearme el “qué quiero” antes del “qué toca”.

__Te enfrentaste con López Obrador y con Marcelo Ebrard. ¿Nunca temiste crear una imagen de política confrontativa en demérito de una imagen de política propositiva? Se sabía más de ti por tus pleitos que por los programas que impulsabas.

__Son unas por otras. Hoy no tengo con quien pelearme y tampoco se sabe mucho de mí ni de mi trabajo. De hecho, a veces pienso que me falta con quien pelearme, pero la política exterior no es para pelearte aunque la coyuntura actual nos está obligando a fijar posiciones hacia afuera porque la marca del país no anda en su mejor momento.