Retrato Hablado
Sergio Mayer, actor y activista humanitario

"Siempre he tenido
buena relación con
el Presidente"

Asegura que respeta la investidura presidencial, con sus aciertos y errores; además, especifica que él está con las personas, no con los partidos.
María Scherer Ibarra
19 marzo 2015 22:46 Última actualización 20 marzo 2015 15:20
Sergio Mayer, retrato hablado.

Sergio Mayer, retrato hablado.

CIUDAD DE MÉXICO.- Muy pronto le confesé a Sergio Mayer mis prejuicios sobre él. Pensé que era un tipo vacío, frívolo y presuntuoso, sin más gracia que su atractivo físico.  

“Sí, ya sé”, responde. “Y seguro pensaste que como soy ‘televiso’ también soy priista”.

__Pues sí. O del Verde.
__Pues no. No soy de partidos, soy de personas.

Codo a codo con el Verde, pero sobre todo con Anima Naturalis, Mayer bregó para que se aprobara la iniciativa del circo sin animales, una iniciativa de la sociedad civil que se presentó a través del Partido Verde. La senadora priista Hilda Flores, presidenta de la Comisión de Atención a Grupos Vulnerables, lo nombró vocero de los derechos de los niños. Respaldó a Jorge Lavalle, del PAN, con una iniciativa para homologar el registro y la adopción de niños. La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Angélica de la Peña, lo acercó al PRD, que más tarde le ofreció una diputación plurinominal. La cosa quedó en eso, en promesa.

Sergio fue criado por un ama de casa y un comerciante en la colonia San Lorenzo Xicoténcatl, por los rumbos de Ciudad Nezahualcóyotl. Terminó la primaria en una escuela pública y cursó la secundaria también en un plantel federal, cerca de Texcoco. Se aficionó –igual que sus hermanos– al futbol americano, que practicó con los Toros Salvajes de Chapingo.

Sus padres, cuenta, no limitaban esfuerzos para forjar el futuro de sus hijos. Con tres de ellos –el cuarto nació allá–, se instalaron en Chicago. El papá trabajaba de madrugada en una empacadora de carne; por las tardes tenía un empleo de medio tiempo y de noche servía en un bar. Cuando más, dormía tres horas al día.

Se envenenó cuando Sergio le dijo de su interés por formar parte de un grupo musical. “Hace 30 años hablar del medio artístico era hablar de drogas y de homosexualidad, así que te imaginarás la reacción de un hombre dedicado a la industria de la ganadería”. Ante la inflexibilidad de su padre, dejó la casa familiar. Tenía 16 años, pero ingresos suficientes para emanciparse. Era modelo de pasarelas y comerciales.

Mayer invoca su mala memoria y cuenta sobre los inicios de su carrera artística, a principios de los ochenta, cuando irrumpieron, triunfantes, grupos de jóvenes de pantalones apretados –como Menudo– que rompieron récords de venta y se convirtieron en verdaderos fenómenos internacionales.

Para honrar a su padre, se tituló como licenciado en Administración de Empresas en la Ibero. Apareció en diversos programas de Televisa como actor invitado y tomó clases de actuación, dicción y expresión con maestros como Rita Macedo. Entonces Luis de Llano lanzó Garibaldi y Mayer recogió con sus compañeros discos de oro, de platino, de diamante, para recompensar cientos de miles de copias vendidas.

A principios de los noventa decidió abandonar el conjunto y empezar de cero. Invirtió todo su capital en un Macrovideocentro, que fracasó y remató poco después. Luego, creó Espectáculos Mayya, una empresa que organiza conciertos. También creó el strip show “Solo para mujeres”, que fue tan exitoso como criticado. “Me cuestionaban porque vivía de ellas, y no lo niego. Pero lo mismo pasa con las empresas de cosméticos, de ropa interior o de zapatos. Las mujeres definen la moda y en qué se gasta el dinero. También han redefinido el mundo del espectáculo”.

* * *

Pienso que la existencia de las personas que viven de su cuerpo o de su apariencia transcurre con cierta crueldad. A Sergio Mayer se le viene encima la cincuentena. Supongo que estará asustado. Pero no. “No me importa. Para nada”.

Pronto entiendo que la vejez lo tiene despreocupado porque, aunque mantiene viva su carrera actoral, lo que le da sentido a su vida está lejos de los desfiles, las pasarelas, las luces, las cámaras. Hace varios años, después del traumático secuestro de uno de sus hermanos, Mayer se involucró con distintas organizaciones dedicadas a los niños. “Son la parte más vulnerable de una sociedad. Por eso les dedico mi esfuerzo”, sostiene.

Cuando percibió que su pertenencia al medio artístico amplificaba su voz, se acercó a algunos legisladores, funcionarios y miembros de organizaciones sociales. Todos lo han convocado conforme destapó su interés por participar. Así se hizo “vocero humanitario” de la Fundación ¿Quién habla por mí?, entregada a niños de cero a seis años golpeados, maltratados y explotados; es “embajador humanitario” de la Be Foundation, que se propone dotar de identidad a quienes carecen de ella porque no han sido registrados. “Mexicanos invisibles” llama a quienes no tienen acta de nacimiento, ciudadanos desvalidos sin derecho a la protección del Estado.

Su labor social, que ocupa ahora la mayor parte de su tiempo, atrajo a políticos de distintos partidos, que le hicieron guiños. Nada concreto, hasta hace poco que el PRD le ofreció una pluri que al final fue para Luis Maldonado.

__Te utilizaron…
__No. A mí no me propusieron que fuera por votos. No buscan mi popularidad. Me reconocen por mi trabajo, por mi imagen y mi compromiso. Puedo trabajar con un diputado de un partido, con un senador de otro y un gobernador de uno diferente. Eso sí: ahora que comienzo a meterme en política, se me vienen encima. Que yo qué puedo hacer por México, que si no tengo ni la secundaria, que desde cuándo soy activista social, que yo por qué…

__La pluri del PRD podía poner en riesgo tu trabajo con los demás partidos.
__Sí, sí. Yo sabía que en el momento que yo tomara una bandera o un color se me iban a cerrar algunas puertas.

__Si te habían invitado antes otros ¿Por qué aceptaste hasta ahora?
__Porque no me lo habían ofrecido de manera oficial. Acepté porque hoy en día las candidaturas ciudadanas son una utopía. Te ponen mil y un trabas para que puedas lograrlo.

Mayer se sacude un poco cuando lo tachan de izquierdista. Sucedió durante su acercamiento al PRD y antes, cuando tomó el papel de mandatario en La Dictadura Perfecta. “Hubiera hecho de albañil también”, contesta, y sostiene que respeta la investidura presidencial, “con sus errores y sus aciertos”.

“Siempre he tenido muy buena relación con el Presidente. Te repito: estoy con las personas, no con los partidos”.