Retrato Hablado
Ricardo Bucio, presidente del Conapred

“Que el dolor de los otros siempre me indigne”

Su primer empleo formal fue en el DIF. Transcurridos dos años, lo venció la inmovilidad de la burocracia. Los siguientes 15 años de su vida transcurrieron en organizaciones civiles.
María Scherer Ibarra
14 agosto 2014 21:45 Última actualización 15 agosto 2014 5:0
Retrato Hablado Bucio Conapred

Retrato Hablado Bucio Conapred

CIUDAD DE MÉXICO. La familia Bucio ha estado apegada a la función pública. El abuelo paterno, por citar un caso, fue militar y jefe de la Policía del DF, en los tiempos de López Mateos. La madre fue una apasionada militante priista. De ella tomó su hijo Ricardo el interés por la participación en los asuntos públicos.

Ricardo es el noveno hijo de nueve hermanos. Todos han transitado por la cosa pública, aunque sólo la mitad de manera intensa. El padre fue ajeno a esa esfera. Lo suyo eran los bancos, las finanzas, los seguros.

En los años de formación profesional, ciencias políticas y administración pública en la Iberoamericana, Bucio encontró el espacio propicio que le dio sentido a la institución pública. Mientras estudiaba, se involucró con diferentes organizaciones civiles. Adquirió la perspectiva de “lo ciudadano”.

Se inició en una organización que apoyaba a adultos mayores. Poco después, inició un grupo para acompañar jóvenes en el Consejo Tutelar para Menores. En los veranos, iba a prestar auxilio en comunidades indígenas de Chihuahua. En la Ibero, conocidos lo introdujeron con organizaciones de discapacidad y parálisis cerebral.

__¿Cómo detectaste tu vocación? ¿Qué grupo te conmovió?
__Eso no lo tenía claro. Encontré mi primer espacio en una casa hogar para adultos, lo mismo que en una organización de discapacidad y en el Consejo Tutelar. Conocí personas en una situación de vulnerabilidad muy grande. Luego reflexioné en que no me checaba la situación de estos grupos de población que iba conociendo, los indígenas por ejemplo, con lo que reportaba el gobierno. Lo que constituyó un gran descubrimiento fue que me interesaba tanto un grupo como el otro. Más adelante me involucré con personas con VIH, en procesos de desastres naturales, con chavos banda. Los factores de vulnerabilidad coincidían en todos esos espacios.

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Su primer empleo formal fue en el DIF. Era analista, y su función era revisar documentación de los centros de atención, que entonces eran unos ochenta en el Distrito Federal. Todos los días, Ricardo visitaba colonias marginadas, zonas rurales, casas de cuna, casas hogar para niños, casas para adultos mayores. Transcurridos dos años, lo venció la inmovilidad de la burocracia. Los siguientes 15 años de su vida transcurrieron en organizaciones civiles.

__Después del caso de Mamá Rosa, parece obvio que para ayudar también hay que saber, hay que ser profesional. ¿Fuiste consciente de eso?
__Creo que no, pero al tiempo que iba trabajando e involucrándome en los procesos, iba estudiando. Yo tengo una gran propensión a no dejar las cosas como están y como para tratar de incidir en un cambio siempre se necesitan herramientas, he tratado la forma de encontrarlas.

Este discernimiento llevó a Bucio, presidente del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, primero a las acciones de asistencia. Vivó dos años en San Miguel Teotongo, Iztapalapa. Trabajaba en una organización civil y dormía en otra. Eran cotidianos la violencia, la precariedad, la falta de luz y agua, la ignorancia, el analfabetismo y la desnutrición.

Luego se concentró en temas para incidir en el desarrollo de las personas, como los proyectos productivos, de vivienda y de ahorro solidario. Pasó el año siguiente en Francia, con una organización civil que atendía a personas con discapacidad intelectual. Las condiciones de vida eran radicalmente distintas. Había políticas públicas que protegían a las personas con discapacidad, accesibilidad y, sobre todo, “un enorme respeto al Estado de derecho”.

__¿Cómo afecta tu profesión tu vida profesional?
__Más que afectarla, se va relacionando, se fusiona. Eso tiene una relación directa con lo que vives y cómo quieres vivir. Si estás metido en cuestiones de derechos humanos, tiene que existir una congruencia entre tu manera de actuar y tu manera de ubicarte en lo familiar y en lo social. No puedes promover la perspectiva de género y ser un machín en la casa, por decir algo. Esto es, necesariamente, un proceso reeducativo. En su momento, a mi mamá le costaba muchísimo trabajo aceptar que yo hiciera el quehacer, que cambiara a mis hijos, que lavara trastes, o que me mudara a Iztapalapa.

El presidente del Conapred es padre de cuatro hijos. La mayor es adoptada. Eso, cuenta, determinó la “forma de ser familia”. Todos ahí comprenden y comparten su profesión, que también es la de su esposa.

__En tu profesión tiene que enfrentar permanentemente el dolor ajeno. ¿En tu caso, cuáles son las consecuencias?
__Hay distintas maneras de reaccionar ante eso. Yo he tratado de cuidar que el dolor de los otros siempre me produzca indignación, pero que no me produzca una reacción destructiva o autodestructiva. Los procesos de las organizaciones civiles también tienden mucho a la protesta reactiva sin ninguna consecuencia, y eso al final no le sirve a nadie.

Entre otros, se ha mencionado a Bucio como candidato para presidir la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Después de 15 años en organizaciones civiles, considera que la función pública es el mejor mecanismo para protegerlos. “La política es la manera de establecer mecanismos para la igualdad y de impedir todo dolor que es evitable, de manera colectiva. Desde otros ambientes se puede hacer, pero de manera individual. Yo espero mantenerme en el espacio público haciendo un trabajo en el mismo sentido. No me quiero dedicar a la migración, a la salud, a la diversidad sexual o a la diversidad religiosa. La verdad es que quiero dedicarme a todos, desde una perspectiva de derechos.

__Para darte a los otros, desde la función pública o desde la sociedad civil, se necesitan ciertas características. ¿Se trata de gente, por ejemplo, más generosa?
__No, no creo. Se trata de gente que ha tenido, como yo, la fortuna de ver realidades distintas a la suya. En consecuencia, estas personas reaccionan de manera distinta. No es lo mismo ser simplemente respetuoso a tener un hijo gay o a vivir enfrentando una discapacidad. Vivimos en una sociedad que tiende a no encontrarse, a no ver a los demás.