Retrato Hablado
Ricardo Monreal, político zacatecano

"No hay tarea pequeña"

La experiencia del gobernador es de las más gratas porque es donde puedes ayudarle a la gente directamente, asegura el exmandatario de Zacatecas.
María Scherer Ibarra
06 noviembre 2014 21:45 Última actualización 07 noviembre 2014 5:0
Retrato Hablado Monreal

Retrato Hablado Monreal

CIUDAD DE MÉXICO. Ricardo Monreal se zambulló, hace 27 años, en la política. Fue regidor, secretario de ayuntamiento, líder campesino, diputado federal tres veces, senador otras dos, gobernador de su estado natal, Zacatecas, coordinador de una campaña presidencial.

Asegura que no aspira a otro cargo –“no tengo ambición alguna”, ataja–, aunque se le menciona como el más factible candidato de Morena a la delegación Cuauhtémoc y funge, de hecho, como “enlace” en esa demarcación.

Monreal nació en Plateros, a contados kilómetros de Fresnillo, un pueblo afamado por su veneración al Santo Niño de Atocha. Fue el tercero de 14 hijos de una pareja campesina. Su padre, que no completó siquiera la mitad de la primaria, vio morir a su joven mujer, de 36 años, dando a luz a la menor de sus criaturas. Vivían de “lo que daba la parcela” y completaban con la venta de aguas frescas y productos agrícolas en los tianguis de la ciudad.

Don Felipe Monreal Huerta, a diferencia de sus parientes, se negó a que los hijos se convirtieran en peones para aliviarlo en las duras labores del campo. “La mejor herencia es la educación”, les repetía. E hizo de los 14 profesionistas. Ricardo entró a la Universidad Autónoma de Zacatecas a los 16 años. Al mismo tiempo empezó a trabajar, en un juzgado, como secretario auxiliar. Por ese tiempo, su padre fue regidor y líder agrario. “De él recibí la convicción por ayudar a la gente del campo”, sostiene el diputado.

Monreal participó en la constitución de ejidos y en procesos de restitución de tierras. Luego fue asesor jurídico de una dependencia agropecuaria y consejero de ligas de comunidades campesinas hasta que migró al Distrito Federal, para estudiar el doctorado en la Universidad Nacional, donde maestros (como Ignacio Burgoa, Héctor Fix Zamudio, Alberto Trueba Urbina, Miguel Acosta Romero y Jorge Carpizo) y compañeros lo “empujaron” a los brazos inciertos de la política.

Años después de la inesperada muerte de su madre, otro suceso sacudió la vida de Monreal Ávila. En 1985, mientras cursaba el doctorado en Derecho Constitucional y Administrativo, vio desplomarse su colonia, la Roma, en la que rentaba un cuarto. El trágico día, 19 de septiembre, festejaba su cumpleaños. “Pasé la noche como otros jóvenes, arrastrando cadáveres lejos de los escombros”. Estremecido, volvió a Zacatecas e inició su carrera política como regidor de su pueblo, lo mismo que su padre. Su tiempo como asesor de los campesinos arrojó sus frutos: fue electo por mayoría líder campesino del estado, el trampolín que un par de años más adelante lo proyectó a la diputación federal, cuando apenas tenía 27 años.

Desde su curul, Monreal vio pasar el convulso 1988. Los campesinos se volcaban sobre Cárdenas y algo se removió en su interior, dice, a partir de la renuncia al partido de un líder agrario tabasqueño.

__¿Qué te retuvo en el PRI?
__Era miembro de la Comisión de Gobernación y estaba dando el debate en el Colegio Electoral, pero realmente, no me animé. No fue fácil, pero siempre traté de ser una voz crítica dentro del PRI. Durante el primer trienio de Salinas, Monreal suplió a Arturo Romo Gutiérrez en el Senado y al término de ese periodo, repitió como diputado federal. Representó al tricolor en el IFE, y también lo presidió, antes de cumplir los 30. Fue “el Benjamín” de una camada de senadores entre los cuales figuraban Eduardo Robledo, Humberto Lugo Gil, Manuel Cavazos, Miguel Alemán, Blas Chumacero y Luis Donaldo Colosio, que como candidato a la Presidencia lo nombró subsecretario de Procesos Locales Electorales, “justo de esos que eran descuidados en las contiendas”.

En 1994, tras el magnicidio de Colosio, Monreal dejó pasar otra coyuntura para abandonar al PRI.

__¿Por qué?
__Estuve a punto. Era senador todavía y muchos pensábamos en dar la pelea desde adentro… Creímos que así era más fácil, pero la verdad es que no.

En 1998 finalmente renunció, tras su fallido intento por obtener la candidatura del PRI a la gubernatura de Zacatecas.

Ese año, en el que el bloque opositor arrebató la mayoría de la Cámara de Diputados al PRI, Andrés Manuel López Obrador le había ofrecido la candidatura del PRD, partido con un ínfimo porcentaje de las preferencias en el estado, que arañaba el 7 por ciento. Sus amigos priistas le advirtieron a Monreal que cometería un suicidio político. Tras una década ininterrumpida en el Congreso, y en contra de cualquier apuesta, ganó la elección.

El actual coordinador parlamentario de Movimiento Ciudadano tenía una vasta experiencia legislativa que no amortiguó su irrupción en el Poder Ejecutivo: “A pesar de que me preparé mucho tiempo atrás, encontré una cosa terrible, un desorden. Recibí el gobierno con una deuda de 500 millones de pesos, con un presupuesto de 3 mil millones de pesos, debía el 20 por ciento del presupuesto. A pesar de todo, creo que fueron seis años tranquilos.

__¿Tranquilos? ¿Se sintió cómodo?
__Cómodo, el Legislativo. La experiencia del gobernador es de las más gratas porque es donde puedes ayudarle a la gente directamente, a través de programas, recursos, ahorros. Trabajaba mucho más en el Ejecutivo que en el Legislativo. Tenía más responsabilidades, no dormía, tenía preocupaciones cotidianas en todas las materias: seguridad, salud, municipios, tragedias, protección civil. Te rebasa la cantidad impresionante de tareas y de responsabilidades. Y yo tenía 37 años...

Hace 17 que Monreal dejó el priismo. Por dentro, afirma, es otro. “Como priista sentía que cargaba una losa pesada sobre la espalda; no era libre, hacía cosas que vomitaba”.

Una vez que concluyó su periodo en la gubernatura, coordinó las redes ciudadanas para López Obrador y en el Senado dejó su cargo de vicecoordinador del PRD para cambiarse al Partido del Trabajo.

__Después de todo aquello, no me diga que le entusiasma ser delegado…
__No hay tarea pequeña; no es una tarea menor.