Retrato Hablado
Alejandro Encinas, senador de la República

"Me acusan de radical injustamente"

Hijo de una pareja de actores, Alejandro Encinas se decidió por la política y hoy asegura que quisiera ser más duro, reconoce que le ha faltado firmeza en las decisiones internas del partido; "me ha faltado poner condiciones".
María Scherer Ibarra
31 julio 2014 20:52 Última actualización 01 agosto 2014 5:0
Alejandro Encinas Retrato Hablado

Alejandro Encinas Retrato Hablado

CIUDAD DE MÉXICO. Alejandro Encinas fue el primogénito de una pareja de actores. Nació en el Hospital Reforma, en el llamado “corazón de la ciudad de México”. Heredó la naturaleza rebelde de su padre, cabeza de una familia liberal, formada en el catolicismo no practicante, quien fue expulsado del Partido Comunista Mexicano y también de la Asociación Nacional de Actores.

Sus primeros años y su juventud –en la calle de Gelatti, en la San Miguel Chapultepec– estuvieron marcados por la carencia. Un negocio fallido que emprendió el padre arruinó a la familia y Alejandro se vio obligado a trabajar desde los 13 en una fábrica de sábanas propiedad de un pariente. A pesar de la escasez, fueron tiempos alegres. Encinas conserva a los amigos de entonces. “Sé hacer y mantener amistades. Donde menos amigos he hecho es en la política”.

Estudió en la Prepa 8, en pleno comienzo de los setenta,cuando se desbordó el porrismo. Alejandro jugó en los Leopardos y en Guerreros Aztecas, en la liga intermedia. Combatió a los porros que asesinaban, violaban, asaltaban con impunidad. “El cuerpo a cuerpo canalizó la explosividad de mi carácter”.

Tan pronto ingresó a la Facultad de Economía arrancó su carrera política. Se vinculó con un grupo de estudiantes que colaboraban en la revista Estrategia, que encabezaba Alonso Aguilar Monteverde, discípulo de Narciso Bassols.

Ya graduado, Encinas elaboraba estudios socioeconómicos en las zonas cañeras de la cañada de Puebla y Oaxaca, organizaba asambleas en los ingenios cercanos a Tehuacán hasta que decidió incorporarse formalmente a un partido político. El primero fue el Comunista, luego el PSUM, el PMS y finalmente el PRD.

La década de los ochenta transcurrió en la Universidad de Chapingo, a la que entró con el objetivo de formar un sindicato. A los seis meses estalló la primera huelga por el contrato colectivo y el registro del sindicato. Después, obtuvo un escaño en la Cámara de Diputados. Encinas era el suplente de Demetrio Vallejo. El líder ferrocarrilero murió cuatro meses después de ser electo. Nostálgico, recuerda esos tiempos:

“No recibíamos absolutamente nada, ni siquiera boletos de avión. No cobrábamos nuestra dieta. La cobraba el partido y nos pagaban un salario. Mi salario como legislador era menor al que ganaba en Chapingo. En términos de formación, creo que fue muy bueno”.

Encinas repitió varias veces como legislador. También fue dirigente en el Estado de México y candidato a gobernador. Más de una vez lo han querido enrolar funcionarios de gobiernos de siglas distintas. El primero fue el exregente Óscar Espinosa Villareal, quien le ofreció la Secretaría del Medio Ambiente del Distrito Federal, cargo que ocupó tiempo después, cuando Cuauhtémoc Cárdenas ganó las primeras elecciones para jefe de gobierno. Se trató de la primera experiencia de Alejandro Encinas en la función pública.

Durante la jefatura de Andrés Manuel López Obrador comenzó como secretario de Desarrollo Económico. Luego, revela, AMLO le pidió que encabezara la Secretaría de Seguridad Pública, pues Vicente Fox había rechazado la propuesta de Francisco Garduño.

Encinas se negó: “No era mi tema, ni mi perfil, y tampoco lo quería, por mis hijos”.

Vicente Fox quiso reclutarlo, también como secretario del Medio Ambiente. “Por fortuna, siempre he sabido decir no”.

El jefe de gobierno se vio forzado a hacer un enroque. Marcelo Ebrard fue aceptado en Seguridad Pública, Garduño encabezó Transporte, y Encinas, la Subsecretaría de Gobierno. Ahí empezó a tomar las riendas de la ciudad y cuando se desató el proceso del desafuero contra López Obrador, ya no las soltó. Primero atendió la Secretaría de Gobierno que dejó vacante José Agustín Ortiz Pinchetti, y luego la misma jefatura de gobierno. Rehusó la candidatura para continuar un periodo completo en esa plaza.

__¿Por qué?
__Por ambicioso, porque sabía que íbamos a ganar la Presidencia y que yo iba a formar parte del primer gabinete federal de la izquierda, y que más adelante incluso, con toda seguridad, iba a poder jugar por la Presidencia de la República. Y también porque estaba convencido de que el 2006 era nuestra oportunidad generacional. Si no era ahí, no era.

Librado el plantón de Reforma de los lopezobradoristas, en que el Encinas estuvo “entre la espada y otra espada” –como interlocutor único con el gobierno federal–, dice Encinas que pagó un costo personal y político muy alto, aunque se repuso. Sus adversarios no le regatean credibilidad y firmeza.

Tras ese periodo intensísimo, el político se refugió unos años en su facultad. Dio clases pero no desechó su capital político.

Creó la Fundacion para el Fortalecimiento de los Gobiernos Locales, que pretende transmitir la experiencia de los gobiernos municipales y estatales de izquierda, así como su bagaje legislativo. La fundación también edita La Zurda, una revista sobre la izquierda, porque generalmente “quien opina sobre la izquierda es la derecha.
“Siempre nos dicen cómo debemos portarnos, qué izquierda quieren que seamos, que si se necesita una izquierda moderna o una izquierda moderada”.

* * *

Los viajes son el lujo en la vida del senador perredista. Y anhela otro: privacidad. “Felipe Calderón nos describió como personajes políticamente expuestos. Mi cuenta bancaria, la de mi esposa y las de mis hijos están controladas. Hay bancos que nos han negado tarjetas de crédito. También perdimos nuestro derecho a una vida social. Quiero recuperar eso, el tiempo con los amigos”.

Encinas regresó a la Cámara de Diputados como coordinador parlamentario. Se interpusieron las elecciones en el Estado de México y, contra la voluntad de Andrés Manuel López Obrador, refutó la alianza PAN-PRD. Desde entonces, afirma, “no le apuesto a la división de la izquierda”.

En eso tiene empeñado su futuro. La reunificación de las izquierdas, según él, parte de un proyecto que parta de la autonomía política plena con respecto del Estado y de los poderes fáticos, que recupere principios éticos y de identidad partidaria, que muestre un compromiso social expreso. Tan nítido como su objetivo está su deficiencia política.

“Me paso de conciliador”, acepta. “Quisiera ser más duro. Me ha faltado firmeza en las decisiones internas del partido; me ha faltado poner condiciones. Me acusan de radical injustamente, porque es manifiesta mi capacidad de negociación”.