Retrato Hablado
Entrevista
Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana

La sociedad civil es menos voluntariosa

Su trabajo no es plano; le ha permitido conocer la entraña de los poderes y los órdenes de gobierno y los procesos de toma de decisiones.
María Scherer Ibarra
06 agosto 2015 23:10 Última actualización 07 agosto 2015 5:0
Eduardo Bohórquez. (ilustración)

Eduardo Bohórquez. (ilustración)

“Los mexicanos tenemos derecho a que nos vaya bien, a que las cosas funcionen, como lo hacen en Suecia, en Noruega o en Finlandia. Merecemos historias de éxito. No tiene por qué ser de otra manera”, dice efusivo Eduardo Bohórquez, director de Transparencia Mexicana.

Hijo de padres oaxaqueño y yucateca –“en mi casa se come bien”, señala con sobrada razón– se curtió en la Escuela Secundaria Anexa a la Normal Superior de México, en San Cosme, famosa por el alto nivel académico de sus alumnos.

Su madre, oftalmóloga, proviene de una familia de la clase política yucateca; su padre, médico del trabajo, desciende de un obrero calificado y fue el primero entre los suyos en asistir a la universidad. “La lucha de clases estaba en pleno en mi casa”, cuenta. Pero su madre era progresista, y ambos decidieron mandarlo a la escuela pública para abrirle bien los ojos.

En 1985, Eduardo tomaba clases en un plantel rodeado por granaderos (para cohibir a los movimientos magisteriales) y vio, con sus compañeros, las ruinas que dejó el terremoto. “No lo vimos a través de los medios; literalmente salimos de la secundaria y vimos los edificios derrumbados, los incendios, el gas”.

Sus padres no se habían equivocado. Con otra perspectiva, ingresó al CCH y después a la Facultad de Ciencias Políticas. Ahí encontró que las historias de su abuelo paterno –el obrero, la fábrica, el movimiento laboral– y la del abuelo materno, empresario y legislador, podían reconciliarse. “Estudiar ciencia política era mi manera de solidarizarme con los movimientos sociales y al mismo tiempo comprender lo público. Ya sé: es como de terapia lacaniana”.

Gabriel Careaga, su maestro de Formación Social Mexicana –un hombre arrogante y duro– se convirtió en su guía intelectual. Lo obligó a leer las memorias de Gonzalo N. Santos, de mil páginas, en un fin de semana. Librada la prueba, invitó a Bohórquez a convertirse en su adjunto y lo introdujo a la obra y luego a la vida de diversos autores de la generación del medio siglo. “Francisco López Cámara, Gastón García Cantú y Víctor Flores Olea se transformaron en personajes reales”.

Más adelante conoció a un joven profesor que lo deslumbró. Federico Reyes Heroles era articulista de La Jornada. Sus clases de Teoría Política eran más bien de epistemología. “Él rompió nuestra idea de lo que era ser un buen politólogo”.

Reyes Heroles había fundado el proyecto de Este País, una revista de estadística, en la que ofreció a Bohórquez una colaboración habitual en la sección de prospectiva. Más adelante también se hizo su adjunto.

Luego estudió una maestría en Estudios del Desarrollo, en Cambridge, y el mundo volvió a dilatarse para él: “Una vez me topé con siete Nobel en la cafetería”, y mejor aún, uno de ellos, Amartya Sen, fue su profesor de economía.

__También me invitaron a un cocktail con el príncipe Carlos, que es egresado de la universidad– me dice.
__Qué pereza...
__No creas– refuta. Es un gran conservacionista.

Bohórquez rechazó la oferta de una empresa de consultoría para trabajar en un proyecto conjunto de energía entre Brasil y Paraguay. Pero se le atravesó Reyes Heroles; Peter Eigen, uno de los fundadores de Transparencia Internacional, le pidió ayuda para echar a andar una oficina en México.

Desde 1998, Bohórquez ha tenido distintos roles en esa organización: comenzó como secretario ejecutivo del consejo rector; después éste lo hizo director del Capítulo Nacional de Transparencia en México, es decir, jefe de la oficina, aunque dedicaba mucho de su tiempo a los asuntos internacionales.

“En su origen, debatimos ampliamente acerca del nombre. Unos votaban por Trasparencia Internacional México, pero al final decidimos que se llamara Transparencia Mexicana precisamente porque quisimos que la mexicanidad fuera adjetivo de la transparencia y la transparencia adjetivo de la mexicanidad. No queríamos que fuera la sucursal de una organización no gubernamental global en Berlín”.

__Recuerdo que la organización tuvo un nacimiento muy mediático gracias al tema de la corrupción…

__Al contrario. Como las expectativas sobre el combate a la corrupción son tantas, optamos precisamente por no mediatizarla. 

Es muy fácil hablar de corrupción; todos los días tenemos en la oficina una solicitud de entrevista sobre ello, pero preferimos entender el problema y tratar de transformar sus estructuras antes que convertirnos en otra voz opinadora

Bohórquez se ha roto el tendón de aquiles jugando básquetbol. Busca la forma de escribir en las madrugadas porque ama el silencio, y también la comida, y la naturaleza. De hecho, se ha implicado en la problemática de la conservación como consejero de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. Sudó la gota gorda con la defensa de Cabo Pulmo y ahora está de cabeza en la lucha para proteger las Marismas Nacionales.

––Haz algo de prospectiva– le pido.

Le cuesta. Su trabajo no es plano; le ha permitido conocer la entraña de los poderes y los órdenes de gobierno y los procesos de toma de decisiones, así que no lo corre prisa. Quiere hacer lo mismo. Con el tiempo, cuenta, querría decantar lo aprendido, destilarlo. En este momento sólo está en posición de descartar: no aspira a un puesto de elección popular, ni siquiera en los nuevos términos de las candidaturas independientes. Ha declinado ingresar al servicio público, dos veces en la administración de Felipe Calderón y una más en la actual.

Piensa permanecer en la sociedad civil, que madura, por decir lo menos: “Ya no es aquella que solamente protegía el voto y que estaba muy pegada al periodismo, a la investigación y a la denuncia. Esta es una sociedad civil mucho más técnica, más profesional, menos voluntariosa”.

––Ahí te quedas.
__Sí. Creo que la sociedad civil es un catalizador. Yo sólo aspiro a ser mucho más efectivo para identificar los eventos forjadores del futuro, esos puntos de acupresión donde realmente es posible