Retrato Hablado
entrevista
Arnoldo Matus, director de Resiliencia CDMX

“La falta de agua, una amenaza prioritaria”

La resiliencia es la capacidad de una ciudad para sobrevivir, adaptarse y crecer ante cualquier tipo de impacto o tensión –un terremoto, una inundación, una contingencia ambiental severa, la escasez del agua– a nivel individual o de comunidad.
María Scherer Ibarra
21 enero 2016 22:20 Última actualización 22 enero 2016 5:0
Arnoldo Matus. (ilustración)

Arnoldo Matus. (ilustración)

Resiliencia es un concepto que yo conocía en términos psicológicos. Se define como la capacidad de una persona para afrontar el dolor o la adversidad. Pero fue “importado” de la ecología. Una figura lo explica con sencillez: una esponja es golpeada y vuelve a su forma original casi instantáneamente.

Para caracterizar a una ciudad, esta palabra se ha puesto de moda en los últimos dos, quizá tres años y se refiere a la manera de enfrentar el cambio climático. La resiliencia es la capacidad de una ciudad para sobrevivir, adaptarse y crecer ante cualquier tipo de impacto o tensión –un terremoto, una inundación, una contingencia ambiental severa, la escasez del agua– a nivel individual o de comunidad.

La Ciudad de México es, desde el año pasado, una de las Cien Ciudades Resilientes, una iniciativa global de la Fundación Rockefeller. Arnoldo Matus Kramer es el director de Resiliencia, nombrado por Tanya Muller, la secretaria de Medio Ambiente del “ex” Distrito Federal.

Una de las tensiones crónicas que dañan a la Ciudad de México y que más preocupa a Matus es la pérdida del acuífero, si la tendencia identificada se mantiene en los próximos veinte o treinta años. Otra es la movilidad, cuya acumulación de pérdidas en horas-hombre y las afectaciones a la cohesión social, a la salud y a la calidad de vida son desorbitantes.

Matus trabaja en una espléndida oficina en el edificio Condesa (que comparte con el despacho de su padre), en la estrategia para construir resiliencia, proyecto que involucra a la sociedad civil, al sector privado y al gobierno. Su equipo está en la fase exploratoria del problema. Llega en bicicleta, por supuesto. Detesta el automóvil.

-¿Existe algo que amenace tan gravemente a la ciudad como la falta de agua?
-De las amenazas a mediano plazo, es la prioritaria. El agua tiene distintos componentes de riesgo; por un lado nos enfrentamos al cambio en el régimen de precipitaciones, debido al cambio climático (por eso las inundaciones recurrentes y su correspondiente impacto a la movilidad citadina) pero por otro existe la posibilidad de padecer una sequía como las que se experimentan en otras megaciudades similares a la nuestra, Sao Paulo y Los Ángeles.

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Matus es hijo de un abogado y una graduada en arte que fue por muchos años guía del Museo de Antropología.

Estudió en el Colegio Alemán y en la secundaria se fue un año de intercambio. “Descubrí que allá separaban la basura, que tenían un sistema muy eficiente de reciclaje, que no tiraban un papel en las calles y que había un enorme respeto por los recursos naturales. Nosotros estábamos en pañales”.

Eran los años ochenta. Matus, que padeció asma, sufría las contingencias ambientales. Lo enfermaba la pérfida calidad de nuestro aire. Frecuentaba el Ajusco, y lo vio desaparecer bajo la mancha urbana. Se unió a Greenpeace pero lo dejó para organizar campañas de reforestación con amigos preocupados por el medio ambiente.

Ingresó al ITAM para estudiar Relaciones Internacionales pero terminó en la Universidad de McGill, en Montreal, Ciencia Política con especialidades en Medio Ambiente y Economía. Recién graduado, trabajó en la comisión de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados y luego brevemente en la SEMARNAT. Estudió una maestría en Manejo Ambiental, en la Universidad Técnica de Cottbus, y otra en Energías Renovables, en Reading.

De nueva cuenta en México, se convirtió en la mano derecha de Adrián Fernández Bremauntz, entonces presidente del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático. Por cierto, Fernández ha sido el único funcionario con nivel superior a director general que ha trabajado para los cinco secretarios de medio ambiente del gobierno mexicano.

Cuando Matus Kramer formó parte de la delegación mexicana de Cambio Climático, decidió reorientar sus conocimientos y darles un enfoque social. Aplicó para inscribirse al doctorado en el Instituto de Cambio Ambiental, en la Universidad de Oxford, presidido por Diana Lieberman, una autoridad en adaptación al cambio climático y exasesora de la Casa Blanca en esa materia. Lieberman fue la tutora de Matus hasta que interrumpió el doctorado para ocupar una plaza durante un año en la división de medio ambiente de la OCDE y lo terminó con una investigación de campo sobre la adaptación al cambio climático del sector turístico en el Caribe Mexicano. “Recorrí Cancún, Playa del Carmen y Tulum para integrar la información de cambio climático (el aumento del nivel del mar, el incremento en la intensidad de los huracanes, por ejemplo) a la toma de decisiones sobre el desarrollo urbano costero relacionado con el sector turístico. Lamentablemente, tenemos una flaqueza institucional brutal en los municipios que no nos permite la planeación de largo plazo y no hay incentivos económicos ni políticos para impulsarla“.

Matus se asoció con otros estudiantes mexicanos en Oxford, dueños de una empresa que hacía proyectos de mecanismo de desarrollo limpio, y en 2011 crearon Ithaca Enviromental, un grupo de consultores especializados en mitigación y adaptación al cambio climático y en financiamiento ambiental a empresas, gobiernos, organizaciones no gubernamentales y organizaciones multilaterales. El equipo está disperso en México, Munich y Londres.

En el buró de Arnoldo Matus siempre hay un libro que no tiene una sola línea sobre adaptación y cambio climático. Le encantan las novelas, particularmente 1984, Un mundo feliz y otras historias futuristas y de ciencia ficción. Es fanático de Michio Kaku, físico, futurólogo y divulgador científico.

Aunque lo atrae el futuro, su tema, el cambio climático, es un asunto del presente. Pero para anticiparse a sus efectos, Matus tiene que revisar siglos de historia hacia atrás. Ahora aprende sobre nuestro pasado, la transformación de la gran Tenochtitlán, el lugar de la abundancia, en esta cuidad donde falta el agua, el espacio y hasta el aire.