Retrato Hablado
Renato Sales, zar antisecuestros

A veces tienes la certeza, no las pruebas

El zar antisecuestros del gobierno federal reconoce que a veces tienes la certeza, pero no las pruebas, lo cual afirma que esos casos son verdaderamente frustrantes.
María Scherer Ibarra
13 noviembre 2014 21:33 Última actualización 14 noviembre 2014 9:31
ME. A veces tienes la certeza: Renato Sales.

ME. A veces tienes la certeza: Renato Sales.

CIUDAD DE MÉXICO. Renato Sales, el zar antisecuestro del gobierno federal, tuvo una infancia peculiar. Su padre, un juez de distrito –“casi un apóstol”, dice– recibía un sueldo mísero y cada año se veía arrastrado a moverse de ciudad. El juez, su señora y los cuatro hijos, como gitanos, fueron de su natal Campeche a Tapachula, Puebla, Villahermosa, Veracruz y el Distrito Federal, antes de volver a su tierra. Renato completó la primaria en nueve escuelas diferentes –unas públicas, otras privadas– porque su mamá, normalista, permutaba una plaza tras otra a través de la SEP. Esa vida errante hizo del mayor de los Sales Heredia un ser adaptable, rasgo que conserva.

Estudió parte de la preparatoria en el Colegio Madrid, donde encontró interlocutores para conversar sobre sus intereses: literatura, filosofía y arte, sobre todo. A esas preferencias, agregó recientemente series policiacas, como Breaking Bad, True Detective y Lie to Me. El descanso también está amarrado a las obsesiones del investigador.

El lúgubre encargo del experto antisecuestros no afecta su vida en lo personal. Su esposa ha hecho una sólida carrera en el Poder Judicial. “Entiende perfectamente de qué va esto. Cuando yo hablo de generar conversatorios entre el Poder Judicial federal y los investigadores, los procuradores, los fiscales, lo digo con conocimiento de causa, tengo un conversatorio estrecho, conyugal”, bromea.

Ávido lector de poesía y hábil palindromista, el captor de la famosa Mataviejitas reconoce su dualidad, que lo ha convertido en un personaje desusado: “Siempre he sido un poco Dr. Jekyll y Mr. Hyde”. Las añejas disposiciones con respecto de los estudiantes de otras ciudades le impidieron inscribirse en derecho en la Universidad Nacional. Los tiempos del “ya no vengan para acá”, cuenta, lo llevaron a la Iberoamericana, pero para no errar en la vocación, cursó simultáneamente filosofía, que dejó inconclusa para formarse en un diplomado en derecho constitucional y ciencia política en el Centro de Estudios Constitucionales de Madrid. De vuelta en México, se inscribió en la maestría en la Facultad de Filosofía y Letras y se empleó en un Juzgado de Distrito en materia penal, en el Reclusorio Norte, “el heredero de Lecumberri”, una genuina mina de oro, donde entre otros documentos, Sales encontró suspensiones firmadas por el “Ministro Benito Juárez García”. Por iniciativa suya, esos documentos fueron enviados al Archivo General de la Nación.

En los infernales recorridos que hacía diario en metro de un extremo a otro de la ciudad –de su casa en Villa Coapa al reclusorio– grababa a los merolicos y armó una antología que guarda con celo. Fue un alivio emplearse en el Juzgado 11 de Distrito en el Reclusorio Sur, mientras terminaba la maestría.

Poco antes de cumplir los treinta, falleció su padre y maestro. Poco después regresó a Campeche como cabeza de un periódico local. Su experiencia periodística no era amplia. Había sido articulista semanal en El Economista. Entre sus textos, destacó uno de 1994, en el que explicaba que el subcomandante Marcos le había declarado la guerra al Estado mexicano como una estrategia para someterse a las reglas del derecho internacional, es decir, que tenía una clara intención técnico-jurídica.

El director de El Sur de Campeche tuvo información sobre un secuestro que desataría un escándalo. A sabiendas de que la primera plana podría poner en riesgo al secuestrado, desechó la nota y, con ella, la profesión que a todas luces no era la suya.

En 1997, se incorporó a la Procuraduría de Justicia de Distrito Federal, como coordinador de asesores del subprocurador de Procesos, Víctor Carrancá, actual procurador de Puebla. Seis meses después, Samuel del Villar se lo llevó como coordinador de asesores; se les reconoce haber modernizado juntos esa institución. El relevo de Del Villar, Bernardo Bátiz, lo nombró subprocurador Jurídico y de Derechos Humanos por su experiencia con asociaciones no gubernamentales como Amnistía Internacional. Se atendieron en ese tiempo los primeros asuntos vinculados con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; desde esa procuraduría, el Estado mexicano aceptó reparar un daño por primera vez. “Los derechos de las víctimas que están en la Constitución desde 1999, aparecieron primero en el Código de Procedimientos Penales del DF en 1998”, afirma.

Todo apuntaba a que permanecería ahí cuando se atravesó el “caso emblemático” de Digna Ochoa, investigación que le encomendó directamente el procurador. Con ese efecto, fue nombrado subprocurador de Averiguaciones Previas. Sales nunca albergó dudas sobre la dirección a la que apuntaban las pruebas: el suicidio. Sin embargo, ante el sinfín de cuestionamientos, la investigación se abrió a la Comisión Interamericana de Derecho Humanos, “porque la nuestra era una conclusión políticamente incorrecta” y más adelante, con la renuncia de Sales y Bátiz de por medio, Andrés Manuel López Obrador nombró a Margarita Guerra fiscal para el caso. “Ocho millones de pesos después, llegó a la misma conclusión”, dice Sales, satisfecho.

Los casos que le quitan el sueño son, obviamente, los no resueltos, “los que se quedan gravitando”, como el asesinato de Armando García Jiménez y Alejandro Ruiz Mosqueda, dirigentes campesinos, cuya investigación dejó como procurador de Campeche.

__En el crimen, ¿hay limpieza perfecta, impecable?
__Por supuesto. Tan simple como echar cloro en un cuarto para acabar con el DNA. Hay cosas que están más allá del investigador; a veces tienes la certeza, pero no las pruebas. Esos casos son verdaderamente frustrantes.

__¿Vuelves a esas historias?
__Una y otra vez. Cuando alguno no se ha concluido, trabajo subconscientemente en el asunto. Vuelvo al expediente, incluso.

El gobernador priista Fernando Ortega devolvió a Sales a su tierra, al designarlo titular de la Procuraduría de Campeche. Siempre había querido ser procurador, como su padre, Renato Sales Gasque.

La vida ambulante de Sales no ha terminado. El procurador Murillo Karam lo trajo para ser subprocurador de Control Regional y Procedimientos Penales (en sustitución de Alfredo Castillo) hasta el año pasado, cuando en el Consejo Nacional de Seguridad Pública, el presidente encomendó al secretario de Gobernación la estrategia para disminuir el secuestro. El dedo flamígero apuntó a Sales, que fundó la Fiscalía Antisecuestros en la Ciudad de México, más Mr. Hyde que en el Dr. Jekyll.