Retrato Hablado
Entrevista
Ricardo Pascoe, político y exdiplomático

“Es posible hacer política fuera de los partidos”

Comenzó su carrera política en el comité ejecutivo del SITUAM; militó en el PRD y en el PAN y señala que "me equivoqué cuando pensé que el socialismo servía como modelo económico. Y lo refrendé en mi estancia en Cuba. Tuve la necesidad de revisar los valores que subyacen lo que pensaba".
María Scherer Ibarra
11 junio 2015 21:39 Última actualización 12 junio 2015 5:0
Ricardo Pascoe

Ricardo Pascoe. 

Un diplomático inglés y una bibliotecaria norteamericana se conocieron durante la Segunda Guerra Mundial y procrearon cinco hijos. El segundo de ellos, nacido en México, fue alcanzado por la epidemia de polio a los seis meses de vida. Como Bucky Cantor, protagonista de Némesis de Philip Roth, la enfermedad lo obligó a tomar decisiones tan inconscientes como trascendentales, profundas, de raíz.

El padre creía en la subordinación de los hijos y dejó caer su sombra espesa sobre ellos. “Muy niño decidí no considerarme diferente. Y decidí también que así como no iba a dejarme vencer por la polio y no iba a doblegarme ante el dolor, tampoco cedería ante mi padre, por quien sentía una combinación de admiración y rivalidad”.

La competencia entre el padre y los hermanos se intensificó ante la natural inclinación de la madre hacia el más vulnerable de sus criaturas y hacia su única hija. Esta disputa, la resistencia frente al dolor, las múltiples fracturas en el brazo izquierdo –el más sometido ante la infección– favorecieron el carácter rebelde del joven. “Yo no iba a ser tripulado por nadie”.

Y ese fallo, en el marco de las relaciones familiares y sociales, lo hizo un muchacho independiente pero desconfiado y cauteloso. Ricardo Pascoe, exembajador de México en Cuba, confía que se le dificulta la rendición de cuentas y el acatamiento, aún en lo profesional.

Las exigencias de la vida diplomática arrojaron a Ricardo a un internado en Alejandría, mientras su padre despachaba en El Cairo. Luego, la familia se fraccionó. Los hijos estudiaron en diversos internados de Inglaterra, Suiza y Estados Unidos. Además de la polio, Ricardo padecía el cambio continuo de escuelas, de métodos de estudio, de idiomas. “Sobreviví el acoso del entorno. Aunque uno lo teorice de mil maneras, la vida de interno implica cierto abandono de los papás. Sentíamos que éramos parias en este mundo; ricos, pero parias”.

* * *
Estudió filosofía en la State University de Nueva York, pero un encuentro con Herbert Marcuse lo alejó de los clásicos. La crítica del filósofo marxista a los idealistas y una sobredosis de realidad (habían estallado las protestas contra la guerra en Vietnam, el movimiento negro y el feminismo, la libertad sexual y el uso de la píldora anticonceptiva) lo redireccionaron. Pascoe viajó a Bolivia para escribir su tesis y ese país, donde fue asesinado el Ché Guevara, lo llevó casi de la mano aún más al sur.

En Chile estudió la maestría y se abstrajo en discusiones cotidianas y apasionadas sobre el modelo chileno que conducía al socialismo. Escuchó las intensas disputas ideológicas de la izquierda chilena y eligió el (Movimiento de Izquierda Revolucionaria). Mucho tuvo que ver su experiencia infantil. Reflexiona: “Creo que escogí el MIR para estar al margen del establishment. No lo hice por la razón estrictamente ideológica de que la lucha armada era la vía posible al socialismo”.

Tras el golpe a Salvador Allende, Pascoe y su esposa se marcharon de Chile. En México, a principios de los setenta, Ricardo comprendió que el escaso contacto con su patria le había dejado un español deficiente y una enorme ignorancia de la cultura popular. Tenía a sus años de militancia en el MIR, cerca de los sindicatos del cordón industrial de Vicuña Mackenna y su conocimiento de organización laboral.

Rodolfo Stavenhagen lo reclutó como titular del posgrado en asuntos de trabajo del Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de México. Ahí escudriñó el movimiento obrero, los registros sindicales, la calificación de las huelgas: el enredado mundo laboral mexicano.

Más adelante se incorporó a la UAM Xochimilco, el proyecto echeverrista que pretendía ser la gran innovación en materia educativa. Ahí concurrió con otros militantes de la izquierda, y en particular con los trotskistas, que estaban por fusionarse con otros grupos para formar el Partido Revolucionario de los Trabajadores. La misión de Pascoe en este último era militar en el sindicalismo universitario, así que abandonó su puesto como director del Departamento de Relaciones Sociales para comenzar su carrera política en el comité ejecutivo del SITUAM. Su preferencia por la política implicó, entre otras cosas, el fin de su primer matrimonio.

“En el PRT encontré un espíritu antiautoritario y reproduje una vez más la lucha con mi papá, que se repite continuamente a través del tiempo y se expresa de diversas formas. Por fortuna, mis hijos están mucho más reconciliados con la autoridad”, afirma con alivio el exoficial mayor de la Ciudad de México.

__También militaste en el PRD y el PAN. ¿Con cuál te equivocaste?

__Me equivoqué cuando pensé que el socialismo servía como modelo económico. Y lo refrendé en mi estancia en Cuba. Tuve la necesidad de revisar los valores que subyacen lo que pensaba. Esa conceptualización estaba condenada al fracaso, y era la idea en la que basábamos nuestra vida. Estábamos dispuestos a dar nuestra vida por ella. El de la democracia sí es un tema absolutamente vigente y en eso reivindico a Trotsky.

__¿Extrañas la vida de partido?

__No. En el PRD me resultó muy difícil la aparición de las tribus, lo que significó que nunca fuera diputado ni tuviera un puesto más allá de una secretaría en el Comité Ejecutivo Nacional. Me afilié al PAN y no encontré ninguna discusión intelectual, más bien me topé con un aparato grillo con el que apenas coincidía en el respeto al individuo. No hallé mayor estímulo para quedarme, pero aprendí que es posible hacer política fuera de los partidos. Por eso me encantó que El Bronco ganara Nuevo León: para romper con la idea de que no es posible. Aprecio esos espacios que oxigenan a la sociedad, aunque no estén enmarcados en una corriente ideológica específica. Lo que importa es la praxis”.

Ricardo Pascoe ha dado saltos. Dejó a los griegos para adentrarse en los conflictos sociales de su tiempo; fue marxista, izquierdista moderado y panista. Sin culpa, sostiene: “No me he traicionado. He mutado. Me he adaptado. De eso, precisamente, se trata la vida”.