Retrato Hablado
Zoé Robledo, senador del PRD

"A los políticos nos ven como una carga"

Robledo reconoce que tuvo todo para ser un junior. Un papá político, para empezar; pero afirma que sus padres tuvieron el acierto de educarlo a él y a sus hermanos con modestia.
María Scherer Ibarra
05 marzo 2015 19:52 Última actualización 06 marzo 2015 5:0
Zoé Robledo, retrato hablado

Zoé Robledo, retrato hablado

CIUDAD DE MÉXICO.- Hace 20 años, su padre era el candidato. Esa campaña no fue como otras. No hubo matracas ni confeti ni arengas; hubo discursos que apelaban a la paz. El muchacho, boquiabierto, miró las paredes del mercado de Ocosingo, agrietadas por las balas que habían volado apenas. Aquí estalló una guerra, se dijo. Una guerra con muertos de verdad.

El levantamiento no lo asustaba, aunque en Tuxtla la gente prevenía: que ya venían los zapatistas, que estaban por el Cañón del Sumidero, que se acercaban más y más. Zoé se hacía el sordo. Se ocultaba en la cajuela del coche de algún amigo y se escapaba de la congoja de sus padres. “Eran mis pequeños actos de rebeldía”.

Su madre, originaria de Zitácuaro y huérfana de padre desde niña, emigró junto a su familia al Distrito Federal. Se recibió de odontóloga y viajó a Chiapas para hacer prácticas en el Consejo de Desarrollo de la Sierra Madre, en el que participaban estudiantes de la UNAM, de Chapingo, del Politécnico. Ahí conoció al coordinador, Eduardo Robledo, y se casó con él. Abandonó la práctica profesional cuando nació su primer hijo, pero no dejó nunca el trabajo social. Un largo tiempo ofreció consultas en Rochester, el Reclusorio de Menores Infractores del estado.

Avecindada en la capital, la pareja inscribió a sus hijos en la escuela Héroes de la Libertad, una cooperativa de padres de familia que fundó Eva Sámano –la esposa de Adolfo López Mateos– para hijos de madres trabajadoras. Zoé y sus hermanos iban y venían con libertad de la casa, en Cerro del Agua, a la escuela para asistir a los talleres vespertinos.

Tuvo todo para ser un junior. Un papá político, para empezar. “Pero ellos tuvieron el acierto de educarnos con modestia. Nos dieron una vida normal, sin guaruras ni choferes, sin séquitos ni viajes al extranjero tres veces al año; lo contrario de otros hijos de políticos que sí tenían un comportamiento del cual siempre quise distanciarme”.

En 1994, el levantamiento zapatista y el asesinato de Luis Donaldo Colosio habían viciado el escenario electoral. El triunfo de Robledo apenas duró más que la campaña. Renunció a los 70 días, presionado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, que simpatizaba con el candidato del PRD, Amado Avendaño.

Recuerda Zoé de esos días: “Cada vez que mi padre estaba por tomar una decisión política, nos sentaba a la mesa y nos planteaba lo que venía. Consideraba nuestra opinión porque sus resoluciones podían implicar una mudanza, dejar a los amigos, cambiar de entorno”.

El presidente Ernesto Zedillo envió a Robledo a la Embajada de Argentina. Zoé terminó ahí la preparatoria, y se inscribió en dos carreras, ciencia política y derecho, que abandonó pronto –las leyes civiles argentinas no le iban a servir de mucho– y terminó la primera en el ITAM.

En Buenos Aires, hizo un atractivo programa de radio para la comunidad argen-mex. Después comenzó a escribir. Colaboró en diversos medios locales y nacionales, y ganó el Premio Nacional de Periodismo (2008) por una serie de artículos sobre las elecciones presidenciales en Estados Unidos. Luego, el brinco a la política: “Yo sabía que iba a hacerla, pero ignoraba si sería desde la función pública o la administración”.

Emisarios del Partido Verde habían tratado de seducirlo, sin éxito. El PRI no le interesaba. Su labor con cooperativistas y productores de café en una organización de la Sierra Madre de Chiapas –donde se enamoraron sus padres–, llamó la atención del dirigente perredista Jesús Ortega. Esta zona, de las más deprimidas del estado, debería convertirse en un corredor nacional de servicios medioambientales, según el senador. Por ahí debería acomodarse la vocación económica de su población.

En 2010, Robledo fue candidato externo a diputado local por una coalición formada por el PRD, el Partido Acción Nacional, Nueva Alianza y Convergencia, por el distrito de la Sierra. Después debutó como el más joven presidente del Congreso chiapaneco, cargo que ocupó entre 2011 y 2012.

En su oficina del Senado de la República hay dos banderas, una de México, otra del PRD.

__¿Todavía no eres militante?
__No, y no es falta de convicción. Tengo hondas diferencias con la dirección estatal. Busco que el PRD de Chiapas vuelva a ser un partido viable, organizado, conectado con la sociedad, que se identifique con la izquierda perredista y no perredista. Mientras eso no ocurra, no sacaré mi credencial.

* * *

Zoé Robledo, hastiado de la clase política a la que pertenece –llena de privilegios, concentradora de riqueza y abusiva, confiada porque tiene fuero y porque la ley juega de su lado– es uno de los promotores de Tres de tres, un programa que en nuestra oscura cultura política parece ingenuo.

La confusión entre la política y los negocios llegó a tal nivel que hay políticos en activo que decidieron hacer política para hacer negocios. Por eso somos percibidos como una carga para el desarrollo del país

La iniciativa pretende que candidatos y legisladores hagan pública su declaración patrimonial, su declaración de intereses y las últimas declaraciones de impuestos. Con una mano –literalmente– se cuentan los legisladores inscritos.

__La legitimidad no está completamente dada. Tiene que sostenerse a través del tiempo...
__Claro, es un continuo. Tiene que ser un asunto de modificación de conductas y hábitos. Se trata de que sirva para desmotivar a muchos que entran a la política para hacer dinero.

El presidente de la Comisión de Asuntos Editoriales del Senado sostiene que si bien la legitimidad de la clase política germina con el voto, no puede construirse exclusivamente desde el momento electoral: “Si la legitimidad no es de costumbre (producto de la herencia en la lógica monárquica) ni se basa en el carisma, hay que construirla a partir de la legalidad, y la única forma de sustentarla es mediante la transparencia”.