'Isle of Dogs': un regalo para tu niño interior
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'Isle of Dogs': un regalo para tu niño interior

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'Isle of Dogs': un regalo para tu niño interior

La más reciente cinta de Wes Anderson no innova en muchos aspectos, pero juega con la carta de la nostalgia.

Eldaa García
12/05/2018
Actualización 12/05/2018 - 19:43
'Isle of Dogs' es la más reciente cinta de Wes Anderson
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Dentro de 20 años, la población de perros en Japón ha alcanzado niveles tan grandes, que ha provocado un brote de una fiebre canina que ha arrasado varias ciudades; debido a la emergencia, el alcalde de una de éstas decreta una cuarentena, con lo que miles de perros son exiliados a la Isla de la Basura; entre ellos, obviamente, hay perros de casa, modelos para comerciales y mascotas oficiales de equipos, pero también están aquellos que nadie quiere y a los que nadie presta atención: perros de la calle.

Entre los perros exiliados está Spots, por lo que su mejor amigo y dueño, Atari, se las ingenia para rescatarlo de la isla, para lo cual recibirá la ayuda de los otros caninos en su misión. Esta es la historia que desarrolla Wes Anderson en su más reciente cinta, Isle of Dogs (Isla de perros).

En muchos sentidos, Wes no sorprende: no es su primera obra en stop motion (ahí está Fantastic Mr. Fox); tampoco su paleta de colores es nueva (The Royal Tenenbaums, Moonrise Kingdom) y usa a parte de sus actores de cabecera como Bill Murray, Edward Norton y Tilda Swinton; nos agrada mucho oír las voces de Bryan Cranston, Greta Gerwig y Scarlett Johansson; una gran sorpresa es escuchar a Yoko Ono (por aquello del toque japonés, we guess)

Entonces ¿cuál es el mérito o lo relevante de Isle of Dogs? Aunque se oiga a cliché, es su belleza. Wes es un gran dictador tratándose de cuestiones estéticas y fotográficas y en esta película no es la excepción.

Como en The Last Jedi, aquí Anderson usa un truco barato: la nostalgia; la nostalgia de sentirnos niños y recordar a nuestros mejores amigos de cuatro patas, aquellos con los que jugamos y crecimos y un día tuvimos que dejar ir; pero hay que reconocerle a Wes su capacidad de armar trucos baratos con singular melancolía, belleza y precisión.