“Vi desnudo a mi país”
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“Vi desnudo a mi país”

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Política

“Vi desnudo a mi país”

Eduardo Guerrero trabajó en la Presidencia de la República. Su Consultora, Lantia cuenta con una de las bases de datos más confiable que hay en México, sobre el comportamiento de la violencia y la conflictividad en el país.

María Scherer Ibarra
09/05/2014
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Estudiante en el Alexander Bain, Eduardo nunca acabó de encajar con el perfil. El padre, austero -profesor universitario de izquierda y discípulo de Pablo González Casanova- era estricto y ordenador con las finanzas del hogar. Despreciaba la abundancia y detestaba el dispendio. La madre estiraba el ingreso de servidor público del marido para comprarle al muchacho ropa de marca, para evitar el bullyng de los niños ricos, para ayudarlos a pertenecer.

No destacó entre sus compañeros sino hasta concluir la preparatoria. La biblioteca de su casa lo atrajo hacia las ciencias sociales. El joven, nervioso, le dijo a Soledad Loaeza, durante una entrevista para su admisión en El Colegio de México, que lo habían impresionado algunas páginas de “El Capitalismo”, la principal obra de Marx.

Guerrero fue parte de una generación de diez alumnos integrada, entre otros, por el conductor Leo Zuckermann, el consejero electoral Benito Naif y el encuestador Francisco Abundis. Los amigos formaron un grupo de estudio que se imponía con votos para posponer las fechas de entrega de los trabajos. Se autonombraron “La Aplanadora”.

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Trabó amistad con un estudiante de relaciones internacionales, el poeta Armando González Torres, ganador de los premios Mazatlán y Alfonso Reyes. Eduardo se inclinó por la poesía como tantos jóvenes, para enamorar a una muchacha. Por recomendación de González Torres leyó a Paz, después a Neruda. Hoy admira sobre todo a Robert Lowell y William Carlos Williams, dos potentes poetas norteamericanos de la segunda mitad del siglo XX, y Fernando Pessoa, sobre el que advierte: “Hay que leerlo con mucho cuidado, porque te puede devorar”.

Cuando estudiaba el doctorado en la Universidad de Chicago, se cumplió el primer aniversario luctuoso de Octavio Paz. Guerrero le organizó un sonado homenaje en el departamento de Clásicos, junto con Mark Strand, quien fue traducido por nuestro Nobel.

- ¿Todavía escribes poesía?
- No, desde hace diez años.


***

Eduardo Guerrero obtuvo su primer empleo en Presidencia de la República. Tutelado por Ulises Beltrán, medía el impulso de la opinión pública mediante encuestas. Poco después, brincó unos peldaños en el escalafón y laboró para la economista Ana Paula Gerard, actual esposa de Carlos Salinas de Gortari, en la plaza que dejó disponible Luis Carlos Ugalde para doctorarse en Columbia. Su trabajo consistía en la promoción del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Le correspondía la elaboración de análisis y documentos que el presidente llevaba y distribuía en sus giras.

Guerrero negaba los rumores de que su jefa sostenía una relación con el mandatario, y admiraba a funcionario como Pedro Aspe, Jaime Serra Puche y José Córdova. Confiaba en que los tecnócratas sacarían adelante al país.

- Fuiste un salinista efímero…
- Pues no. Sigo pensando que Salinas y Zedillo fueron dos presidentes excepcionales. Se trata de dos grandes reformadores con estilos muy distintos. Yo estaba ilusionado con la firma del TLC, pero luego vino el levantamiento zapatista y me sentí un tanto iluso. Entendí que nos faltaba mucho para acceder al Primer Mundo, y que ese gobierno al que yo consideraba tan poderoso, tan eficaz, era altamente vulnerable. Vi desnudo a mi país.


En 2007, con un equipo pequeño de estudiantes, comenzó el armado de una robusta base de datos que incluía homicidios, decomisos por tipo de droga, valor aproximado de los decomisos, número de enfrentamientos. Después, dos hermanas, una actuaria y una matemática las continuaron construyendo bajo su supervisión. Hasta hoy, estas dos amas de casa cuentan los asesinados ligados con el crimen organizado todos los días y alimentan una de las bases de datos más confiable que hay en México.

“Son mujeres con hijos pequeños que querían un trabajo de medio tiempo. Una se encarga del monitoreo de las ejecuciones, que es parte de la base de datos de crimen organizado y la otra hermana tiene a su cargo la base de datos de conflictividad social. Es un registro de marchas, mítines, protestas, bloqueos carreteros, toma de instalaciones gubernamentales. Ambas tienen un feeling impresionante sobre el comportamiento de la violencia y la conflictividad en el país”.

Le pregunto sobre su exigua colaboración con Manuel Mondragón en la Secretaría de Seguridad Pública, que ni siquiera figura en la presentación de su Consultora, Lantia: “No es capítulo significativo en mi carrera; colaboré con él tres meses y medio”.