Política

Tranquilidad en la calle Jalisco tras la detención de los Abarca

La calle Jalisco es ‘tranquila’ comentan los vecinos, es decir que no hay escándalos policíacos; sin embargo el operativo que se montó durante la madrugada de este marte, a un costado de la Vocacional 7 para detener al exalcalde de Iguala y a su mujer, despertó a todos.
Rafael Montes
04 noviembre 2014 11:51 Última actualización 04 noviembre 2014 11:52
José Luis Abarca

Esta es la casa donde se escondió el exalcalde de Iguala, José Luis Abarca y su esposa, María de los Ángeles Pineda. (Edgar López)

CIUDAD DE MÉXICO. Fueron los golpes en el zaguán metálico de la casa de enfrente, a las 3:30 horas de la madrugada, los que despertaron a la señora "Lupita" (su nombre es ficticio por seguridad), en la colonia Santa María Aztahuacán, en Iztapalapa. Era tal el escándalo que parecía que querían tirar la puerta. Creyeron que alguien había fallecido ahí.

Entonces, la señora y su esposo se asomaron por la ventana de la planta alta y encontraron un escenario que nunca se hubieran imaginado. La calle Jalisco, que desemboca en la calzada Ermita Iztapalapa, a un costado de la Vocacional 7 del Instituto Politécnico Nacional, estaba bloqueada por patrullas con las torretas encendidas.

Había policías con los rostros cubiertos y agentes con camisa, sin corbata y sin saco, según platica la mujer.

Iban por José Luis Abarca, ex alcalde de Iguala, y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa, señalados como los autores intelectuales de la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en Guerrero.

Pero los que viven en la calle no se imaginaban que allí estuvieran escondidos. Los vecinos comentan que la calle Jalisco es tranquila. Antes no se había registrado una movilización policiaca de tal magnitud, pues reconocen que pasan pocas patrullas.

Para los vecinos, que la calle sea tranquila, significa eso, que no hay escándalos policíacos, aunque en la esquina de Jalisco y cerrada Jalisco, justo frente a la casa donde se escondieron los Abarca, es un punto común para que los jóvenes se junten para drogarse.

"Aquí se consume más activo y marihuana que leche y pan", dice un hombre mayor parado en la puerta de su casa, mientras en la zona reporteros y camarógrafos indagan sobre la rutina de la colonia. No hay un sólo policía, la casa que fue el escondite de los Abarca no tiene un sólo sello judicial. Hasta ahora, no se ve que nadie salga de ese inmueble.

Según las versiones de los vecinos, esa casa tiene espacio para unas tres familias.

Es una vivienda precaria, de fachada gris con zaguán blanco, con una habitación en la planta alta y con techo de lámina de asbesto. Es homogénea a las casas de la zona, no sobresalía hasta esta madrugada.

Allí vivía una mujer joven, de menos de 30 años, que salía frecuentemente a pasear a uno de sus perros. Pero las otras habitaciones, aparentemente estaban deshabitadas.

Es una casa que habitaba una pareja de señores mayores que ya fallecieron y que heredaron a su hija y que hace un tiempo que no viene, la cual, presuntamente, renta los cuartos.

Sin embargo, otras versiones platican que ese inmueble fue adquirido por los dueños de la casa que está a dos lotes de distancia.
Esa casa sí sobresale en la calle, porque no tiene las características de precariedad como las que la rodean.

Es una residencia de al menos dos lotes, con paredes altas, de hasta cinco o seis metros, con tres cámaras de seguridad dirigidas hacia la calle y alarma contra robos, de puertas de madera, con interfon y tres medidores de electricidad y dos entradas para los tres o cuatro autos lujosos que poseen los dueños.

Los vecinos comentan que quienes viven allí son reservados, dos hermanos, hombre y mujer de alrededor de 45 años, con sus familias.
No forman parte de la comunidad de la colonia, la cual tiene muchos años de conocerse. Contrario a eso, los de la casa del número 33 de la calle Jalisco son nuevos. El predio era un terreno baldío hasta hace unos seis años, cuando llegaron a fincar.

La casa que levantaron sobresale por lo elegante de los acabados, porque adentro tienen numerosos árboles que rebasan la altura de la casa.

Los entrevistados refieren que los dueños se dedican al negocio de las grúas y al de ferreterías y otros negocios. "Son empresarios", asegura otro vecino.

A casi nueve horas de la detención de Abarca, la calle luce aparentemente tranquila. Sin policías, sin más movilización que la de los vecinos, alterados precisamente por la curiosidad de lo que está madrugada pasó en su calle entre las 3 y las 5 de la madrugada.

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