Los negocios del pastor Giroto
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Política

Los negocios del pastor Giroto

23/10/2013

 
José Antonio Gurrea C.
 
El hombre luce impecable. Atlético, delgado, porta una inmaculada camisa azul y un pantalón negro escrupulosamente planchado. Unos mocasines negros estilo italiano, una corbata negra de seda y unas mancuernillas de plata complementan el atuendo.
 

Su elegante presencia en ese pequeño salón de escasos 80 metros cuadrados ubicado en la colonia Portales desentona claramente. Hay polvo y suciedad por todos lados y en el ambiente flota un intenso aroma acre, como si las aguas negras que pasan por debajo de la ciudad se hubieran desbordado de pronto. El mobiliario del lugar consta de unas desvencijadas sillas de plástico y al frente hay una austera cruz de madera tosca y un pequeño teclado electrónico que esa tarde-noche nadie toca.
 

El hombre, de fuerte acento portugués, no llega a los 40 años, tiene la piel muy blanca, mide más de 1.80, y posee un cabello castaño claro cuidadosamente recortado y peinado, lo que contrasta notoriamente con quienes ese viernes de octubre lo rodean, se acercan a él con reverencia y le tocan o le besan las manos con profunda devoción…
 

Son alrededor de 50 personas, la mayor parte, mujeres mayores de 60 años; la mayoría, con notorias enfermedades a cuestas: hay quienes asisten en silla de ruedas o en muletas; unos más que cojean, o que reflejan en el rostro sus múltiples males crónicos o quizá terminales.
 

Pero hay otro denominador común: muy lejos del porte del extranjero de sonrisa sempiterna, que responde al nombre de Helio Giroto Colome, aquí abundan los obesos, los contrahechos, los jorobados, los desaliñados que cubren sus maltratadas humanidades con ropa raída, con vestimentas ya descoloridas de tantas lavadas...
 

Sin embargo, aunque hay mucho cansancio en esos cuerpos, cada vez que el extranjero habla con ese tono, con esa retórica que utilizan todos aquellos predicadores que aparecen a altas horas de la madrugada en los canales de paga, los rostros se iluminan. Es como si de pronto apareciera un resquicio de esperanza de que en ese lugar hallarán por fin la felicidad siempre postergada.
 

Por eso, cuando el individuo, quien se dice misionero de la “iglesia” de México para Cristo, lo ordena, los presentes sacan energías de quién sabe dónde y extienden los brazos hacia el cielo mientras gritan desaforadamente con los ojos cerrados, como si estuvieran en trance: “hemos pecado, no lo queremos hacer más… perdónanos Cristo”…

Milagrosas curaciones
Más tarde, entre jaculatorias, cantos y sermones, el individuo de origen brasileño invita a quienes esa noche se congregan a que narren cómo ha cambiado el rumbo de su vida desde que son fieles de México para Cristo.
 

Las narraciones comienzan a desgranarse: hay testimonios de personas que supuestamente dejaron las drogas, de adictos al sexo que se contuvieron ante la mayor de las tentaciones, de homosexuales que presuntamente dejaron de serlo, de jorobados que recuperaron la verticalidad, de enfermos de cáncer que se curaron sin necesidad de quimioterapias.
 

Crecen las sospechas de que el salón se encuentra lleno de paleros.
 

Entre testimonio y testimonio, Giroto demanda aplausos, habla del “poder de Cristo”, y pide a la gente que ore y cante.
 

De pronto, al terminar el quinto testimonio ordena a los presentes que saquen de sus bolsillos las llaves de sus casas y que las sumerjan en un recipiente de supuesta agua bendita colocado al frente, junto a la cruz de madera tosca. “Así evitarán que el demonio entre a sus hogares”, argumenta.
 

El predicador llama a formar una sola fila y al lado del recipiente coloca una Biblia abierta, pero antes de que el primer fiel pase a sumergir sus llaves, suelta:
 

“Hermanos, tienen que ayudarme a seguir con la misión de Cristo en este país… hay que pagar la luz, hay que pagar renta, hay que pagar el agua potable, pero, sobre todo, lo más importante, a partir de la próxima semana voy a comenzar a ir a los estados a evangelizar. Porque México está mal… está mal en lo económico, en lo social, en lo político… está mal hasta en el futbol, pero está mal porque se ha alejado del Dios verdadero, del Dios vivo, del Dios de poder.
 

“Entre más pronto evangelicemos a México más pronto saldremos de los problemas… esa es la misión que me encomendó Cristo: salvar a México, pero para eso necesito su ayuda… Les pido, en nombre de Cristo nuestro salvador, que pongan su ayuda entre las páginas del libro sagrado.”
 

Los asistentes pasan a “purificar” sus llaves” y al terminar el rito, pese a su evidente pobreza, sacan algunos billetes de sus bolsillos y los colocan entre las páginas de la Biblia estratégicamente colocada.
 

“Qué así sea, qué así sea”, exclama Helio Giroto visiblemente emocionado cada que alguien coloca un billete.
 

Menos de cinco minutos después, las páginas de la Biblia se encuentran llenas de billetes: los hay de 20 y 50, pero también de 100 y 200 pesos… el hombre de fuerte acento portugués, toma el dinero, lo mete en una bolsa de lona y ordena a todos tomarse de las manos, cerrar los ojos y orar:
 

“En el nombre de Jesús, pido perdón a mi nombre y de mis antepasados por nuestros pecados. También pido al Señor, que se rompan todas las maldiciones de la línea de mi familia, todas las maldiciones sobre mí, mi pareja y todas las generaciones futuras…”