Política

Hospitales: Focos de infección

10 febrero 2014 5:6 Última actualización 23 julio 2013 5:31

[Cuartoscuro]


 
 
 
Rosalía Servín Magaña
 

Fue hace 2 años, pero Alejandra lo recuerda como si hubiera sido ayer… “Llegué a un hospital público de salud con un fuerte dolor estomacal, resultaron ser cálculos en las vías biliares y me tuvieron que hospitalizar.
 
 
“Días después me retiraron más de 10 piedras vía endoscopia y con poca anestesia, pues tenía la presión baja. “Fue muy doloroso para mí y me sentía muy mal; de hecho, al día siguiente que me quise parar, no podía ya respirar y me desvanecí sobre la cama.”
 
 
Luego de varios días de oxígeno y medicamentos para ayudar a sus pulmones a respirar, Alejandra empeoraba cada vez más. Fue entonces que los médicos le informaron que se había contagiado de una neumonía intrahospitalaria muy resistente.
 
Siguieron largas horas de fiebre, taquicardías, traslados de hospital, así como análisis clíncos a granel, un arsenal de antibióticos y otros medicamentos. Finalmente, después de varias semanas de sufrimiento, la fiebre cedió y la dieron de alta bajo el diagnóstico de neumonía nosocomial.
 

Las infecciones nosocomiales (IN) son hoy un problema de salud pública en México. Las estimaciones señalan que su prevalencia puede llegar hasta 21% de los casos de hospitalización, e incluso hasta más de 23% en unidades de cuidados intensivos.
 
 
Estas cifras de prevalencia duplican o triplican los estándares internacionales.
 
 
Informes revelan que en los países desarrollados entre 5 y 10% de los hospitalizados adquieren por lo menos un episodio de infección durante su estancia en un nosocomio.
En Europa se calcula que alrededor de 3.2 millones de personas se ven afectadas por una infección intrahospitalaria cada año, pero la incidencia es notoriamente menor que en México.
 

Por ejemplo, las estimaciones van desde 10.8% en Portugal, hasta 2.3 en Letonia, pasando por una media de 6% en Inglaterra, de 7.1 en Bélgica o de 8.2% en España.
 
 
En Estados Unidos, las cifran oscilan en alrededor de 4.5%, lo que corresponde a 9.3 infecciones por cada 1,000 pacientes/día, es decir a 1.7 millones de enfermos y 80,000 muertes al año.
 
 
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la tasa de infección entre los enfermos hospitalizados no debe ser mayor al siete por ciento, porque una tasa elevada atribuible a infecciones intrahospitalarias prolonga la hospitalización de 5 a 10 días en promedio.
 
 

Pero en los países en desarrollo, el riesgo de infección relacionada con la atención sanitaria es de 2 a 20 veces mayor que en los desarrollados, aunque en algunas naciones la proporción de pacientes afectados puede superar 25%.
 
 

En México, señala la OMS, se calculan 450,000 casos de infección relacionada con la atención sanitaria (cuyo costo de atención anual se aproxima a los 1,500 millones de dólares), que causan 32 muertes por cada 100,000 habitantes por año.
 
 
La neumonía se registra como la infección más común (39.7%), seguida de la infección urinaria (20.5%), la de herida quirúrgica (13.3%) y la del torrente sanguíneo (7.3%), y se estima que la mortalidad asociada a las mismas es de 25.5%.
 
 

Datos de un estudio hecho en 2011 por el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, titulado Medición de la prevalencia de infecciones nosocomiales en 54 hospitales generales de las principales instituciones públicas de salud, muestra que la prevalencia de IN fue de 21%, lo que prácticamente triplica los estándares internacionales.
 
 

“Entre los 4,274 pacientes estudiados, en 914 se registró por lo menos una infección nosocomial, para una prevalencia puntual de 21 por 100 pacientes hospitalizados, no encontrándose diferencias estadísticamente significativas entre instituciones”, señala la investigación.
 
 
La infección detectada con mayor frecuencia en todas las instituciones fue la neumonía, con 335 casos (33%), seguida de infección de vías urinarias en 248 casos (24.6%). Aunque en términos porcentuales, las infecciones de vías urinarias fueron más frecuentes en los hospitales del IMSS, mientras que las bacteriemias (presencia de bacterias en la sangre) tuvieron un mayor peso en los de Salud.
 
 
En dicha investigación los autores advierten de carencias de medidas básicas de bioseguridad por parte de los mismos trabajadores de salud, el uso de implementos y suministros obsoletos, así como inadecuados niveles de cloración del agua, como algunos de los factores que fomentan este tipo de afecciones.
 
 
“Resulta injustificable el que solamente 2 hospitales de la muestra tuviesen niveles adecuados de cloración del agua en las áreas clínicas, por lo que deben de tomarse las acciones pertinentes de manera urgente para garantizar la potabilidad del agua en los hospitales generales. Esta medida es el pilar para garantizar programas de higiene de manos y reducción de IN”, enfatiza el documento.
 
 

Entre otros hallazgos, según este reporte, está la tasa de contaminación de infusiones parenterales (vía inyecciones) en menores de 2 años.
 
 
De acuerdo con Adrián Camacho Ortiz, coordinador de Epidemiología Intrahospitalaria del Hospital Universitario José E. González en Monterrey ,Nuevo León, son muchas las fallas que causan las IN, pero la mayoría de ellas se deben al personal de salud, ya sea por la poca higiene o por los aparatos que se usan.
 
 

“Es una conciencia colectiva que se debe trabajar para que el personal haga las medidas correctivas --la principal la higiene de manos-- y medidas adyuvantes para evitar la transmisión”, sostiene el infectólogo, para quien otra de las cosas que fallan en esta cadena de contagio es el sobrecupo de hospitales públicos, el número reducido de personal y el insuficiente abasto de insumos.
 
 

El análisis concluye que mientras no existan programas educativos y de sensibilización continuos y a largo plazo para todos los trabajadores de la salud, el desarrollo de políticas y la provisión de insumos, no se superarán las barreras de comportamiento que favorece la transmisión de IN.
 
 
Para Héctor Villarreal, director general del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), entre las posibles causas de esta alta incidencia de IN señala la caída de 34.27 por ciento en el gasto de inversión en el sector salud entre 2011 y 2013.
 
 
Este investigador agrega, como otros posibles detonantes, la expansión acelerada del sistema de salud, el desvío de recursos en las clínicas estatales y el cruce de sistemas (IMSS,ISSSTE, Salud), “lo que provoca que las responsabilidades se vayan haciendo borrosas”.
 
 

El Financiero solicitó una entrevista con la Asociación Mexicana para el Estudio de IN, para conocer su opinión, pero nunca obtuvo una respuesta.
 
 

Pérdidas económicas



Pero los problemas asociados a las IN no son únicamente del ámbito clínico, pues la carga económica que éstas generan es otra de las grandes complejidades, debido a que condicionan altas tasas de morbilidad y mortalidad.
 
 

De acuerdo con un estudio realizado por los investigadores Rocío Arreguín Nava, Ricardo González González y Alethse De la Torre Rosas, del INCMNSZ, en México se ha reportado que el costo promedio por episodio de IN es de 8, 990 dólares.
 
 

Y aunque otros estudios estiman que el costo promedio de atención de un caso es de aproximadamente 4,200 dólares, si se considera que tan sólo en 2009 la Red Hospitalaria de Vigilancia Epidemiológica, registró 37,258 casos de IN, esto implicaría que se gastaron alrededor de 160 millones de dólares en ese año.
 
 
Esta cifra representa casi un dos por ciento del presupuesto total asignado a la Secretaría de Salud para 2012 y 96% del rubro asignado para gastos de operación en unidades médicas.
 
 

Esto indica que, para cubrir los gastos generados ante un caso de IN, los hospitales se ven obligados la mayoría de las veces a utilizar recursos que han sido asignados para otros fines. El documento también resalta que cerca de una tercera parte de los casos de IN puede ser prevenida con la introducción de la higienización de manos, mientras que otra gran proporción se puede prevenir con el cuidado adecuado de los dispositivos invasivos, lo que permitiría un ahorro de 500 millones de dólares al año en México.
 
 

Un programa de promoción de higienización de manos en un hospital de 2,600 camas costaría 57,000 dólares. Calculando la inversión requerida por paciente hospitalizado, ésta sería sólo de un dólar con 42 centavos.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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