Política

Circo invisible: trabajadores tras bambalinas

10 febrero 2014 4:18 Última actualización 24 octubre 2013 5:2

 [EL FINANCIERO conversa con quienes tras bambalinas hacen posible que este espectáculo siga vigente / Cuartoscuro]


 
Rosalía Servín Magaña
 

“¡Señoras y señores, niñas y niños, con ustedes el legendario circo Atayde hermanos!”
 

Así es como da inicio la función: luces, sonido, aparatos, artistas y hasta animales están listos para el show. Sin embargo, éste no comienza aquí, pues muchas son las personas involucradas --y más todavía las historias de vida que los acompañan-- para que el circo, considerado uno de los espectáculos de mayor tradición popular, pueda disfrutarse.
 

Todo inicia con Héctor Monje, un hombre que lleva 35 años de historia en este circo y en cuyas manos está la responsabilidad de levantar la carpa.
 

“Desempeño la labor del montaje del circo, tengo a mi cargo diez personas, quienes paramos y tumbamos el circo”, comenta este hombre quien admite el gran cambio que ha representado para él la innovación tecnológica.
 

Recuerda que anteriormente todo era más complicado, porque todo se hacía “a mano”, con mástiles, marros y materiales más sencillos que debían “amarrar” fuertemente para evitar accidentes, lo que les llevaba entre dos y tres días terminar.
 

“Ahora todo es más sofisticado, traemos torres y montacargas que clavan a presión estacas de 1.50 o 2 metros. Y antes bajábamos la lona a mano y la cargábamos, ahorita todo cae sobre una plataforma, de manera que lo que antes nos llevaba días, hoy lo conseguimos en uno solo”, indica Monje.
 

Para ello contratan entre 15 y 20 personas que ayudan en este proceso, que concluye con la colocación de butacas y escenario, entre otros elementos, proceso que les toma un día más.
 

“En dos días queda todo armado”, asegura este hombre originario de Chihuahua, quien recuerda cómo partió de su tierra por el ambiente circense.
 

“El circo siempre me gustó y cuando lo conocí de cerca me fui con él. Empecé desde abajo, como vendedor y algunos otros trabajos propios del circo como parar sillas, palcos y poco a poco me fui involucrando en la carpa, de modo que luego fui el segundo carpista, hasta que hace unos tres años, por la enfermedad del titular, me convertí en el jefe de montaje”, señala.
 

Pero a don Héctor lo mismo se le puede ver moviendo aparatos, que jalando animales, limpiando la pista, vendiendo fotos o ayudando a los payasos.
 

“Yo soy todólogo, me gusta el trabajo y en donde me necesiten yo estoy”, afirma este hombre de 54 años de edad, quien en ésta carpa ha pasado por cosas, “buenas y no tan buenas”, pero de las que siempre aprende algo.
 

Una de las experiencias que más recuerda fue una ocasión en la que de gira por Sonora, se les vino una tormenta de arena.
 

“En sí para el circo las lluvias y los aires son terribles, nos tocó en Toluca y en Coahuila, pero la que no se me olvida fue cuando en Sonora se nos vino una tormenta de arena y traíamos mástiles en ese entonces. Fue una cosa impresionante y muy tremenda, al grado que tuvimos que bajar la carpa y lo peor es que era la hora de la función y la gente estaba a punto de entrar, tuvimos que suspenderla y volver a parar la carpa al siguiente día”, comenta.
 

En el circo no sólo conoció a su esposa (quien todavía funge como parte del personal administrativo), sino que ahí nacieron sus hijas, quienes representan su mayor satisfacción. “La más grande es licenciada en administración de empresas. Es un orgullo decirlo porque del circo sale para educar a los hijos y para tener nuestras cosas. Es un trabajo que a mí me gusta y me ha dado grandes satisfacciones. Puedo resumir que el circo es mi vida”, dice.

De la risa al asombro
Ahora la carpa está de pie, pero hay una labor previa, sin la cual no habría espectáculo que presentar, ese es el trabajo de Celeste, una mujer que forma parte de la cuarta generación Atayde, y quien funge como directora de mercadotecnia y producción ejecutiva.
 

“Yo soy la que me encargo de escoger actos para mostrárselos a los señores Atayde (que son los que deciden cuáles se quedan), de crear las producciones y los efectos especiales del show. También soy la responsable de la imagen que se va a dar a conocer a los medios, la publicidad y las promociones”, indica.
 

Una vez que tienen a los artistas contratados, ella, junto con el director de pista (Alberto Atayde, su papá), se sientan para armar el programa, de tal manera que el espectador tenga altas y bajas de emociones, para pasar de la risa, al asombro o el miedo.
 

Celeste es licenciada en administración de empresas, pero como parte de esta familia, también aprendió a estar en la pista, ya sea como domadora de animales o coreógrafa.
 

“En esta temporada no formo parte del espectáculo, pero desde niña aprendí el arte, pues tengo al mejor maestro que es mi padre”, asegura Celeste, quien recuerda que fue a los 13 años de edad cuando dio su primer show con elefantes.
 

Ahora Celeste tiene dos hijos: una chica de 14 años que en estos momentos tiene otros intereses fuera del circo, y un niño de ocho que, como buen Atayde tiene claro su futuro: malabarista de circo.

Música y luz, actores clave
Hay dos personajes más, sin los que el espectáculo circense no estaría completo, sus rostros siempre están ocultos, pero no así su trabajo, que es un protagonista más en la pista.
 

Se trata de Rey Jesús López y Juan Carlos Janneick Andrade, diseñador de iluminación y musicalizador del circo, respectivamente, quienes subrayan que 50 por ciento del show, depende de ellos.
 

“Es un trabajo que me gusta, pero hay una gran responsabilidad, si no hay música y luz, simplemente no hay actos”, admite Juan Carlos, un joven de 39 años que lleva ya una década trabajando para este circo, no sólo acompañando musicalmente los actos, sino los efectos de sonido.
 

Reproductores de CD, una consola de 16 canales, una computadora para efectos y un teclado de 48 teclas que se convierte en batería electrónica, son suficientes para lograr un buen acto, el cual debe aprenderse completamente al igual que la música que lo acompaña, algo que recuerda, fue parte de las cosas más difíciles cuando llegó al Atayde, que en ese entonces se presentaba en la Arena México.
 

“Siendo el primer día, desconocía su forma de trabajo, pues normalmente acudimos a estudios de grabación y mezclamos la música que se va a presentar; de pronto comenzaron a llegar los artistas a dejarme sus discos, yo sólo apuntaba en papelitos algunas indicaciones, pero el caso es que a la hora del show, tenía como 72 discos con algunas instrucciones que apunte en algún momento”, dice.
 

Aunque aún no entiende cómo, esa primer función salió perfecta, pero no tuvo la misma suerte en la segunda, donde se “chutó una falla” y puso la música equivocada a un grupo de artistas argentinos.
 

“Fue complicado, pero son gajes del oficio y por fortuna no me ha vuelto a pasar”, asegura Juan Carlos, quien dejó la contaduría pública por dedicarse a la música, con la cual encontró su forma de vida, primero como disc jockey en discotecas y después en el circo, un espectáculo tradicional que lamenta se esté perdiendo.
 

En ello coincide Rey Jesús, quien aunque llegó sólo para hacer un diseño de luces para una temporada de verano, lleva más de nueve años en el circo, un espectáculo que le resulta mágico y en el que cada actuación resulta muy especial, al menos es lo que él intenta hacer con su trabajo.
 

“Yo hago el diseño de luces de los actos, pues dependiendo del vestuario o la actividad, es el tipo de luz que pondré, para hacer lucir mejor al artista”, indica Rey, al admitir que no ha estado exento de errores.
 

Una de las experiencias que más recuerda en el circo, fue cuando un día se les fue la luz en pleno vuelo de los trapecistas, y aunque fue cuestión de segundos, le parecieron los más largos de su vida al considerar que los artistas estaban por lanzarse, algo que por fortuna no lograron hacer y no hubo nada qué lamentar.
 

Su vasta experiencia en TV y teatro, a la que ahora se suma el circo, le ha ayudado a entender que ante cualquier adversidad el espectáculo debe continuar, es por eso que ni las enfermedades ni el dolor corporal, le impiden hoy estar ahí, al centro de las butacas, desde donde está listo para lanzar su primer disparo de luces, anunciando que la función está por comenzar...
 
 
 
 
 
 
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